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lunes, 9 de abril de 2012

EL ÚLTIMO HURRA (1958)



Título original: The Last Hurrah
Duración: 121 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: John Ford
Guión:Frank S. Nugent
Música: Miklós Rozsa
Fotografía: Charles Lawton Jr.
Reparto: Spencer Tracy, Jeffrey Hunter, Dianne Foster, Basil Rathbone, Pat O'Brien, Donald Crisp, James Gleason, John Carradine, Edward Brophy, Ricardo Cortez, Jane Darwell
Producción: Columbia Pictures


¿Quién ha dicho que John Ford es ante todo un director de películas del Oeste? Pues el mismo Ford lo dijo en público. Vale, pero es no tan sólo un director de películas del Oeste. Quienes estén familiarizados con la persona y el personaje, sabrán que las declaraciones del más grande cineasta de la historia hay que tomarlas con suma reserva; con reserva comanche, estaría tentado a decir, y de hecho, he dicho. Cuando habla Ford retumba la voz de la leyenda, la que se publica y pregona. La verdad, y nada más que la verdad, está inserta en los films dirigidos por John Ford, los westerns y los de cualquier otro género. Dejémonos, pues, de explicaciones y cuentos, y vayamos a los hechos.


Esta semana deseo dedicar el espacio en Cinema Genovés a El último hurra (The Last Hurrah, 1958), un título por el que tengo especial predilección. ¿Dónde ubicarlo en el conjunto de la obra de Ford? Suele encuadrarse en el género del drama político. Pero semejantes clasificaciones resultan fútiles referidas a este genio fuera de lo común. En primer lugar, porque el cine de Ford constituye la síntesis perfecta del drama y la comedia materializada en un mismo film, gesta realizada sin solapamientos, sin brusquedades, de la manera más natural jamás vista. En segundo lugar, porque Ford nada detestaba tanto como el mundo de la política. Entonces, ¿qué?  


El último hurra representa la despedida de la política que hace el director para no entrar en política… Algunos motivos por los que este título suele dejarse en el rincón del salón de proyecciones, por los cinéfilos tal vez olvidado, tienen que ver con el idealismo que contiene y el pobre conocimiento que demuestra el realizador del mundo de los políticos y las campañas electorales. Que los hechos, en fin, van por un lado, y Ford por la otra dirección.


Con semejante crítica no podría hacerse mayor halago al trabajo de Ford. Por lo demás, siempre que nos acercamos a los films del cineasta nacido en Maine queda patente una neta evidencia: en ellos nada es lo que parece. Lo que cabría interpretar como falta de rigor o superficialidad, en Ford significa calculada indeterminación, intencionada imprecisión. Dicho esto, pequeña enmienda a lo afirmado anteriormente. Sí hay algo que Ford detestase más que la política: ser tomado por un intelectual.

Ford sabe de lo que habla, rueda y filma, porque la mirada que proyecta en la pantalla apunta a lo sustancial del género humano, la parte inmortal del hombre, los valores que nunca cambian, la realidad permanente, los sentimientos que con el paso de los siglos cambian de indumentaria y atavío, mas no de naturaleza.


Destacados en un fuerte del Séptimo de Caballería, yendo a la busca del paraíso perdido en la vieja Irlanda, situados en una misión en China o en plena contienda electoral en Nueva Inglaterra, los personajes fordianos poseen una dimensión universal. Las historias en que intervienen afectan a los grandes temas de la humanidad: la familia y la cohesión social, el amor y la amistad, la lealtad y la traición, la vida y la muerte. Y sobre la muerte, más que sobre la política o cualquier otro asunto particular, trata El último hurra, la última campaña, la última misión, el último suspiro del hombre.
 
La estructura del film descansa sobre dos largas secuencias centrales —el velatorio de Knocko, viejo conocido del alcalde, y la propia muerte (que no agonía ni extinción) del protagonista—, las cuales llenan más de la mitad de la cinta. En ambos casos, escenas tremendamente conmovedoras combinan intachablemente con situaciones cómicas. Marca de la casa. Dirigido por John Ford.



Dos personajes de El último hurra  se me antojan centrales en la trama: «Ditto» Boland (Edward Brophy) y Frank Skeffington Jr. (Arthur Walsh). El primero es el fiel escudero del alcalde, un Sancho sencillo y llano, pero que daría, literalmente hablando, la vida por el jefe. Por su parte, el único hijo del mayor es un irresponsable y un tarambana; pasa por delante del retrato de la madre fallecida sin siquiera dedicarle una mirada, imagen sagrada para el padre, quien renueva a diario la flor del jarrón, como quien reanima permanentemente el recuerdo del amor eterno. 


