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sábado, 9 de diciembre de 2023

REAPERTURA DE CINEMA GENOVÉS

 

En el mes de abril de 2020, el blog Cinema Genovés cerró por cese de actividad. En el mes de diciembre de 2023, decido reabrirlo. No prometo —ni me comprometo a— mantenerlo con muchas más entradas en el futuro (todos calvos), pero sí a mantenerlo abierto, a fin de que los abonados, seguidores, amigos y visitantes del blog puedan acceder a su fondo de contenidos.

Son estos tiempos de censuras, obstáculos y restricciones de “nivel rojo”, en los que, sin ir más lejos (no nos dejan ir más allá…), la navegación por Internet se ha convertido en un recorrido aventurado y expuesto, un campo de minas, sembrado de peajes, controles, prohibiciones de paso, exigencias de aceptación, de consentimientos, de pago en datos, de cesión de la privacidad; de limitaciones a la libertad, en fin. A la vista de lo cual, Cinema Genovés vuelve a disfrutar de entrada libre…

Desde este momento, Cinema Genovés es accesible o bien adquiriendo la serie de eBooks publicados hasta la fecha (cuatro libros y el quinto en preparación) o bien online, visitando libremente el blog reabierto. Tú eliges.

Sé, pues, bienvenido de nuevo a Cinema Genovés, el cine que ves y el cine que lees.

***

CINEMA GENOVÉS en AMAZON

VOLUMEN I - El cine que ves. Tomo 1
VOLUMEN II - El cine que ves. Tomo 2
VOLUMEN III - El cine que ves. Tomo 3
VOLUMEN IV - El camerino
VOLUMEN V - Series de tv, en serio (próximamente)






domingo, 26 de abril de 2020

ÚLTIMA FUNCIÓN Y CIERRE

CERRADO POR CESE DE ACTIVIDAD


NOTA INFORMATIVA
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A los abonados, seguidores, amigos y visitantes del blog:

Comoquiera que este blog ha dejado de estar activo desde hace más de un año, sin nuevas entradas, revisiones ni mantenimiento, se comunica que en breve plazo dejará de estar operativo, quedando, a efectos prácticos, cerrado al público.

El cierre afecta, exclusivamente, al blog, porque Cinema Genovés sigue cabalgando en formato eBook, a disposición de los interesados. Han sido publicados, hasta la fecha, cuatro volúmenes del libro, estando prevista la edición del quinto y último de la serie antes de fin de año. Al tratarse de libros autoeditados en formato digital, son actualizados periódicamente en las respectivas secciones con nuevos capítulos, que el lector verá incorporados en su archivo sin necesidad de adquirir la "nueva edición". En realidad, las inmensas posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías han cambiado la forma de entender y leer los libros; en este caso, las actualizaciones sustituyen ya a las "nuevas ediciones" y a las ediciones "corregidas y aumentadas" del libro en papel.





CINEMA GENOVÉS en AMAZON

VOLUMEN I - El cine que ves. Tomo 1
VOLUMEN II - El cine que ves. Tomo 2
VOLUMEN III - El cine que ves. Tomo 3
VOLUMEN IV - El camerino
VOLUMEN V - Series de tv, en serio (próximamente)

Asimismo, pueden seguir las novedades de próximas publicaciones en mi página web personal, en la Página de Autor en Amazon y en Twitter.


Es el final de un largometraje, iniciado el mes de marzo de 2010. Pero es hora del The End. Cinema Genovés les agradece sus visitas y la atención prestada durante todos estos años compartiendo el amor al cine.





viernes, 29 de noviembre de 2019

CINEMA GENOVÉS VOL. IV




Disponible a la venta el volumen IV de CINEMA GENOVÉS Libro (2019), obra que recopila en formato e-book las entradas publicadas en este blog. Lleva por título El camerino y contiene semblanzas de artistas (directores, actores, músicos, etcétera), así como ensayos relacionados con el mundo del cine. Los capítulos han sido ordenados según secciones temáticas y la fecha de publicación original.

La presente edición incorpora textos inéditos en el blog, sea por haber sido publicados previamente en otros sitios, sea por ser inéditos en la plena significación del término. Todos ellos han sido revisados, a fin de realizar correcciones tanto de orden gramatical como de estilo y, en bastantes casos, ampliados y/o actualizados.

