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lunes, 28 de abril de 2014

LA CASA DE BAMBÚ (1955)


Título original: House of Bamboo
Año: 1955
Duración: 99 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Samuel Fuller
Guión: Harry Kleiner
Música: Leigh Harline
Fotografía: Joseph MacDonald
Reparto: Robert Stack, Robert Ryan, Shirley Yamaguchi, Brad Dexter, Biff Elliot, Sessue Hayakawa, Cameron Mitchell, Sandro Giglio
Producción: 20th Century Fox



La casa de bambú (House of Bamboo, 1955), producida por 20th Century Fox, es la primera película norteamericana rodada en Japón después de la II Guerra Mundial. Transcurridos diez años desde la finalización, la larga sombra del conflicto bélico todavía está aquí presente, claramente perceptible tanto en la trama como en la propia ambientación de la cinta, filmada en escenarios naturales de Tokio. Dirigida por Samuel Fuller, quien realiza su primer largometraje para la pantalla en color y un espectacular cinemascope, está interpretada, al frente del reparto, por Robert Stack y Robert Ryan. El resultado es más que satisfactorio.

La historia original ya había conocido una versión cinematográfica anterior, The Street Of No Name (1948), producida por el mismo estudio, dirigida por William Keighley y escrita por Harry Kleiner, quien firma asimismo el remake de 1955. Las diferencias entre ambos títulos son considerables, especialmente en lo que se refiere al espacio geográfico en el que transcurre esta trepidante historia policiaca centrada en el inframundo de la mafia, que de la costa Este de EE UU pasa al país del sol naciente. El núcleo del asunto es común, pero el tratamiento y el desarrollo de la historia son muy diferentes. El productor Darryl F. Zanuck, tras mostrar su entusiasmo por la película de Fuller Casco de acero (The Steel Helmet, 1951), había incorporado al cineasta a la nómina de la Fox. Entre otros proyectos, le propone hacer una nueva versión de The Street Of No Name, esta vez localizada en Japón y con guión del mismo Kleiner. Fuller, hombre inquieto y más aficionado a ser director in toto que dirigido (no me refiero ahora a su faceta de actor), acepta la idea, atraído principalmente por el hecho de filmar en el país nipón.


La casa de bambú, film atípico sin duda en la filmografía de Fuller, ha desconcertado a los críticos e historiadores de cine, bastantes de los cuales lo han infravalorado. Sin embargo, y a mi juicio, se trata de uno de los mejores trabajos del director nacido en Massachusetts. La peculiaridad referida de la película demuestra no tanto la ligereza o la rendición del realizador cuanto la versatilidad y la capacidad creativa que ha acreditado a la hora de moverse en los más distintos medios y géneros, por lo general, con suma pericia e ingenio. Encasillado con la etiqueta de director «independiente», a muchos les saca de sus casillas ver trabajar a Fuller en una major, dirigiendo a estrellas y trabajando con un holgado presupuesto. Más que «independiente» (término equívoco y de esquivo significado), Samuel Fuller es un cineasta vocacionalmente artesanal, que se sintió incómodo trabajando en el marco de los grandes estudios y ajustado a las reglas de oro de Hollywood, no tanto por razón de principios o motivos ideológicos o narcisistas como estrictamente profesionales (desea controlar al máximo su trabajo) y de comportamiento (es hombre de carácter independiente).

Samuel Fuller

Fuller es un director siempre interesante, aunque también puede llegar a ser brillante. De hecho, sacó el mayor provecho y dio lo mejor de sí mismo en la realización de esta obra mayor. Para empezar, el guión de Harry Kleiner, de temática policiaca y formato de western, es magnífico; Fuller insistió en haberlo reescrito él mismo… Un grupo de excombatientes norteamericanos deciden quedarse en Japón al acabar la guerra y hacer fortuna por medios delictuosos, robos y extorsiones. En la primera secuencia del film, asaltan un tren custodiado por tropas japonesas y estadounidenses, sustrayendo gran cantidad de armas y munición con vistas a la preparación de próximos golpes. Tras la escaramuza, muere de un disparo un sargento de EE UU.





Llega a Tokio Eddie Spanier (Robert Stack), miembro de la policía militar americana, con la misión de infiltrarse en la organización criminal y desarticularla. Interfiriéndose intencionalmente en los negocios de ésta, pronto llama la atención de Sandy Dawson (Robert Ryan), jefe de la banda, quien tomándole al principio por un pardillo, aunque arrojado, decide tomarlo a sus servicios. 
En las primeras investigaciones, Spanier conoce a Mariko (Shirley Yamaguchi), compañera sentimental del sargento asesinado, presentándose como amigo de éste, estableciéndose entre ambos una relación afectuosa, que el pulso de Fuller mantiene en un terreno ambiguo e incierto, como la de Dawson con Spanier (un elemento característico en el tratamiento de los personajes del cine de Fuller). 


El agente acaba confesando a la muchacha su verdadera identidad (sargento Kenner), aunque se esfuerza en no involucrarla directamente en la intriga para no exponerla al peligro. Tras ser descubierto, como consecuencia del soplo de un confidente de Dawson, éste urde una celada, de modo que sea la propia policía japonesa la que mate al intruso. Pero la maniobra no funciona como esperaba. En un duelo final, Spanier/Kenner liquida a Dawson. Con la misión cumplida, vuelve a EE UU acompañado de Mariko.

Este tramo final constituye un emocionante y espectacular colofón del film. Fuller, más que un principiante en el Cinemascope, da la impresión de ser un consumado experto en el manejo de dicho formato. Al modo hitchcockiano de servirse de los escenarios para acrecentar la carga dramática y la belleza de las secuencias clave, la persecución y el tiroteo entre la policía y el delincuente tiene lugar en el parque de atracciones de Japón, repleto de público, mayoritariamente infantil. Como último refugio, Dawson sube a una gran noria horizontal del recinto en la que sucede el lance definitivo. Eddie repta por la plataforma móvil hasta situarse de espaldas al hampón, aunque sólo dispara contra éste cuando se vuelve y le apunta con su revólver.



Fuller, director en ocasiones un tanto brusco en el tratamiento de la «puesta en escena», combina esta vez a la perfección los travellings y los movimientos de cámara con los planos fijos, según lo exige la situación. Impactante, de gran fuerza dramática y admirable desde el punto de vista estético es, precisamente, el plano secuencia en el que Dawson descarga su pistola contra Griff (Cameron Mitchell), anterior mano derecha del capo, a quien toma por el soplón del grupo. Bañándose en un tonel de madera, Griff recibe las balas vengadoras que atraviesan los tablones, por cuyos agujeros mana a chorros el agua contenida, cual si se tratasen de los últimos flujos de vida del compinche. Plano súbito, seco, duro, que el ancho del formato Cinemascope permite resolver magníficamente.


La casa de bambú, película de gran valor, dirigida por un cineasta, Samuel Fuller, cuya obra merece ser frecuentada y reconocida.



4 comentarios:

  1. Un título que apunto. Me ha llamado la atención ese plano del cuerpo en la nieve y los zapatos en primer término, me recuerda precisamente a un fotograma de "Pero ¿quién mató a Harry?" del maestro Hitchcock que siendo una de las consideradas menores a mí me resulta encantadora.

    Salucines de lunes amigo Genovés

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    1. La película, Abril, es muy recomendable. Y sí, cierto, la foto que citas recuerda el famoso fotograma en "Pero,...". Como pasa con Hitchcock, Fuller dota a los planos de belleza, pero también de fuerza significativa. No te la pierdas.

      Salucines

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