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lunes, 20 de abril de 2015

ESPIONAGE AGENT (1939)




Título original: Espionage Agent
Año: 1939
Duración: 83 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Lloyd Bacon
Guión: Warren Duff, Michael Fessier, Frank Donoghue, James Hilton, a partir de la historia de Robert Buckner
Música: Adolph Deutsch
Fotografía: Charles Rosher
Reparto: Joel McCrea, Brenda Marshall, Jeffrey Lynn, George Bancroft, Stanley Ridges, James Stephenson,
Producción: Warner Bros. Pictures

Título no estrenado en España, Espionage Agent (1939) es una película que merece conocerse y reparar en ella. Producción de serie B, e independientemente del valor intrínseco que contenga (que, ya adelanto, no es despreciable), el interés que pueda despertar hoy en el aficionado al cine deviene, principalmente, de elementos circunstanciales y de contexto histórico y socio-político. 

Siguiendo la estela de Confesiones de un espía nazi (Anatole Litvak), film estrenado pocos meses antes del realizado por Lloyd Bacon (ambos bajo la marca Warner Bros), Espionage Agent pertenece a la categoría de cine de propaganda, en concreto, de propaganda anti-nazi, facturado con el principal propósito de espolear a los Estados Unidos para que se involucrase en la (inminente) Segunda Guerra Mundial, uniéndose al bloque aliado contra la Alemania de Hitler.

En este sentido, los dos títulos referidos coinciden en la prontitud —cuando no en la anticipación— a la hora de advertir en la pantalla a la población sobre el grave peligro que significaba para las sociedades libres el ascenso y los delirios expansionistas del nacionalsocialismo rampante en la Alemania de los 30. Las crónicas suelen coincidir en datar el comienzo de la Segunda Gran Guerra el 1 de septiembre 1939 (entrada de las tropas germanas en Polonia). 

Espionage Agent se estrena el 30 de septiembre, de modo que la preproducción y el rodaje del film tienen lugar con bastante anterioridad al efectivo inicio de la conflagración. Los Estados Unidos no eran, pues, parte beligerante en el conflicto. Es más, la política y la diplomacia en Washington mantenían una aptitud neutral y aislacionista que remite a principios del siglo XX (sólo participó, tras muchas reticencias, en la Gran Guerra en sus últimos compases). El sentido y la significación del asunto (tanto cinematográficos como extra-cinematográficos) planteados en la película ofrecían, en consecuencia, un cariz netamente preventivo.


No es casual que Espionage Agent arranque con un prólogo de significación muy explícita, que sitúa al espectador en el centro y la clave de la trama, así como los precedentes de la misma. Un frenético encadenamiento de imágenes de ataques y sabotajes perpetrados contra industrias estratégicas en Estados Unidos, que provocan centenares de muertos, desemboca en una reunión en el Departamento de Estado en Washington. Las posturas de los presentes se dividen en dos grupos

1) quienes advierten de la necesidad de tomarse en serio tales agresiones, para lo cual proponen crear un servicio de contraespionaje que neutralice el «ejército interno de espías, saboteadores y propagandistas» que está detrás de las mismas, previsiblemente financiado y promovido por el Gobierno alemán del momento; 

2) los que sostienen que no ha lugar a semejante actuación, puesto que no están siendo atacados por tropas uniformadas ni Alemania es formalmente un enemigo de América.

La siguiente secuencia se sitúa en Tánger. Grandes titulares de prensa: «ESTALLA LA GUERRA EN ESPAÑA» «LOS REFUGIADOS EN MARRUECOS VAN A TÁNGER, DECLARADA ZONA DE SEGURIDAD», lo cual causa la huida de ciudadanos norteamericanos de la península hacia al norte de África, quienes junto a los propios residentes estadounidenses en la zona, presionan a su embajada para que organice la evacuación de la zona por razones de seguridad, a la vista del fundado peligro de extensión del conflicto. Entre el personal diplomático se encuentra Barry Corvall (Joel McCrea), quien acaba de ser destinado a Washington. Una de las personas que se dirigen a él para que le auxilie en la pronta repatriación es Brenda Ballard (Brenda Marshall), una presunta ciudadana americana, que por diversas vicisitudes ha trabajado para el servicio de espionaje alemán, aunque desea desprenderse de dicho lazo.