Próximamente en sus pantallas, el quinto y último volumen (Vol. V. Series de tv, en serio), dedicado a analizar la relación entre cine y televisión, así como un buen número de series de televisión.

Amigos y seguidores de Cinema Genovés, acceded por entrada de artistas.

Descarga directa en Amazon








sábado, 8 de diciembre de 2018

CINEMA GENOVÉS Libro VOL. III (2018)


Publicado el Volumen III de CINEMA GENOVÉS Libro, obra que recopila en formato e-book las entradas sobre tema cinematográfico publicadas previamente en el blog. Este Tomo 3 del Volumen III cierra la sección titulada El cine que ves (de la que ya han sido publicados los Tomos 1 y 2), la cual está reservada a reseñas de películas (más de ciento cincuenta títulos en total). Todas ellas han sido revisadas, a fin de realizar correcciones tanto de orden gramatical como de estilo y, en bastantes casos, ampliadas y/o actualizadas.


Tengo previsto completar la obra con dos volúmenes más, donde se recogerán semblanzas de cineastas y ensayos cinematográficos (Volumen IV. El camerino) y el último que analiza series de televisión (Volumen V. Series de tv, en serio).


Próximanente, en sus pantallas.







jueves, 14 de junio de 2018

CINEMA GENOVÉS LIBRO Volumen II (2018)


Segundo volumen de la obra en panorámica que recopila en formato eBook las reseñas de películas y los estudios cinematográficos publicados en Cinema Genovés, veterano blog de cine inaugurado el mes de marzo de 2010. En esta continuación, El cine que ves. Tomo 2, se incluyen cerca de cincuenta críticas de títulos cinematográficos, fechadas desde enero de 2014 hasta mayo de 2015.

Ordenados según el orden temporal de publicación, los textos aquí incluidos han sido corregidos, ampliados y puestos al día, respecto a su primera edición. El libro contiene, asimismo, la ficha y la carátula de los films examinados, así como múltiples imágenes y fotogramas.

Próximamente, el volumen III de la obra, que contendrá la reseñas previstas de edición en libro (alrededor de otras cincuenta reseñas).

He aquí un libro en movimiento. Continuará

El presente volumen puede descargarse, entre otros sitios, en Amazon.es y Amazon.com





jueves, 14 de diciembre de 2017

CINEMA GENOVÉS LIBRO Volumen I (2017)


Primer volumen de la obra en panorámica que recopila en formato e-book las reseñas de películas publicadas en Cinema Genovés, veterano blog de cine con más de siete años en cartel. En esta obertura, El cine que ves. Tomo 1, se incluyen más de cincuenta recensiones críticas de títulos cinematográficos, aparecidas entre el mes de marzo de 2010 y diciembre de 2013.

Ordenados según el orden temporal de publicación, los textos aquí incluidos han sido corregidos, ampliados y puestos al día, respecto a su primera edición. El libro contiene, asimismo, la ficha y la carátula de los films examinados, así como múltiples imágenes de fotogramas.

Al presente volumen tengo previsto que le sigan futuras publicaciones incluyendo la totalidad de análisis de películas ya realizados, más los que sean compuestos en el futuro, así como otras secciones del blog: críticas de libros de cine, análisis de series de televisión, semblanzas de personalidades de la historia del cine, etcétera. He aquí, en fin, un libro en movimiento.

Plan general de la obra:

  • Cinema Genovés. Vol. I. El cine que ves. Tomo 1. (Reseñas de películas). Publicado el día 14 de diciembre de 2017.
  • Cinema Genovés. Vol. II. El cine que ves. Tomo 2. (Reseñas de películas continuación). 
  • Cinema Genovés. Vol. III. Tomo 3. Su ampliación en más tomos el tiempo lo dirá…
  • Cinema Genovés. Vol. VI. El cine que lees. (Recensiones de libros sobre temática cinematográfica)
  • Cinema Genovés. Vol. V. Series de tv, en serio (Reseñas de teleseries y textos sobre la relación entre el cine y la televisión)
  • Cinema Genovés. Vol. VI. El camerino (Semblanzas de personajes y ensayos variados relacionados con el mundo del cine)
Salucines

El primer volumen de la serie, ya publicado, puede adquirirse aquí en la página web de Amazon.es
aquí en la página web de Amazon.com




miércoles, 14 de junio de 2017

MEL GIBSON: VIVISECCIÓN DE DIRECTOR


A propósito del estreno del último film dirigido por Mel Gibson, Hacksaw Ridge (Hasta el último hombre, 2016), penosa película que me invita, más que a perder el tiempo en reseñarla, a desempolvar una semblanza que escribí sobre el actor-director hace unos años, cuyo contenido entiendo que vale tanto para ayer como para hoy.


