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viernes, 28 de abril de 2017

CASTA INVENCIBLE (1970)


Título original: Sometimes a Great Notion
Año: 1970
Duración: 113 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Paul Newman
Guión: John Gay, basado en la novela de Ken Kesey
Música: Henry Mancini
Fotografía: Richard Moore
Reparto: Paul Newman, Henry Fonda, Lee Remick, Michael Sarrazin, Linda Lawson, Richard Jaeckel, Cliff Potts
Producción: Universal


Cinema Genovés atiende y se esmera, especialmente, en reseñar y analizar films así como cineastas, sean directores, productores, guionistas, etcétera, que suelen ser olvidados, relegados, laminados, cuando no objetos/objetivos de una especie de “conspiración de silencio”, confinados en la reserva. He aquí el mismo aliento, por cierto, que me hizo concebir y dirigir el libro Hollywood revelado. Diez directores brillando en la penumbra (Ártica, 2012). Pero, esa es otra historia…

Película silenciada, ocultada bajo la alfombra, Casta invencible (Sometimes a Great Notion, 1970), es una magnífica película de la que apenas se habla o escribe. El caso es particularmente sorprendente porque se trata de un trabajo muy atractivo, amén de más que notable. Repárese, para empezar, en la destacada cabecera del reparto: Paul Newman, Henry Fonda, Lee Remick, Michael Sarrazin (actor éste muy popular en la “década prodigiosa”). 

En la dirección, el propio Paul Newman, realizando, a mi juicio, su mejor obra tras la cámara. Cuentan que Newman se hizo cargo de dicha tarea en sustitución de la persona inicialmente prevista. No puedo confirmar el dato. Sea como fuere, el célebre actor realiza un cometido muy meritorio, del que señalaré más adelante algunos de sus mejores momentos. La música, de corte country, está a cargo del compositor italiano Henry Mancini, como siempre, brillante.


El sólido guión está firmado por John Gay, respetado autor que intervino, entre otros largometrajes, en la escritura de Mesas separadas (Separate Tables, 1958. Delbert Mann), y que falleció recientemente. El guión de Casta invencible está basado en la novela, escrita por Ken Kesey, del mismo título, en el original: Sometimes a Great Notion (1964); que no pase desapercibido al lector/espectador el profundo significado del último término (Notion), que permite, con un simple cambio de vocal, fructíferas lecturas e interpretaciones en la frase. Estamos ante la segunda novela de Ken Kesey, inmediatamente después de publicar Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo's Nest, 1962), asunto llevado a la pantalla por Milos Forman, en esta ocasión con un abrumador éxito de crítica y público. A raíz de este libro, es común situar a Ken Kesey en el territorio de la Contracultura (especialidad, psicotrópicos y estimulantes potentes), si bien en Sometimes a Great Notion ofrece un fresco muy correcto y respetuoso del ámbito rural tradicional del noroeste americano, incluso con ponderado acento épico. Acerca de este interesante contraste trataré también al adentrarnos en el corazón del film.

La producción de esta espectacular cinta es responsabilidad de Newman-Foreman Company, la cual había tocado los cielos un año antes, en 1969, estrenando Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid. George Roy Hill), entre otras exitosas empresas cinematográficas. Casta invencible contó, en fin, con Universal Pictures para su distribución.



Con todo, que no es poco, apenas se habla de Casta invencible, película que proporcionó una discreta caja en la taquilla: compárese los beneficios de Dos hombres y un destino, más de 48 millones de dólares, con los discretos 4 millones de dólares recaudados por Casta invencible. Veamos, entonces, que tiene en su interior este film que pueda ocasionar semejante desafección o indiferencia.


En los frondosos parajes de Oregón, en una mansión junto al río, vive la familia Stamper. A la cabeza de la misma, Henry Stamper (un soberbio Henry Fonda), quien ha creado un negocio de tala de árboles, y posterior traslado por el río. El patriarca de los Stamper ha grabado en un corte de tronco de árbol (que preside la casa) y en la conciencia de sus vástagos, el lema de la familia: “Never give an inch”, que podría traducirse, para la ocasión, como “nunca des tu brazo a torcer”. He aquí una divisa portadora de un fuerte contenido simbólico, no exento de ironía: el personaje es presentado con el brazo izquierdo fracturado, enyesado y en cabestrillo, como consecuencia de un accidente laboral, y, posteriormente, el brazo derecho… sufrirá asimismo una grave lesión. La espléndida (diríase también, “ceremoniosa”) secuencia final ofrece el más explícito significado de dicha divisa (o, mejor, enseña).