Tras una accidentada salida de Madrid, la joven presenta un pasaporte deteriorado a su llegada a la legación diplomática bajo un fuerte aguacero. El documento se lo ha proporcionado el espía alemán Mullen (Martin Kosleck), con la condición de que el favor recibido deberá devolverlo algún día. Sea como fuere, Barry se prenda de Brenda y ello facilita los trámites burocráticos. Consigue que viajen en el mismo barco (el «Freedonia») de vuelta a Nueva York. La corteja durante el trayecto y recién desembarcados, contraen matrimonio.

Barry asciende en la carrera diplomática y la pareja vive feliz, aun con el recelo de la madre del joven enamorado, pues, en efecto, no saben nada del pasado de Brenda. Hasta que Mullen (por no decir, «Müller») reaparece en escena exigiendo cobrar la deuda: la muchacha debe, sirviéndose de su marido, proporcionar información sensible sobre determinadas fábricas norteamericanas. No deseando traicionar a Barry, Brenda le confiesa la verdad, lo cual fuerza a éste a presentar su dimisión en el cuerpo diplomático. Pero, esto no es más que el comienzo de la aventura.

El ex funcionario y la ex espía viajan a Europa para, de manera extraoficial, localizar a los responsables del espionaje alemán en Estados Unidos, probar su implicación en los ataques en América y poner dichas evidencias en conocimiento de las autoridades en Washington, actitud que, con seguridad, favorecerá la creación, finalmente, del reclamado servicio de contraespionaje.


En la persecución final en el tren que lleva a los protagonistas hasta territorio alemán, vemos subir a los vagones, nada más cruzar la frontera, a inconfundibles miembros uniformados de la SS, aunque portando distintivos distintos, a fin de no señalar a nadie de modo expreso... Resulta conmovedora la manera tan cuidadosa y sutil, concebida por Hollywood, de disimular, en estos años, su decidida actitud de oposición al nazismo, a la hora de descubrir y denunciar el «ejército interno de espías, saboteadores y propagandistas», así como de concienciar a la población sobre la necesidad de prevenir los males que puedan dañar al país. 

Y no es menos admirable la pasividad demostrada al respecto cuando se trata de penetraciones y asaltos de otra naturaleza ideológica, aunque no menos letal y totalitaria: comunismo, durante la primera mitad del siglo XX y la Guerra Fría, más en particular; yihadismo en el momento presente. Una tolerancia que se torna agresividad a la hora de censurar vivamente, no estas otras amenazas, sino, por el contrario, cualquier tipo de intervención gubernamental o ciudadana a fin de detenerlas y hacerles frente.

¡Extra! ¡Extra!



Resplandor en la oscuridad (Shining Through, 1992. David Seltzer), con Michael Douglas, Melanie Griffith y Liam Neeson, película muy aceptable que recupera para el cine contemporáneo los films clásicos de espionaje ambientados en la Segunda Guerra Mundial, contiene referencias directas con imágenes a trabajos precedentes en el género. Justamente, uno de ellos es Espionage Agent (1939). También es explícitamente homenajeada la cinta Tormenta mortal (The Mortal Storm, 1940. Frank Borzage), con Margaret Sullavan, James Stewart, Robert Young y Frank Morgan.

Como se recordará, en la película referida, la protagonista (Melanie Griffith), persona civil y que colabora circunstancialmente con el servicio secreto norteamericano, es infiltrada en la Alemania nazi con una arriesgada misión que cumplir, peligrosidad agravada por su condición de mujer de raza judía. Gran aficionada al cine y en su condición de amateur en tareas de espionaje, resuelve distintas situaciones peligrosas evocando (y emulando) actuaciones que vio y aprendió visionando películas.



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