«El salto dado por Mel Gibson (Nueva York, EE UU, 1956) desde la faceta de actor a la faena de director ofreció un primer barrunte de transición pausada y contenida, la cual muy pronto resultó no serlo tanto. En pleno estrellato, galán rico y famoso, con una nada despreciable carrera a sus anchas espaldas, en el año 1993 dirige el film El hombre sin rostro (The Man Without a Face). Un título discreto en el que, en efecto, se pone tras la cámara, pero también delante de ella, si bien interpretando el papel de un personaje con el rostro desfigurado como consecuencia de un accidente. En su debut como realizador, Mel Gibson, atractivo presumido, procuró evitar ser valorado, en primera instancia, por su aspecto físico o sus dotes de interpretación. Deseaba pasar la prueba de la dirección buscando el reconocimiento de la labor recién iniciada y no tanto la aprobación a la ya consolidada. ¿Resultado? Lo dicho, experiencia discreta que no suscita mucha expectación ni reporta elogios al primerizo director por parte de crítica y público.

Pero, hete aquí que dos años después da la campanada con la siguiente película bajo su dirección, Braveheart, ganadora de cinco Oscar —entre ellos, Mejor Película y Mejor Director— y que obtuvo un éxito bárbaro. Cinta de aventuras, espectacular, polémica (la independencia de Escocia, al fondo) y con muchas secuencias cargadas de suma violencia, parece haber dado la clave a Gibson acerca del camino a seguir. Los títulos que vienen a continuación, directed by Mel Gibson, no sólo conservan los rasgos señalados en Braveheart, sino que diríase que juegan al más difícil todavía en cuanto a afectación y regusto por el realismo más sucio y más crudo, el naturalismo y, acaso también, el verismo.




En la tercera oportunidad, da en el clavo más que nunca. Rueda en lengua aramea La pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2004), a quien le hace pasar un verdadero calvario en una filmación que recoge hasta el mínimo detalle las llagas y supuraciones del Mesías. Produjo división de opiniones hasta entre las más altas autoridades eclesiásticas. Por el contrario, la recaudación en taquilla habló muy claro: aumentó cinco veces la cifra del anterior trabajo. En Apocalypto (2006) no se anda por las ramas y entra directamente en la vivisección del pueblo maya —lengua, sacrificios humanos y antropofagia incluidos—, lo que no complació a algunos de sus presuntos descendientes presentes. Los proyectos anunciados en el inmediato futuro confirman la voluntad del cineasta de seguir la senda ya definida. El director australiano, nacido en Nueva York, exhibe ahora su verdadera cara.»


Una de las entradas con las que colaboré en la edición del volumen-diccionario, Cine XXI. Directores y direcciones editado por Cátedra en 2012, págs. 228 y 229.

lunes, 5 de junio de 2017

THE LEFTOVERS (2014-2017)

La tercera y última temporada de la serie de televisión The Leftovers (2014), producción de Warner Bros. para la cadena de cable HBO, ya está en antena. Los “creadores” de la serie son Damon Lindelof, principal factótum de la célebre teleserie Lost (2004-2010), y Tom Perrotta, autor de la novela The Leftovers en que está basada, al menos en la primera temporada. En la segunda, el tema inicialmente abierto (prometedor, ay, sólo prometedor) se torció y desquició, derivando hacia horizontes paranormales (por no decir, psicodélicos o enloquecidos), para quien le interese la cosa. Por lo que a mí respecta, lo dejo pasar y hasta ahí he llegado. Me reservo para series más serias…
En el libro Cine, espectáculo y 11-S (2012; última actualización: septiembre 2016) comento la impresión que me produjo el arranque de la serie. A continuación, reproduzco algunos fragmentos de dicho capítulo.