En la secuencia del último y largo adiós de Skeffinton a quienes les han acompañado en vida, las respectivas despedidas de Ditto y de Junior adquieren un especial relieve. En ambos momentos, el entero y firme alcalde se quiebra y emociona hasta desfallecer... ¿Por qué precisamente ellos dos, individuos inocentes y cándidos, dos tipos infantiles e ilusos, quienes parecen no enterarse de qué pasa en la existencia de Skeffigton? Precisamente por eso. Porque ellos, tipos como ellos, y poco más, aparte de los recuerdos, es lo nos queda en la vida.


The Last Hurrah es un film que me emociona hasta las lágrimas cada vez que le reservo un nuevo pase. En concreto, la secuencia final, el ascenso del cortejo fordiano hacia las alturas, allí donde Frank Skeffington (Spencer Tracy), su excelencia, «your honor», consumida su última oportunidad, se eleva a los cielos.  

El último hurra. John Ford y Spencer Tracy juntos. ¡Qué más se puede pedir! Aunque no sea una película del Oeste.







10 comentarios:

  1. Una buena película de Ford poco recordada, quizás porque no se trata de un western ni de uno de sus títulos más popuñares. Me encantan los secundarios Carradine y Rathbone. Saludos. Borgo.

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    1. Gracias por tu comentario, Borgo. A ver si conseguimos hacer esta película un poco más conocida. Probablemente, haya aficionados al cine de Ford que ni les suene.

      Salucines

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  2. Si que la conozco`pero tengo que volver a verla para opinar. No recuerdo demasiado salvo que me encantó Tracy. Es un actor que prefiero en sus papeles de hombre maduro, tiene un porte y un carisma del que carecía de más joven. En cuanto a Ford que voy a decir que no comentes ya en tu entrada!. Enhorabuena por el enfoque que le das, y por realzar ese agridulce tan atractivo en Ford.

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    1. Gracias, Cristina, por tu comentario. Dedícale una sesión en cuanto puedas porque tiene mucho que ver...

      Y de acuerdo sobre lo de Spencer Tracy. Con los años fue creciendo y bordando sus mejores interpretaciones.

      Salucines

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  3. Al parecer, cuatro de cada cinco norteamericanos votan en función de lo que ven en la televisión. Esta película refleja perfectamente cómo un títere que recibe el apoyo de los mass media, es capaz de vencer en las urnas a un verdadero "animal político". Gran película de Ford (debería ser de obligada visión para los politiquillos que nos gobiernan) y soberbio trabajo de Spencer Tracy.
    Un saludo.

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    1. Eso les pasa, Ricardo, por ver tanta tele... Aunque creo que no se trata de un síntoma exclusivamente norteamericano. Sea como fuere, convendrás conmigo en que al Ford de "El último hurra" no le interesa tanto la confrontación política de los personajes como el conflicto humano existente entre la lealtad y la desafección. Y es que Ford siempre apuntaba muy alto. Para acabar dando en el blanco.

      Salucines

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  4. Hace demasiado tiempo que la ví en la tele y compruebo, tonto de mí, que no la tengo en mi colección.

    No puedo menos que coincidir contigo en la admiración por Ford, que se mostró cuando menos embaucador al auto definirse como "director de westerns" en un alarde de humor cáustico dirigido a críticos de cine de cortas entendederas.

    La maravilla de Ford sigue siendo esa aparente facilidad de filmar como si no hiciera nada: pero el otro día vi en la tele el inicio del viaje a la arcádica Innisfree cuando me disponía a salir a pasear con mi perro Llamp y estuve todo el paseo recordando el intenso trabajo que los acostumbrados guionistas de Ford hicieron y me imagino largas veladas rociadas de bourbon discutiendo pequeñeces que luego hacen grande una película, como esa flor que cada día se renueva....

    Un abrazo.

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    1. Pues, Josep, ya tardas en hacerte con una copia de EL ÚLTIMO HURRA, visionarla otra vez y guardarla con primor en tu colección.

      Hablas de Innisfree y de la Arcadia, y, en efecto, todas las películas de Ford son viajes imaginarios, de leyenda, al país de nunca jamás. No hay nadie más alejado del realismo artístico que John Ford.

      Salucines

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  5. Estupenda película de Ford, perteneciente al otro lado de la orilla, como tu dices "solo westerns". Tengo pensado hacer una reseña en una quincena Ford, y no tengo pensado meter ningún western, están demasiado sobados y no dejan ver la luz de sus otros filmes a través de la niebla.
    El último hurra, aunque Ford nos haga caer en alguna trampa, perdonable, eso sí, con el papel de S. Tracy. Yo la he visto varias veces y sigo sin cansarme.

    Saludos
    Roy

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    1. Pues es una muy buena idea, amigo Roy, la de montar la quincena Ford sin westerns. La espero con ganas. Algunos piensan —y dicen— que Ford imprime una mirada de western incluso cuando cambia el escenario y ambiente de sus películas. Bueno, supongo que eso será tema de debate para la ocasión.

      Salucines

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