Páginas

lunes, 18 de noviembre de 2013

BEAU BRUMMELL (1954)


Título versión española: El árbitro de la elegancia
Año: 1954
Duración: 113 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Curtis Bernhardt
Guión: Karl Tunberg, badsado en la obra de Clyde Fitch
Música: Richard Addinsell
Fotografía: Oswald Morris
Reparto: Stewart Granger, Elizabeth Taylor, Peter Ustinov, Robert Morley, James Donald, James Hayter, Rosemary Harris
Producción: MGM

La reciente lectura del muy valioso libro de Bill Bryson, En casa. Una breve historia de la vida privada (2010), que incluye un interesante excurso sobre la influencia de George Brummell en la moda masculina del vestir y en el arte de la elegancia, me ha animado a revisionar el film que Curtis Bernhardt realizó sobre tan seductor personaje en 1954. Bernhardt es un director no muy conocido entre el público, pero con una estimable filmografía en su haber, entre cuyos títulos cabría destacar, además de Beau Brummell (1954), Siroco (Sirocco), con Humphrey Bogart, y La egoísta (Payment on Demand), con Bette Davis, ambas estrenadas en 1951. El biopic sobre el bello Brummell, además de ser muy recomendable, tiene un reparto de lujo no menos atractivo: Stewart Granger, Elizabeth Taylor, Peter Ustinov, Robert Morley.
Comoquiera que el film es muy fiel a los hechos, me permito citar el fragmento del ensayo de Bryson en el que compendia la vida del maestro del dandismo, sirviéndonos de escrupuloso resumen de la trama de la película.

«George "el Bello" Brummell […] vivió entre 1778 y 1840. Brummell no era rico, ni era tampoco un personaje de gran talento, ni dotado de un espléndido cerebro. Pero vestía mejor que nadie. Ni de forma más colorista ni con extravagancia, sino sencillamente con más cuidado y atención al detalle.

Retrato de George Brummell
 Brummell nació en circunstancias razonablemente privilegiadas, en Downing Street; su padre era asesor de confianza del primer ministro, lord North. Estudió en Eton y, por un breve tiempo, en Oxford, antes de pasar a ocupar un puesto militar en el regimiento del príncipe de Gales, el 10º de Húsares. Si tuvo alguna aptitud de mando en el campo de batalla, nunca llegó a demostrarlo, pues su función se limitó, básicamente, a lucir el uniforme y actuar como compañero y asistente del príncipe en reuniones formales. Como consecuencia de ello, acabó entablando amistad con el príncipe de Gales.

 Brummell vivía en Mayfair y su casa fue durante varios años el epicentro de uno de los rituales más inesperados de la historia de Londres, el de una procesión de hombres hechos y derechos de gran eminencia que se presentaban cada tarde en el domicilio para ver cómo se vestía. Entre los que acudían a su casa con regularidad estaba el príncipe de Gales, tres duques, un marqués, dos condes y el dramaturgo Richard Brinsley Sheridan. Se sentaban y observaban en respetuoso silencio el proceso diario de acicalamiento de Brummell, que se iniciaba con un baño. En general, resultaba sorprendente que se bañara a diario, “y todas y cada una de las partes de su cuerpo”, según añadió un testigo con especial asombro. Además, lo hacía en agua caliente. A veces le incorporaba leche, un detalle, no necesariamente afortunado, que se puso enseguida de moda. Pero cuando corrió la voz de que el marchito y tacaño marqués de Queensberry, que vivía en las proximidades, tenía también la costumbre de regalarse baños de leche, las ventas de dicho producto cayeron en picado en el barrio, pues empezó a rumorearse que el marqués devolvía la leche para revenderla después de haber inmerso en ella su ajada y decrépita piel.

El atuendo de los dandis era estudiadamente contenido. La vestimenta de Brummell estaba limitada casi por completo a tres sencillos colores: blanco, beige y negro azulado. Lo que distinguía a los dandis no era la riqueza de su plumaje sino el cuidado con que se acicalaban. Se trataba de conseguir una imagen magistral. Podían pasar horas para asegurarse de que todo pliegue y doblez fuera perfecto, inmejorable. En una ocasión, un visitante que llegó a casa de Brummell y se encontró el suelo lleno de corbatas, le preguntó qué sucedía a Robinson, su sufrido mayordomo. “Esto —respondió Robinson con un suspiro— no son más que nuestros fracasos.” Los dandis se vestían y volvían a vestir sin cesar. En un solo día solían utilizar tres camisas, dos pares de pantalones, cuatro o cinco corbatas, varios pares de calcetines y un pequeño surtido de pañuelos.
Caricatura de la época de George Brummell
 Parte de la moda venía dictada también por la corpulencia cada vez mayor del príncipe de Gales (o el “príncipe de las ballenas”, como se le apodaba de forma burlona a sus espaldas). Cuando llegó a los treinta, el príncipe estaba tan entrado en carnes que tenían que meterlo a la fuerza en un corsé —una “Bastilla de barbas de ballena”, según palabras de alguien que tuvo el privilegio de verlo— al que sus criados se referían con gran diplomacia como su “cinturón”. El corsé empujaba hacia arriba la grasa de la parte superior del cuerpo del príncipe, que acababa emergiendo por el cuello de la camisa, como cuando el dentífrico se sale del tubo, de tal modo que los cuellos altos que estaban de moda en su época hacían las veces de pequeño corsé adicional, diseñado para esconder su más que doble mentón y el blandengue entramado de su cuello.

