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lunes, 2 de febrero de 2026

RICHARD FLEISCHER (2). MÁS DE LO MISMO


Hay películas que se mantienen en la memoria por apenas una secuencia, la presencia de una cara atrayente o perturbadora, por un paisaje exuberante, por una melodía que embelesa, por un diálogo agudo… Me refiero a films no memorables en su conjunto, los cuales no pueden calificarse necesariamente de productos de «mala calidad», «fallidos» o «mediocres», si bien han dejado en el espectador alguna huella en el recuerdo; acaso tras este pequeño rastro al que aludo atisbamos una demostración de genio/ingenio aislado en un marco general sin más contemplaciones ni añoranzas.

Nos lleva esta introducción a la película These Thousand Hills (Duelo en el barro, 1959), producción de la 20th Century Fox dirigida por Richard Fleischer, la cual sé que tiene bastantes admiradores, aunque, honesto es dejarlo claro, no me encuentro entre ellos. En una entrada anterior del blog, expresé mi parecer acerca de la obra cinematográfica del cineasta americano. Y debo recordar que este título no está entre los que más me gustan, ni ajustado al periodo ni a la temática que acoté entre mis preferencias, ni, claro está, tampoco a la vista de sus resultados en la pantalla, o mejor, por la experiencia cinematográfica al visionarla de quien escribe.

Como buscando una aguja en un pajar, esta reflexión personal nos lleva, a su vez, a la secuencia de la cinta ambientada en un establo, allí donde el protagonista Let Evans (Don Murray), vaquero errante con aspiraciones de tener un rancho y progresar en la vida y en el amor, tras su fracaso — una huída por miedo escénico o timidez, ni siquiera un «gatillazo»— en la primera cita con Callie (Lee Remick; «chica de salón» en un pequeño poblado de Montana y «novia» del malvado de la película, a saber, Jehu/Richard Egan), toma unas copas y se refugia en la caballeriza. Allí coincide con el encargado del local, gran borrachín, con quien mantiene una breve, pero muy sabrosa, conversación, a la vez que altamente reveladora sobre el carácter de personajes implicados en la trama.

El actor que interpreta al viejo borrachín ni siquiera está convenientemente acreditado en la ficha del film, tan corto es su papel en él; aunque, ay, tan jugoso como ilustrador en la sabiduría de la vida. Me atrevería a apuntar que, tras una frondosa y despeinada barba, se oculta el rostro de Herb Vigran​​, uno de esos grandes (por prolíficos) actores de reparto (acreditados o no por veleidades de la ficha técnica, no por mérito artístico) que han hecho grande el Séptimo Arte.

 


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Borrachín en el establo: El grupo se va, ¿eh? (Let ha dejado el trabajo de vaquero y domador de caballos en la cuadrilla con la que había llegado al pueblo, por Callie, después de todo). Siempre, cuando el grupo me dejaba, yo, yo... me sentí como una bebida.

Let Evans (Don Murray): ¡Ah!

Borrachín en el establo: Bebe con ganas, muchacho. Bebe, chico. No eres un pájaro.

Let Evans: Sí, señor.

Borrachín en el establo: Esto cura las miserias. Cuando tenía tu edad, eran en su mayoría las chicas. Ahora a mi edad, la mayoría de las veces, no lo son.

Let Evans: Conoces a una chica en la ciudad por el nombre de Callie?

Borrachín en el establo: ¡Claro! ¿Por qué?

Let Evans: ¿Es de alguien en particular?

Borrachín en el establo: No diría en particular, hijo... ¿De dónde eres?

Let Evans: Oregón.

Borrachín en el establo: ¿Cómo era?

Let Evans: ¿Qué?

Borrachín en el establo: Tu hogar.

Let Evans: No juegues a las cartas. No bailes. Y no bebas.

Borrachín en el establo: Escucha, hijo... No es lo que haces lo que afecta a tu sueño, sino lo que echas de menos. Palabra de un viejo. Ahora mis nervios están calmados. Echaré una cabezada. Nos vemos, hijo.

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[Guion de Alfred Haines, a partir de la novela These Thousand Hills (1956), cuyo autor es A.B. Guthrie Jr.]


Pocas veces las conversaciones, y, mucho más, las confesiones, encuentran mejor ocasión que en encuentro entre desconocidos. En particular, cuando están acompañadas de una bebida estimulante. Para ello, son propicios los bares (¡qué lugares!). También sirven para la ocasión el calor de un establo.


jueves, 29 de enero de 2026

RICHARD FLEISCHER. MENOS ES MÁS


 

   

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De entre la filmografía de Richard Fleischer, público y crítica suelen coincidir en destacar aquello que se denomina comúnmente «superproducciones», es decir, películas de más largo metraje del habitual, de holgado presupuesto, con reparto de campanillas y, en fin, con afán de generar en la pantalla «espectáculo». A saber: 20.000 leguas de viaje submarino (1954), Los wikingos (1958), Barrabás (1962), Viaje alucinante (Fantastic Voyage, 1966), El estrangulador de Boston (1968), Tora! Tora! Tora! (1970) o Conan el Bárbaro (Conan The Destroyer, 1984). Tipo de películas así, no siempre  fueron exitosas, en ningún sentido; señalo en particular dos casos: los fiascos absolutos de los musicales  Doctor Dolittle (1967) y The Jazz Singer (1980). 