Los hijos de Henry, Hank (Paul Newman) y Joe Ben “Jobi” (Richard Jaeckel), participan activamente tanto en la empresa maderera cuanto en el modo de vida y los hábitos domésticos de los Stamper. Por su parte, las respectivas esposas de éstos presentan perfiles muy distintos: Jan “Tila” (esposa de Joe Ben: Linda Lawson), madre de dos hijos, está perfectamente integrada en el clan, mientras que Viviane “Viv” (Lee Remick), casada con Hank, se muestra fuera de lugar: dio a luz un primer hijo muerto, a resultas de lo cual ha quedado estéril; se casó con Hank huyendo de casa de su tío, sheriff de Rocky Fork “un agujero en el fondo de Colorado” “o “un huerto de sandías”, descripciones de la localidad que puedan escucharse en el film—, “sujeta añade Viv en la parte de atrás de una moto verde”, la moto de Hank.





La casta de los Stamper se completa con Leland “Leo” (Michael Sarrazin), hijo bastardo de Henry, el cual, siendo muy joven, se fue de casa para iniciarse en el On the road, tan característico de la época, e intentar llevar su propia vida. Sin embargo, no tuvo fortuna en la aventura: intentó suicidarse, fue ingresado en un hospital, de la que salió sin pagar la cuenta, por falta de fondos.

Viv (Lee Remick): ¿Por qué abriste el gas?
Leo (Michael Sarrazin): Desde hacía un año, estaba en lo más bajo. Y ese día no había nadie.

¿Qué hacer, entonces? Volver a casa, con pelo largo, chaqueta militar y pantalones de campana. Tamaña apariencia, y unos cuantos años de más, dificulta ser reconocido por los parientes.

Viv y Leo representan el contrapunto (no necesariamente contracultural), la otra cara, del grupo familiar. Tienen sus confidencias en privado, o al menos no en presencia de los demás. En las comidas apenas intervienen en las conversaciones, hasta el punto de que el propio Leo, percatándose del silencio habitual de Viv, pregunta son sorna si las mujeres tienen prohibido hablar en la mesa.



No obstante, ambos son muy distintos: Viv se siente ajena y extraña en la casa, mientras que Leo, a pesar de su bastardía, aspira a seguir siendo uno más de la casta, comparte lazos de sangre y, a fin de cuentas, es parte del tronco familiar. He aquí un aspecto relevante que da cuenta de su distinta actitud ante el conflicto familia/comunidad vecinal y/o sindical desencadenado en la trama del film: mientras la muchacha reprocha a su marido Hank la terquedad de los Samper ante la huelga, el joven sale todos los días a trabajar con sus hermanos (y los pocos empleados que les son fieles); de hecho, a medida que avanza la historia, lo vemos cada vez más involucrado y comprometido con la suerte de la familia. Y he aquí el rasgo que definirá, finalmente, el rumbo de sus vidas en direcciones opuestas, fuera o dentro del clan.


El retorno del “hijo pródigo” coincide con el momento álgido de la bronca disputa que altera la vida de la comunidad en que habitan y trabajan los Stamper. Se ha declarado una huelga en el sector maderero, secundada por la mayor parte de la población, y el Sindicato del ramo presiona (hasta con amenazas de usar la violencia) a la familia Stamper para que secunde el paro general. Un alto representante sindical de la zona, arropado por un grupo de activistas locales, visita la vivienda de los Stamper y les hace una oferta… que no deberían rechazar.


Sencillamente, deben unirse a la huelga, dejar de trabajar (como hacen todos los días, excepto los domingos) y vender sus existencias almacenadas a aquellos compradores que les indique el Sindicato, y bajo las condiciones dictadas por sus dirigentes. Nada más que esto. Los Stamper rechazan sin vacilar semejante propuesta, sabedores de que con dicha actitud se enfrentan a unas circunstancias y unos vecinos hostiles, cuyo estallido puede llegar incluso a amputar y truncar miembros y existencias.

