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lunes, 30 de mayo de 2011

HITCHCOCK: CONFESIONES EN LA COLINA



 Alfred Hitchcock pertenece a la categoría de cineastas preocupados por la escritura —o mejor, la caligrafía cinematográfica. Esto es, por el cuidado minucioso de la puesta en escena, la planificación escénica y el encuadre fotográfico, por el ejercicio de estilo y el metalenguaje fílmico.
Repasaba con la mayor atención los diálogos de los guiones que llegaban a su mesa de trabajo, a fin de ajustarlos a la composición de las secuencias a rodar. Obligaba a los actores (se refería a ellos con la expresión «ganado») a recitar sus diálogos tal y como estaban escritos en el guión. Ni una palabra de más ni de menos. Pero, lo que a Hitchcock interesaba, por encima de todo, era hacer hablar a la cámara.
A diferencia de otros directores —incluso, grandes directores— con un sentido funcional y casi invisible de la mise en scène, reacios a toda forma de experimentalismo, austeros en el fondo y la forma, para quienes hasta un leve travelling se les antojaba una extravagancia, a diferencia de estos realizadores sobrios, Hitchcock destaca como un virtuoso de la escritura cinematográfica.
Comoquiera que todo estilo, marcado y bien definido, suele tener unas constantes y unos rasgos recurrentes, repararemos a continuación en uno de estos escenarios que el maestro del suspense gustaba recrear y frecuentar. Y no con una finalidad estética o decorativa, sino al objeto de situar determinado motivo o situación en su correspondiente lugar.
En este caso: la cima de la colina como espacio «ideal» donde los personajes revelan al espectador su auténtico ser y carácter.
Al menos en tres de sus filmes, que yo recuerde, apreciamos esta circunstancia.



Sospecha (Suspicion, 1941)

Tras el éxito de Rebeca (Rebeca, 1940), Hitchcock rueda la película Sospecha, filme que, en gran medida pretende repetir el modelo anterior, sin mucho fortuna, a mi parecer. He aquí, en resumen, el argumento.Tras un breve encuentro, y un primer rechazo, con un joven, un galante galán, con toda la apariencia de gigoló, John Aysgarth (Cary Grant), acaba casándose con la joven reticente, Lina McLaidlaw (Joan Fontaine), con el perfil de solterona heredera. La muchacha, tímida, insegura y suspicaz, prevenida por su padre, todavía más receloso que ella, incuba la creencia de que su marido planea asesinarla y quedarse con su fortuna.


La escena en que el encanto del seductor don Juan derriba las defensas de la recelosa doña Catalina encuentra su sitio perfecto en lo alto de un cerro. Y, como es habitual en la narrativa de Hitchcock, proporciona valiosa información al espectador de aquello que los personajes desconocen; en este caso, que el marido sí ama a la esposa. Atendamos a una parte del diálogo:




John Aysgarth (Cary Grant): ¿Qué creyó que iba a hacer? ¿Matarla? Sólo eso justificaría que se defendiera de ese modo.
Lina MacKinlaw (Joan Fontaine): Déjeme ya.
John: Creyó que iba a besarla, ¿no es cierto? ¿No lo es?
Lina: Claro que no.
John: Solamente quería arreglarle el pelo.




 
Los pájaros (The Birds, 1963)




Con Los Pájaros, Hitchcock logra cuajar uno de sus mejores realizaciones. ¿Qué buen aficionado al cine no ha visionado la película? Tejiendo la ceremonia de la seducción, la frívola e inmadura Melanie Daniels (Tippi Hedren) revolotea alrededor del abogado Mitch Brenner (Rod Taylor).  De aspecto serio, muy hogareño y con síntomas de no haber superado el complejo de Edipo, desea regalarle un periquito a su pecosa y un tanto repelente hermanita para el cumpleaños feliz (tal vez, demasiada diferencia de edad entre ambos). Como el pájaro se le escapa a la gatita, Melanie va tras Mitch, a Bahía Bodega, donde reside la mamá de éste.

Melanie es rica y famosa, sale en la prensa rosa a causa de sus devaneos y escándalos. Mitch se hace el duro, mientras la madre se pone celosa. Ambos van aflojando amarras, las naves se aproximan entre sí, favoreciendo el feliz abordaje. Finalmente, acaban mostrándose cómo son en realidad, no a lo que juegan ser.
La escena clave ocurre en lo alto de un montículo, y contiene este momento del diálogo:


Mitch Brenner (Rod Taylor): Lo de Roma...
Melanie Daniels (Tippi Hedren): Aquel verano me lo pasé... Era muy fácil perder la cabeza allí. Cuando volví, pensé que tenía que centrarme otra vez. Así que, de lunes a jueves, me mantengo ocupada.
Mitch: ¿Y los viernes?
Melanie: Los tengo libres. Algunos viernes visito pajarerías.


