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lunes, 5 de enero de 2015

BIG CITY BLUES (1932)

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Título original: Big City Blues
Año: 1932
Duración: 63 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Mervyn LeRoy
Guión: Ward Morehouse y Lillie Hayward, basado en la novela de Ward Morehouse
Música: Ray Heindorf y Bernhard Kaun
Fotografía: James Van Trees
Reparto: Joan Blondell, Eric Linden, Jobyna Howland, Ned Sparks, Guy Kibbee, Grant Mitchell, Walter Catlett, Humphrey Bogart (sin acreditar)
Producción: Warner Bros. Pictures


«Tomada la decisión de dedicarse al mundo del espectáculo, LeRoy marcha [desde su San Francisco natal] en 1922 a Nueva York donde contacta con el National Vaudeville Artist con la esperanza de encontrar empleo. No tiene la tarea fácil. Recuerda, de pronto, que su primo Jesse Lasky es directivo de un estudio cinematográfico en la ciudad, la Famous Players-Lasky Corporation, resultado de la unión de su negocio con la compañía que entonces lideraba Adolph Zukor, la Famous Players Film Company.

Esta situación tendrá un eco en la película realizada por LeRoy años más tarde, Big City Blues (1932). Un joven provinciano de Indiana, Bud Reeves (Eric Linden), que ha ahorrado algo de dinero, decide ir a la Gran Manzana y divertirse. Cuando llega a la estación, el último tren para Nueva York acaba de partir. Frustrado y ansioso, conversa con el jefe de estación mientras espera el próximo convoy.


JEFE DE ESTACIÓN: ¿Tiene empleo en Nueva York?
BUD REEVES: Todavía no.
JEFE DE ESTACIÓN: ¿Algún conocido?
BUD REEVES: Tengo un primo que me echará una mano. Conoce mucha gente. Tengo recomendación.
JEFE DE ESTACIÓN: Ya, entiendo. También yo la tenía cuando vine aquí hace 25 años. La sigo teniendo.



Tras ser advertido Reeves sobre los peligros de la big city frente a la tranquilidad y seguridad de la small town, un lugareño y el jefe de estación cruzan entre sí una apuesta mientras despiden al muchacho rumbo a Manhattan: «Diez dólares contra un paquete de tabaco a que estará de vuelta antes de un mes.» El parroquiano acepta… y pierde. En efecto, una vez en la urbe, el joven Reeves encuentra a su familiar, aunque el «primo» integral acaba siendo él. Aquél le organiza fiestas, le presenta a muchos amigos, dos de ellos interpretados por Joan Blondell y Humphrey Bogart


A los pocos días, el muchacho acaba arruinado e involucrado, por azar, en un asesinato. Tras aclararse su inocencia, vuelve al pueblo natal. El film, muy bien conducido por LeRoy, tiene un cierre circular. 

JEFE DE ESTACIÓN: Vacunado contra Nueva York, ¿no?
BUD REEVES: Desde luego que no.
JEFE DE ESTACIÓN: ¿Cómo? ¿Está dispuesto a volver?
BUD REEVES: Por supuesto que sí. ¡Y volveré! Tal vez no enseguida, pero seguro que volveré. Nueva York es una ciudad maravillosa. Era yo quien no estaba preparado. Es un sitio que te atrapa y no te suelta. Esta vez me he llevado un golpe. Pero la próxima vez... seguro que será diferente. 



He aquí un característico producto pre-code, y, al mismo tiempo, muy exclusivo de la marca Warner Bros. Este mismo argumento básico, facturado por la Fox, no hubiese finalizado del mismo modo, con semejante elogio de la ciudad frente a la vida rural. Warner Bros. es un estudio eminente urbano, y, al menos en aquellos trepidantes años treinta, con una señalada inclinación rooselveltiana.  

