En recuerdo de Guillermo Cabrera Infante,
gran escritor y cinéfilo cubano, fallecido el 21 de febrero de 2005, lejos de La Habana
gran escritor y cinéfilo cubano, fallecido el 21 de febrero de 2005, lejos de La Habana
No concibo tarea escritora más ingrata que componer un obituario o una nota necrológica, una pieza de réquiem, a raíz del fallecimiento de una persona respetada, apreciada y aun querida. Mas, en la hora de la muerte de Guillermo Cabrera Infante me impongo el deber de rendir homenaje a un escritor eminente, a un intelectual cubano de su tiempo que vive y muere fuera de sitio por imposición, a un luchador por la libertad.
Y digo que es labor costosa e ingrata más que nada porque, en estos casos, debemos referirnos en tiempo pasado a los ahora difuntos, cuando desde lo más profundo de nuestra alma desearíamos que siguiesen existiendo y poder hablar con ellos y de ellos en tiempo presente, continuamente.
Existe otra clase de tremendos cruzamientos de instancias soberanas condenadas a entenderse. Sucede esto con las formas de pensar y hablar, con las maneras de cavilar y decir, con los modos de concebir y escribir. De esas odiseas saben más que nadie los que un día tuvieron que «transterrarse» por la fuerza a una nueva patria que no sólo habla con otro acento y cadencia, sino que, sencillamente, habla otra lengua. Ocurre que uno, por lo común, no llega a acostumbrarse jamás a manejarse con naturalidad en una lengua importada, segunda, extraña.

Puro humor caribeño afincado en los dominios intelectuales de la ironía y la paradoja. Al más genuino estilo Chesterton.
Nuestro hoy difunto escritor innova y conserva, inventa y recuerda, crea y destruye, mientras no para de escribir. Las palabras en sus manos se convierten en maravillas y artículos de magia: artista del retruécano, disfruta conjugándolas. Pero, en rigor, no juega con ellas. Nuestro diablo de las lenguas liga términos dispares con gracia y maestría, sin decir disparates, sabiendo elegir el término preciso con igual destreza y desparpajo en inglés y en español.
Aunque, ciertamente, en español siempre mejora los resultados. En 1985, este impenitente fumador de cigarros habanos —que le regalan: él no desea violar el embargo al régimen castrista en Cuba— publica en inglés la colección de ensayos Holly Smoke. Notable título. En 2000, no obstante, llega a las librerías la versión española. Titula el libro Puro humo. ¿Puede mejorarse todavía más el genio y el ingenio?
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Caricatura de Fernando Vicente |
Amante del cine americano, del cine por excelencia, intima con las movie stars, imita a sus héroes del celuloide. Suspirando por parecerse a sus actores favoritos, Guillermo Cabrera Infante actúa cual sosias de Edward G. Robinson. Lo tiene así más fácil que duplicar, por ejemplo, a Glark Gable o a Gary Cooper. En Cuba, las salas de cine han cerrado por defunción de doña Libertad. Y él necesitaba una ración diaria de películas. Arcadia todas las noches. Tiene que elegir. Londres o La Habana. Mostaza o mordaza. Cine o sordina. Caín o Babel.
Guillermo Cabrera Infante siempre eligió la libertad.
Bonitas palabras en memoria de Cabrera Infante, sin duda un hombre que amaba el cine.
ResponderEliminarDe su obra sólo conozco "Cine o sardina" un libro brillante y muy entrañable.
¿Entre los libros que comentas algún otro título imprescindible?
Gracias y un saludo.
Bonito epitafio, David, dedicado al maestro: el hombre que amaba el cine.
ResponderEliminarLa verdad es que toda la obra de Cabrera Infante está iluminada por los focos del cine, con múltiples referencias, citas y anécdotas. Sus libros dedicados, expresamente, a la crítica cinematográfica son, además del ya citado, "Un oficio del siglo XX" y "Arcadia todas las noches". Para amantes del cine y la literatura. Ambos imprescindibles.
Salucines.