Cortina rasgada (Torn Courtain, 1966)



Una de las últimas grandes películas de Hitchcock, Cortina rasgada está ambientada en la antigua Alemania oriental durante la Guerra Fría. Michael Amstrong (Paul Newman) es un físico nuclear norteamericano que desea contactar con un colega que trabaja tras el Telón de Acero, quien investiga en un campo científico próximo al suyo. Paul Newman, muy sobrio y contenido, cuaja aquí, a mi juicio, uno de los mejores trabajos de su carrera. Y es que Hitchcock sabía contener, como ningún otro, a los actores especialmente inclinados a la sobreactuación o incluso al histrionismo, como era su caso. O el de Cary Grant, entre otros.
Amstrong viaja a Berlín Este acompañado por su novia y secretaria Sarah Sherman (Julie Andrews, hermosa y muy convincente en su papel). En un momento concreto de la trama, Amstrong simula pasarse a los comunistas para agilizar así el acercamiento a su colega alemán y conseguir una información sensible, susceptible de caer en manos de la Unión Soviética. Para darle mayor verosimilitud a la —en realidad, falsa— traición, Sarah debe quedar al margen de la farsa. La muchacha, herida como mujer enamorada y como ciudadana estadounidense, se resiste a aceptar las apariencias. Mas la actuación de Michael Amstrong/Paul Newman es tan persuasiva que todo indica que la felonía es auténtica. La tensión dramática de la intriga de espías, es combinada magistralmente con la tensión emocional de la pareja. Especialmente, porque el espectador siempre sabe más que el personaje.


Finalmente, Michael revela a Sarah la verdad. En la escena de confesión en la colina no mandan los diálogos sino los silencios. La revelación de Michael Amstrong (Paul Newman) a Sarah Sherman (Julie Andrews) la presenciamos, no la escuchamos. El plano muestra a distancia el encuentro decisivo entre ambos. Los movimientos de ambos indican el avance del develamiento. Hasta que un primer plano luminoso de Sarah nos indica que, finalmente, conoce la realidad de los hechos. Junto a un grupo de paisanos, logran huir de la Alemania comunista. Las cortinas han sido rasgadas. Cae el telón.
La cima de la colina, el cielo despejado, el batir del viento. Los personajes de Hitchcock a corazón abierto.


20 comentarios:

  1. Está claro que Hitchcock dominaba como nadie ese "otro lenguaje", tan necesario, pero a la vez tan olvidado por otros directores y, cómo no, por muchos espectadores que no saben ver más allá de lo que se escucha ni escuchar más allá de lo que se ve.

    Muy buen análisis!

    "Salucines!

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  2. Está claro, era un genio. Y un innovador. A mi, en esta faceta me impresiona la secuencia de Psicosis en la que Martin Balsam cae por las escaleras y la cámara lo acompaña en su caida. Se esmeraba en cadad detalle, como bien dices. Buen post y genial descripción del cineasta.

    Tengo un amigo que le gusta mucho sospecha,de hecho te tiraría un tiesto a la cabeza, aunque yo me sospecho que no ha visto Rebecca.
    Un saludo.

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  3. Muy sagaz tu constatación del "alto de la colina". Me resulta muy interesante la escena de la cortina rasgada, en la que en la distancia el espectador va intuyendo el acercamiento entre ellos y el desvelamiento del secreto.¡ Es magistral, pero claro estamos hablando del mago del suspense, el gran Hitchcock!
    Muy buena entrada.
    Un saludo

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  4. Ese "otro lenguaje", deWitt, al que te refieres es, ni más ni menos, que el lenguaje cinematográfico. Por eso quien no lo "codifica" ni interpreta, bastante de lo que ve en el cine sólo lo "ve", y mucho se le escapa. Asimismo, no poco de lo que escucha le suena a chino... Como ocurre con el resto de los lenguajes artísticos, por lo demás. Y con las lenguas.

    Hitchcock dominaba el lenguaje cinematográfica con maestría. De eso no cabe duda.

    Salucines

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  5. Emilio: mientras contienes a tu amigo al del tiesto, te diré que sobre Hitchcock hay publicados varios cientos de textos. Tal es la riqueza de su cine y su caligrafía. Esa es una de las razones por la que nunca nos cansamos de visionar sus películas.

    Don Alfredo siempre fue un niño grande (muy grande) jugando al cine. Y hacía verdaderas maravillas con la cámara.

    Salucines

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  6. Estoy de acuerdo, Cristina, en que de las tres escenas examinadas, la de "Cortina rasgada" es la más lograda, las más exquisita. Realmente, emocionante. Puro suspense. El primer plano de Julia Andrews tras descubrir la verdad, que sigue a la imagen distante, es deslumbrante. Casi de éxtasis místico. Hitchcock, buen católico, conocía bien la imaginería de tallas y pinturas en el arte.

    Salucines

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  7. Creo que al maestro le gustaban las alturas. A parte de las que nombras, también podemos encontrar acantilados (Rebeca), grandes montes( Con la muerte en los talones), tejados y campanarios(Vértigo)... sin embargo pienso que utilizaba menos los lugares de poca altura... quizás porque ¿nos dan menos miedo?
    Saludos.