Lo de «superproducción» es un decir, pues no se trata, en general, de películas «super», sino de películas producidas para competir, por todo lo grande, con la «pequeña pantalla», o sea, con la televisión. Curiosas paradojas del lenguaje: con el paso del tiempo, las salas de cines, donde se proyectaban los films, han ido cerrando sus puertas o troceándose en «minicines», para poder seguir adelante y no entrar en quiebra, mientras los televisores alcanzan cada día que pasa unos tamaños de muchísimas pulgadas, hasta el punto de que conozco salones en viviendas que podrían competir con los «minicines», si no en el número de butacas, sí en el diámetro de la pantalla y la propia estancia.

   Sea como fuere, y para no perder de vista el trabajo cinematográfico de Fleischer, debo afirmar que las cintas que más aprecio de su obra son algunas situadas en la primera etapa, bajo el sello RKO, etiquetadas como «cine B» y centradas en el género policiaco o thriller, por ejemplo: Bodyguard (1948), The Clay Pigeon (Acusado a traición, 1949), Follow Me Quietly (1949), Trapped (Atrapado, 1949), Armored Car Robbery (Atraco al furgón blindado,1950), The Narrow Margin (Testigo accidental,1952) o Violent Saturday (Sábado trágico, 1955), esta última en color, con mayor presupuesto, producida por 20th Century Fox, entrando en la «clase A» y, acaso no por casualidad, la última de este listado selecto tan personal. Añado, como dato significativo, que bastantes de los títulos recién señalados no fueron estrenados en salas de cine de España, algunos de los cuales sí han pasado por televisión o han sido editados en DVD, para visionar en el salón de casa…

Refiero en esta selección unas producciones que en pocos casos (y por estrecho margen) superan la hora de duración, y en los créditos, en el reparto y el apartado técnico no brillan las «superestrellas», si bien alcanzan una gran calidad, productos bien facturados, con interpretaciones muy solventes, historias con guiones bien escritos y trabados, excelente trabajo de fotografía, ambientación y vestuario. Nada que envidiar a muchas películas de serie A, y, sin embargo, con todo el encanto de estas cintas sencillas, nada pretenciosas, que van al asunto sin rodeos, con actores y actrices que, por lo general, se esmeran por agradar, conservar el trabajo y aun progresar, films sin divagaciones ociosas o para completar la hora y media reglamentaria de facturaciones de «primer nivel», un metraje, por cierto, que con el paso de los años ha llegado a establecerse con un normativo aumento: desde hace años, rara es la película estrenada que baja de las dos horas de duración.

Reparemos en el ya citado film Violent Saturday (Sábado trágico, 1955); como se ha dicho también, rodado en color y  un reparto con nombres famosos (Victor Mature, Lee Marvin, Ernest Borgnine, J. Carrol Naish, Silvia Sidney). Tiene en común con los trabajos que he hermanado el género —trhiller, subgénero «atracos»—, pero los tiempos están cambiando y presentan notarias diferencias con sus compañeros de inventario. La fecha de producción ya anticipa los años 60, donde todo va a cambiar de veras, naciendo el denominado «cine social», bajo el apostolado «crítico», desde Francia, de André Bazin, con «Cahiers de cinema» como biblia de bolsillo cinéfilo... Por lo que respecta al asunto cinematográfico, las películas, no importa el género en que se muevan, sitúan la trama desde entonces en el contexto social, a veces, como en esta ocasión, dotando a éste de mayor atención que a aquélla; a la sazón, a las microhistorias que recorren el guion se les concede aquí más tiempo e interés que al asunto medular (el asalto a un banco). Compárese, en este sentido, Violent Saturday con Armored Car Robbery (1950), donde toda la atención reside en lo esencial o central, no en lo accidental o ambiental o suburbial. 

Sucede que, necesariamente o por principio, las películas de serie A tienen más cine, mas no mejor cine, que las de serie B.

Ocurre, en fin, como señaló agudamente Mies van der Rohe, con brevedad y estricta precisión: «menos es más».

2

   Algunas observaciones, en particular y para terminar, sobre The Narrow Margin (Testigo accidental, 1952). Además de tratarse de un notable film de acción y misterio, contiene diálogos muy ingeniosos. Película que transcurre en gran parte del metraje en el interior de un tren, vemos al protagonista, por poner un caso, intentando atravesar el pasillo de uno de los vagones y topándose con el orondo detective del ferrocarril.