Casta invencible es una película de una impecable factura formal y narrativa. Las secuencias de exteriores —en particular, la tala de árboles y su traslado por el río— son rodadas con bravura y espectacularidad, en el marco formidable de los bosques de Oregón. Aciertan de lleno, en ese sentido, los responsables del film al construir el argumento y dirigir la acción en clave de western, permitiendo así que evolucionen con la solidez y consistencia que proporciona el ajustamiento a un género. La contienda entre la hacienda familiar y los grupos de presión, entre el individuo y la comunidad, el héroe individualista frente al poderoso corporativo, son temas inherentes al western. El traslado de los troncos sobre las aguas, conducidos por barcazas y motoras, por parte de los protagonistas, evoca sin reservas el acarreo de las reses por los cowboys a caballo. Etcétera.


Cabe señalar algunos momentos particularmente destacables, y que muestran que Newman se tomó este trabajo cinematográfico muy en serio. Quienes conocen la película no podrán olvidar jamás la secuencia del aparatoso accidente durante una de las talas, y que contiene situaciones de gran fuerza dramática; por ejemplo, los intentos desesperados de Hank por auxiliar a su hermano Jobi, que ha quedado atrapado por unos troncos en el río, mientras la marea va subiendo inexorablemente… Al tiempo que esto sucede, Leo conduce a su padre al hospital, con el brazo derecho malherido al caerle encima parte de un árbol astillado. Tras la emotiva agonía de Jobi y la visita a Harry en el hospital, Hank vuelve a casa y la encuentra vacía: la desolación y la amargura se han adueñado de un espacio otrora muy animado y bullicioso. Este instante fílmico resulta francamente conmovedor. La muerte, las heridas, el duelo, la deserción, han dejado momentáneamente consternado al ahora jefe de la familia.












Mas, a pesar de todo, lo que queda de los Samper no se rinde. Cuando Hank se recompone, sale al exterior de la mansión. Leo está sentado, en la otra orilla del río, esperando al hermano, aguardando instrucciones. Y, en fin, la escena final, rodada desde el aire, mostrando a los dos resistentes arrastrando la “manada” de troncos, a la vista de unos estupefactos vecinos que no acaban de creerse lo que están viendo, la gesta de dos hombres haciendo maniobrar sobre las aguas kilómetros de maderos, eleva la película a la categoría de soberbia. Término que unos entenderán como una alabanza y otros como una insolencia.



2 comentarios:

  1. ¡Cómo agradezco pasar por aquí y encontrarme con éste film de mi muy admirado Paul Newman ! Pero eso seguramente ya lo sabrás a poco que conozcas mi apartamento parisino.:D
    Has hecho una reseña estupenda y me ha servido para recordar la trama. Por lo visto Newman habia sufrido un aparatoso accidente de moto (pie escayolado incluido) en realidad a pocas semanas de empezar el rodaje.. imagino que eso, los exteriores,la acción y el doble trabajo de interpretar y dirigir fueron una prueba para él...desde luego que en el reparto contara con actores como Henry Fonda y Lee Remick (guapisima) entre otros, ayudaría.
    Dicen que por el enfrentamiento de la familia y los sindicatos algunos la tacharon de "reaccionaria". Yo creo que nada es blanco o negro..que hay que valorar todos los puntos de vista. Es la historia de una familia leñadora en un medio agreste y supongo que eso no es para "blandos". En fin,todo depende de la mirada de cada cual, o de qué lado estés en los conflictos.
    Imposible olvidar la escena del accidente, el dramatismo y la angustia..no diré más por si alguien no la ha visto. Merece la pena revisarla.

    Salucines, amigo Genovés

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    1. Tú también sabes cuánto agradezco tu amable comentario, amiga Abril. En efecto, se trata de una excelente película, silenciada, me temo, más por prejuicios (de todo tipo) que por motivos estrictamente cinematográficos. No la había vuelto a ver desde hacía años. El hacerme con una versión en Blu-Ray fue la ocasión para volver a ella, y me encantó de veras.

      Salucines

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