 En el aspecto de la sastrería que más destacaron los dandis fue en el pantalón. Los pantalones solían llevarse tan ceñidos que quedaban como pintados sobre las piernas y resultaban reveladores al máximo, sobre todo teniendo en cuenta que se lucían sin ropa interior. La noche después de ver al conde d’Orsay, anotó Jane Carlyle en su diario, tal vez algo sofocada, que los pantalones del conde eran de «color piel y le sentaban como un guante». El estilo se basaba en los pantalones de montar del regimiento de Brummell. Las chaquetas llevaban faldones en la parte trasera y eran cortas por delante, enmarcando la entrepierna a la perfección. Era la primera vez en la historia que el vestuario de los hombres se diseñaba de forma consciente para que resultara más sexy que el de las damas.

 Por lo que parece Brummell pudo tener a cualquier dama que deseara, y también a muchos hombres, pero si se aprovechó o no de tal circunstancia es misteriosamente incierto. Las pruebas apuntan a que Brummell era asexual; se le desconoce cualquier relación, masculina o femenina, que implicara más trato que el meramente aural. Y resulta curioso que, siendo un hombre tan famoso por su aspecto, desconozcamos cómo era en realidad. Existen cuatro supuestos retratos de Brummell, pero difieren entre ellos de forma notable y es imposible saber cuál de ellos, si es que alguno lo hace, lo representa con fidelidad.

 La caída en desgracia de Brummell fue repentina e irreversible. Tuvo una disputa con el príncipe de Gales y dejaron de hablarse como consecuencia de ello. En un acto social, el príncipe ignoró con mordacidad a Brummell y se dirigió, en cambio, a la persona que lo acompañaba. Cuando el príncipe se retiró, Brummell se dirigió a su acompañante y realizó uno de los comentarios más desacertados de toda la historia social. “¿Quién es ese gordo amigo tuyo?”, le preguntó.

Un insulto de ese calibre equivalía a un suicidio social. Poco después, se vio abrumado por las deudas y tuvo que huir a Francia. Pasó los últimos veinticinco años de su vida inmerso en la pobreza, viviendo la mayor parte de ese tiempo en Calais, perdiendo la cabeza poco a poco pero sin perder jamás, dentro de su forma de vestir comedida y detallada, su sensacional porte.»

 

Stewart Granger da la medida perfecta de figura tan refinada a la vez que individuo mundano y un tanto cínico, aunque, sin duda, noble y leal, como fue Brummell. ¡Qué perfecto hubiese estado el actor inglés encarnando también en la pantalla a Giacomo Casanova! La réplica femenina la da Elizabeth Taylor en el momento de mayor esplendor de su belleza. La interpretación de la actriz de ojos color violeta es, asimismo, espléndida, si bien el papel que interpreta resulta un tanto secundario en la acción. 


La verdadera tensión dramática de la cinta se centra en la relación amistosa entre Beau Brummell y el Príncipe de Gales, interpretado por Peter Ustinov, quien no puede estar más soberbio en todos los sentidos de la expresión; superbo, diríase en italiano. Ambos son dos individuos superiores y, por tanto, orgullosos y altivos, vanidosos e incorregibles: uno Príncipe Regente, futuro Jorge IV; el otro, de origen plebeyo, con la inteligencia y la distinción como atributos con los que procurar sobrevivir y ascender en la escala social.


Los dos son, cada uno a su manera, víctimas de la época en la que viven. El Príncipe, es siervo de su condición real, a quien no dejan casarse con la mujer que ama (cuestión de Estado) ni comer siempre todo lo que desea (cuestión de volumen). El Dandi es un modelo de distinción y buen gusto, aunque la vestimenta del siglo XVIII, todavía vigente a comienzos del siglo XIX, le oprime y tiene criterios e ideas propias sobre cómo estar a la altura de los nuevos tiempos. 

En gran medida, Brummell favoreció el prototipo del vestir masculino durante buena parte del novecientos. Uno y otro, en fin, anhelaban la libertad y la individualidad que los tiempos modernos impulsaban, hasta tal punto que su propia amistad acabó malograda.

El film, por si esto fuera poco, está producido y dirigido con suma exquisitez, como demanda el propio argumento. A destacar, finalmente, también en el terreno del reparto, la breve pero magnífica intervención de Robert Morley en el rol de Jorge III, el «rey loco».



6 comentarios:

  1. Mmm, no conocía yo esta peli, ni este personaje, ni este libro pero parece interesante y muy divertido. Tomo nota de todo, vaya que sí.

    Salucines

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues, mira también, amigo deWitt, la filmografía del director porque contiene otras películas que seguro te interesarán.

      Salucines

      Eliminar
  2. Lo más atractivo de la película es su reparto. Ustinov es perfecto para el papel y tanto a Taylor como a Granger siempre es un placer adminarlos.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El reparto, amiga Manderly, es fenomenal, ciertamente. Pero, la dirección y la producción están asimismo a la altura. Al menos, así lo creo yo












      El reparto, amiga Manderly, es fenomenal, en efecto. Pero asimismo la dirección y la producción del film son muy destacables.

      Salucines



      Eliminar
  3. ¡Qué historia tan interesante! Me pongo a buscar la pelicula ya.
    Sabía de Brummell porque creo que hay productos, una colonia al menos con su nombre, pero lo que más me ha impactado es saber que era tan amigo del principe de Gales..con razón aquello de la elegancia inglesa..para que luego digan que eran solo las señoras!!

    Muy buena reseña, amigo Genovés

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Ah, también tú recuerdas, Abril, la fragancia Brummell...! Por lo demás, fíjate que la moda británica sigue siendo más famosa en ropa masculina que femenina. ¿Por qué será...?

      Salucines

      Eliminar