La mayor parte de las salas de proyección que gestiona están situadas en ciudades de la costa Este, de manera que el público que acude a ver sus películas proviene, mayoritariamente, de la clase baja trabajadora. Su seña de identidad es, por otra parte, abiertamente judía, condición que comparte con gran parte de los integrantes del estudio, desde los mismos hermanos Warner hasta los principales actores de la casa: Al Jolson, Edward G. Robinson, Paul Muni, James Cagney. Pero también los directores. Mervyn LeRoy, sin ir más lejos.


En los años treinta, Warner Bros. pasa por un momento pujante tras la absorción de la First National Pictures, movimiento corporativo acaecido en 1928. La arriesgada apuesta que hace por el sonoro, a través del sello Vitaphone —sistema de sincronización de imágenes y sonido (especialmente, de música)— supone un éxito extraordinario que conmueve los cimientos del cine de Hollywood y fija un nuevo rumbo en la producción de películas. En 1926 se hace una primera prueba del nuevo invento con el film Don Juan, protagonizado por John Barrymore, al que se le incorpora un acompañamiento musical. 

En 1927 el sistema queda más perfeccionado con The Jazz Singer (El cantor de jazz), film protagonizado por Al Jolson, y dirigido, como el anterior, por Alan Crosland. La entusiasta respuesta por parte de los espectadores proporciona muchos ingresos a los hermanos Warner. La valiente iniciativa del estudio en favor el cine sonoro/hablado permite que tome la delantera frente a la competencia, una preeminencia y ventaja competitiva que sus dirigentes supieron aprovechar convenientemente. 

La política de la casa adquiere otro importante cuño identificador con la llegada  de Darryl F. Zanuck, enérgico directivo que asume a la vez las funciones de gerente del estudio y jefe de producción, desde 1928 hasta 1933, año en que pasa a la Twentieth Century Fox, un estudio que en gran medida ayudará a levantar. La huella de Zanuck permanecerá, no obstante, muy visible en Warner Bros. 

De modo sintético, podría afirmarse que Jack Warner ejemplificaba en la compañía el espíritu ahorrador y sobrio. A este hombre solitario, devoto de la madre y su recuerdo, se le atribuye el célebre precepto referido a la producción de películas: «I don’t want it good, I want it Tuesday» («No la quiero buena, la quiero para el martes»). Zanuck, por su parte, cumplía la función de ideólogo y supervisor doctrinal del estudio. 


El resultado de este notable encuentro entre ambos directivos es el estilo Warner: producciones de bajo coste, realizadas con premura y definidas por la acentuación de la problemática social en los argumentos llevados a la pantalla. Los tres géneros que definieron este peculiar estilo durante los años treinta fueron el de gangsters, el drama social y el musical, a los que se incorporó poco después las películas de aventuras, gracias sobre todo al carisma que aportó Errol Flynn a títulos tan famosos como Captain Blood (Capitán Blood, 1935) y The Adventures of Robin Hood (Robín de los bosques, 1938), ambos dirigidos por Michael Curtiz, así como los dramas de la superestrella femenina de la Warner, Bette Davis. El trabajo infatigable de este director de origen húngaro, en los años cuarenta, permitió dar un nuevo impulso al estudio a raíz del fenomenal éxito de Casablanca (1942). Las notas musicales de A Time Goes By presiden la intro con la que el estudio Warner presenta en la actualidad sus producciones. Pero esa es otra historia.»


Fragmento de mi libro Mervyn LeRoy y Lewis Milestone. Cine de variedades vs. de trinchera (Amazon-Kindle, 2013)



2 comentarios:

  1. Arqueología cinematográfica estimado amigo, nos sorprendes.. iremos apuntando.
    ¡Feliz comienzo de año!

    Salucines

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    Respuestas
    1. Pues, amiga Abril, cada día me asombro al comprobar la cantidad y calidad de películas clásicas que me queda por "descubrir" y/o revisionar.

      Aquí estaré para contarlo. Mientras en cuerpo aguante...

      Salucines

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