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De entre la filmografía de Richard Fleischer, público y crítica suelen coincidir en destacar aquello que se denomina comúnmente «superproducciones», es decir, películas de más largo metraje del habitual, de holgado presupuesto, con reparto de campanillas y, en fin, con afán de generar en la pantalla «espectáculo». A saber: 20.000 leguas de viaje submarino (1954), Los wikingos (1958), Barrabás (1962), Viaje alucinante (Fantastic Voyage, 1966), El estrangulador de Boston (1968), Tora! Tora! Tora! (1970) o Conan el Bárbaro (Conan The Destroyer, 1984). Tipo de películas así, no siempre fueron exitosas, en ningún sentido; señalo en particular dos casos: los fiascos absolutos de los musicales Doctor Dolittle (1967) y The Jazz Singer (1980).
Lo de «superproducción» es un decir, pues no se trata, en
general, de películas «super», sino de películas producidas para competir, por
todo lo grande, con la «pequeña pantalla», o sea, con la televisión. Curiosas
paradojas del lenguaje: con el paso del tiempo, las salas de cines, donde se
proyectaban los films han ido cerrando sus puertas o troceándose en
«minicines», para poder seguir adelante y no entrar en quiebra, mientras los
televisores alcanzan cada día que pasa unos tamaños de muchísimas pulgadas, hasta el
punto de que conozco salones en viviendas que podrían competir con los
«minicines», si no en el número de butacas, sí en el diámetro de la pantalla y la propia estancia.
Sea
como fuere, y para no perder de vista el trabajo cinematográfico de Fleischer,
debo afirmar que las cintas que más aprecio de su obra son algunas situadas en la primera
etapa, bajo el sello RKO, etiquetadas como «cine B» y centradas en el género policiaco o thriller,
por ejemplo: Bodyguard (1948), Follow Me Quietly (1949), The Clay Pigeon (Acusado a traición, 1949), Armored Car Robbery (Atraco al furgón blindado,1950), The Narrow Margin (Testigo accidental,1952) o Violent Saturday (Sábado trágico, 1955), esta última en color, con mayor presupuesto, producida por 20th Century Fox, entrando en la «clase A» y, acaso no por casualidad, la última de este listado
selecto tan personal. Añado, como dato significativo, que bastantes de los títulos recién
señalados no fueron estrenados en salas de cine de España, algunos de los
cuales sí han pasado por televisión o han sido editados en DVD, para visionar
en el salón de casa…
Refiero en esta
selección unas producciones que en pocos casos (y por estrecho margen) superan
la hora de duración, y en los créditos, en el reparto y el apartado técnico no brillan
las «superestrellas», si bien alcanzan una gran calidad, productos bien
facturados, con interpretaciones muy solventes, historias con guiones bien
escritos y trabados, excelente trabajo de fotografía, ambientación y vestuario.
Nada que envidiar a muchas películas de serie A, y, sin embargo, con todo el encanto de estas cintas sencillas, nada pretenciosas, que van al asunto sin
rodeos, con actores y actrices que, por lo general, se esmeran por agradar,
conservar el trabajo y aun progresar, films sin divagaciones ociosas o para
completar la hora y media reglamentaria de facturaciones de «primer nivel», un
metraje, por cierto, que con el paso de los años ha llegado a establecerse con un
normativo aumento: desde hace años, rara es la película estrenada que baja de
las dos horas de duración.
Reparemos en el ya citado film Violent Saturday (Sábado trágico, 1955); como se ha dicho también, rodado en color y un reparto con nombres famosos (Victor Mature, Lee Marvin, Ernest Borgnine, J. Carrol Naish, Silvia Sidney). Tiene en común con los trabajos que he hermanado el género —trhiller, subgénero «atracos»—, pero los tiempos están cambiando y presentan notarias diferencias con sus compañeros de inventario. La fecha de producción ya anticipa los años 60, donde todo va a cambiar de veras, naciendo el denominado «cine social», bajo el apostolado «crítico», desde Francia, de André Bazin, con «Cahiers de cinema» como biblia de bolsillo cinéfilo... Por lo que respecta al asunto cinematográfico, las películas, no importa el género en que se muevan, sitúan la trama desde entonces en el contexto social, a veces, como en esta ocasión, dotando a éste de mayor atención que a aquélla; a la sazón, a las microhistorias que recorren el guion se les concede aquí más tiempo e interés que al asunto medular (el asalto a un banco). Compárese, en este sentido Violent Saturday con Armored Car Robbery (1950), donde toda la atención reside en lo esencial o central, no en lo accidental o ambiental o suburbial.
Sucede que, necesariamente o por principio, las películas de serie A tienen más cine, mas no mejor, que las de serie B.
Ocurre, en fin, como señaló agudamente Mies van der Rohe, con brevedad y estricta precisión: «menos es más».
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Algunas
observaciones, en particular y para terminar, sobre The Narrow Margin
(Testigo accidental, 1952). Además de
tratarse de un notable film de acción y misterio, contiene diálogos muy
ingeniosos. Película que transcurre en gran parte del metraje en el interior de
un tren, vemos al protagonista, por poner un caso, intentando atravesar el
pasillo de uno de los vagones y topándose con el orondo detective del
ferrocarril.
Detective Sargento Walter Brown (Charles McGraw): Perdóneme. Me gustaría pasar.
Sam Jennings (Paul Maxey): Lo siento. Este tren no fue diseñado para mi tonelaje. Nadie ama a un gordo excepto su tendero y su sastre.
Película, en fin, que mantiene la intriga con
habilidad, al tiempo que sostiene un juego
sutil de personalidad en bastantes personajes (muchos de los cuales no son
lo que parecen o confiesan serlo al principio). Por si esto fuera poco, Fleischer
obsequia al espectador con un virtuoso juego de imágenes en los espejos de los
vagones de los trenes que se cruzan en las vías, las cuales ilustran escenas de fuerte
voltaje. Bien es verdad, y justo es recordarlo, se trata de algo ya visto anteriormente, por ejemplo, en el film
Berlin Express (1948), film dirigido
por Jacques Tourneur.
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