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  8. Y no olvides, Manderly, la tenebrosa casa sobre la colina en "Psicosis",la Estatua de la Libertad en "Sabotaje"...

    Y es que el señor Hitchcok, en efecto, era un cineasta de altura.

    Salucines

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  9. La última sobre todo: una lección de cómo implicar al espectador para que éste ponga su propio diálogo.
    Saludos!

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  10. Siempre aprendemos cosas nuevas de los antiguos maestros, amigo Fernando, y del maestro inglés muchísimo más.
    Hay que detenerse una y otra vez en cada una de sus películas, incluso en las menos "valoradas", como "Cortina rasgada"...por cierto me has dado motivo para volver sobre ella y la siguiente: "Topaz", una de las menos nombradas.
    Un abrazote.

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  11. Así es, Ethan. La escena de "Cortina rasgada" resume muy bien la esencia del suspense según Hitchcock: el espectador tiene más información de la acción que los propios personajes. Asimismo, encontramos aquí un buen ejemplo de cómo la narrativa madurada durante la etapa silente del cine impacta en grandes directores que dieron el paso al sonoro. Ford, Lubitsch y Hitchcock sintetizaron a la perfección ambos lenguajes.

    Salucines

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  12. Como ya he señalado en el post, amigo Anro, "Cortina rasgada" es, a mi juicio, la última gran película de Hitchcock. Las tres que le siguen —"Topaz", "Frenesí" y "La trama" (Family Plot)—, partiendo de buenos argumentos y muy bien filmados, pierden mucho por culpa del reparto. Hitchcock siguió dirigiendo a las mil maravillas hasta el último día, pero, ay, los actores y actrices ya no estaban al nivel necesario.

    Salucines

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  13. Hitchcock es un mundo interminable de goce, ver su filmografía es perderse en medio de un cine inteligente, simple en la complejidad, perfeccionista, entretenido, fantástico. Cada una de sus obras es un deliete del suspenso, entiendo que manejaba a milímetro cada parte de sus películas pero era tan sabio que se rodeaba de verdaderos talentos. Un abrazo.

    Mario.

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  14. Muy de acuerdo con tu último comentario, Fernando (ay, no recuerdo si moderabas los comentarios)... donde citas como última gran película "Cortina rasgada".

    En cuanto al detalle del montículo, o como se viene diciendo, su amor por las alturas, es algo que no se me ha escapado pero nunca lo asocié a su aspecto "revelador". De las tres que mencionas, la última es la mejor aprovechada, porque además hace hablar al silencio.

    Saludos

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  15. Bienvenido, Mario, a Cinema Genovés.

    Bien dices: el cine de Hitchcock es todo un mundo. Y, además, un ejemplo perfecto de cómo lo comercial... no quita lo valiente, ni lo arriegado, ni lo genial. Pocos directores han sido tan populares y taquilleros como Hitchcock. Pocos, igualmente, tan creativos y tan "experimentales", en el buen sentido del término.

    Salucines

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  16. Pues, Gourmet, además del "significante" de la colina como escenario "ideal" en el que los personajes confiesan sus emociones y auténticos estados de ánimo, creo percibir otras constantes estilísticas en la obra de Hitchcock. Además de la coreografía de los besos, bastante estudiada, hay otras. Daré una pista: los planos del protagonista "cogido" de espaldas (o mejor, de nuca) mientras dice su diálogo, supuestamente sincero y declarativo.

    Tal vez en otro momento tratemos el asunto en nuestra sección «Montaje paralelo». Próximanente en Cinema Genovés.

    Salucines

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  17. Pues sí, hay algo platónico en sus planteamientos. Más que buscar diversos escenarios, busca "el escenario". Y algo de esto hay en "la belleza" de sus actrices.

    Saludos

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  18. Mando un segundo comentario, que no hace falta que publiques, pero es que me ha parecido graciosísimo que en las letras de verificación, usualmente un sinsentido, apareciera el nombre de scorsese. Si hubiera aparecido hitchcock o truffaut me hubiera acojonado, en serio.

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  19. Ocurre, Gourmet, que en todos los órdenes de la cultura contemporánea las ideas de grandeza y de perfección, simplemente, han declinado. El cine no ha sido una excepción. Y eso es lo que nos ocurre. Recordemos dos célebres ejemplos:

    1) El diálogo archiconocido en "El crepúsculo de los dioses":

    Joe Gillis.- Usted es Norma Desmond. Salía en las películas mudas. Usted fue grande.
    Norma Desmond.- "Soy" grande. Son las películas las que se han hecho pequeñas.

    Fíjate que en "Sunset Boulevard", junto a Gloria Swanson, Wilder "se despide" de Stroheim, de Cecil B. de Mille, de Buster Keaton y compañía. Es decir, del cine silente y clásico.

    2) Sentencia de Ernst Lubitsch: «Hay muchas maneras rodar un plano. Pero, en realidad, "sólo" una».

    Salucines

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  20. Fantásticas reflexiones. No recordaba esa cita de Lubitsch, magníficamente kantiana.

    Saludos

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