Detective Sargento Walter Brown (Charles McGraw): Perdóneme. Me gustaría pasar.

Sam Jennings (Paul Maxey): Lo siento. Este tren no fue diseñado para mi tonelaje. Nadie ama a un gordo excepto su tendero y su sastre.

 

   Película, en fin, que mantiene la intriga con habilidad, al tiempo que sostiene un juego sutil de personalidad en bastantes personajes (muchos de los cuales no son lo que parecen o confiesan serlo al principio). Por si esto fuera poco, Fleischer obsequia al espectador con un virtuoso juego de imágenes en los espejos de los vagones de los trenes que se cruzan en las vías, las cuales ilustran escenas de fuerte voltaje. Bien es verdad, y justo es recordarlo, se trata de algo ya visto anteriormente, por ejemplo, en el film Berlin Express (1948), film dirigido por Jacques Tourneur.

 




miércoles, 21 de enero de 2026

LA DILIGENCIA, RUEDA Y RUEDA. DIRIGIDO POR JOHN FORD

La diligencia (Stagecoach, 1939)


El hombre mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962)

En el año 1939, año mágico en la historia del cine, se rueda la película La diligencia (Stagecoach, 1939), film que inscribe el género del western en letras mayúsculas. En 1962, rueda El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962), a mi entender, la mejor película realizada por el director americano. Asimismo, si declaro que John Ford es, según mi criterio, el mejor director de la historia del cine, pues... llegue el lector a la conclusión del silogismo, si le place.

Como otros grandes creadores de arte, acaso Ford siempre rodó la misma película, desde distintas perspectivas y en tiempos distintos.

He aquí algunas líneas del guion de la segunda película citada:


Senador Ramsom Stoddard (James Stewart): «La primera vez que vine a Shinbone fue en la diligencia. Muy parecida a esa de ahí. A ver...podría ser la misma, podría ser la misma. (Descubre, envuelta en el polvo del desierto, la leyenda inscrita en el vehículo) “Overland”… Vaya, ¡es la misma! Bueno, les contaré la historia. Sí,  les contaré la historia. Yo era sólo un joven recién salido de la escuela de leyes, con una bolsa llena de libros de derecho, el reloj de oro de mi padre y 14,80 dólares en efectivo. Había tomado literalmente el consejo de Horace Greeley: "Ve al Oeste, joven, ve al Oeste, y busca fama, fortuna y aventura”».


sábado, 10 de enero de 2026

THE SEVENTH VICTIM (1943. Val Lewton/Mark Robson)


La película The Seventh Victim (La séptima víctima, 1943), producida por Val Lewton y dirigida por Mark Robson, contiene unos diálogos bastante ingeniosos y que recuerdan líneas de guion que han hecho historia en célebres producciones; acaso por mera casualidad, como homenaje o guiño cinéfilo… Veamos.

Un psiquiatra llamado Louis Judd (Tom Conway; atención al acento del hermano de George Sanders) le dice, en un momento de la trama, al abogado Gregory Ward (Hugh Beaumont): For me, this seems to be the end of a delightful relationship (Para mí que esto podría ser el final de una encantadora amistad). La frase evoca, aunque en dirección contraria, a las palabras con que se cierra la famosa película Casablanca (1942. Michael Curtiz), cuando Rick Blaine (Humphrey Bogart) le dice al capitán de policía Louis Renault (Claude Rains), mientras se pierden entre la niebla: Louis, I think this is the beginning of a beautiful friendship (Louis, creo que esto es comienzo de una bella amistad).


Por otra parte, al final del film de Lewton/Robson, cuando Jacqueline Gibson (Jean Brooks) —mujer con un look a lo Cleopatra y que es descrita por su hermana Mary (Kim Hunter) como una señora de una gran belleza, de esas que llaman la atención— huye… de su destino en las calles de la ciudad, mientras pide socorro a los viandantes, quienes la ignoran. Hasta que un miembro de una troupe teatral que, acabada la función, se dirige con sus colegas a un bar cercano, escucha la llamada de auxilio de Jacqueline: Please help me. There's a man following me (Por favor, ayúdeme. Un hombre me está siguiendo). A lo cual replica, el actor, tras echarle un vistazo de arriba a abajo: I shouldn't wonder, babe (No debería extrañarme, nena; o también: No entiendo por qué...). El comentario, entre jocoso e irónico, anticipa la no menos famosa línea de guion en la película Love Happy (Amor en conserva, 1949), última protagonizada por los Hermanos Marx.

Marilyn Monroe: Señor Grunion, algunos hombres me están siguiendo.

Grunion/Groucho: No entiendo por qué… (levantando las cejas y encogiéndose de hombros en un gesto habitual del cómico)

Y, en fin, si estas letrillas resultan evocadoras, algo similar podría decirse de algunas imágenes de este recomendable film; imágenes que todo buen aficionado al cine reconocerá inmediatamente y le traerá a la mente...