El argumento de The Leftovers afronta una cuestión de tremendo impacto y calado. Un infausto 14 de octubre, de pronto y sin previo aviso o indicio, ciento cuarenta millones de personas, un 2% de la población mundial de todas las nacionalidades, sexos, edades y razas del planeta, desaparecen, se evaporan, se volatizan, se desvanecen; así, sin más. La referencia religiosa del caso se hace presente desde el primer momento, hasta el punto de que el trágico fenómeno es denominado como la «Ascensión» (título elegido en la versión española de la novela de Perrotta). Una equivalencia —más bien, una alegoría— no negada, sino incluso alentada, por quienes de distintos modos participan en la empresa, desde los directivos a los miembros del reparto. Asimismo, se ha señalado, aunque de modo más tímido y reservado, el parentesco de la temática llevada a la pantalla con los sucesos del 11-S.
Hay una sola mención directa en la novela a los terribles atentados terroristas sobre Estados Unidos:

«La cobertura fue diferente de la del 11 de septiembre, cuando se mostraron las torres ardiendo una y otra vez. El 14 de octubre fue algo más amorfo, más difícil de ubicar. Había choques en cadena en las autopistas, algunos trenes descarrilados, multitud de aeroplanos y helicópteros estrellados —por fortuna, ningún avión de pasajeros había caído en los Estados Unidos, aunque algunos tuvieron que hacerlos aterrizar copilotos muertos de miedo, y uno en concreto un auxiliar de vuelo que se convirtió en héroe nacional durante una temporada, como una luz en las tinieblas—, pero los medios no consiguieron reducirlo todo a una sola imagen que evocase la catástrofe. Tampoco había malvados a quienes odiar, lo que hacía mucho más difícil poner el asunto en perspectiva.»

Tom Perrotta, Ascensión (The Leftovers, 2011)



Tom Perrotta, Liv Tyler, Justin Theroux, Amy Brenneman y Damon Lindelof

Por su parte, la referencia en cuestión no ha hecho acto de presencia, de momento, ni de modo directo ni indirecto, en la serie televisiva. Con todo, el paralelismo (que no deja de ser una clase de interpretación) no lo juzgo caprichoso ni se me antoja forzado, aunque tampoco deba ser por entero trasvasado, ni teletransportado, de un ámbito al otro. En el tema de fondo atisbo, pues, unas estrictas correlaciones entre el 11-S y The Leftovers:

1) Considerando el conjunto de la población mundial, un 2% de la misma representa una cantidad apenas apreciable, como lo puedan ser, en estricta estadística, las casi tres mil víctimas del 11-S. No obstante, el vacío que dejan los desaparecidos —no importa el número— en la vida de los supervivivientes es angustioso, imposible de cubrir ni de encubrir, tampoco de superar plenamente, y de manera muy particular por parte de los familiares de quienes inexplicablemente han sido borrados del mapa. Supone una tragedia próxima para sus más allegados, pero con una indudable dimensión colectiva (a cualquiera podía haberle pasado), una catástrofe que convulsiona a la sociedad, a la comunidad entera.

2) Una adversidad, un trauma, tan considerable no puede ni debe ser olvidada. La trama en The Leftovers arranca, de hecho, con los preparativos en la ficticia ciudad de Mapleton (Nueva York) de un acto oficial en homenaje a los que ya no están, en el tercer aniversario de la jornada aciaga. En dicha ceremonia, de repente, irrumpen miembros de la organización «Culpables Remanentes», surgida tras el 14 de octubre, que empatizando con la desventura de los desaparecidos, abandonan a sus familias, ingresando/integrándose en la secta. Vestidos de blanco (indicativo símbolo de la inocencia), haciendo un voto de silencio (no hay palabras para describir lo que les pasa) y fumando cigarrillos sin parar (se han convertido en puro humo), se muestran y encaran a los vecinos de la localidad con la intención de que no olviden…


Pero, en realidad, ¿a quiénes no habría que desterrar en el desierto de la desmemoria, a los que se sienten «culpables» o a los desaparecidos de verdad? Independientemente de las buenas o malas intenciones que muevan las actuaciones de los fantasmales activistas, la mera presencia de los «Remanentes», entre provocativa y desafiante, causa un doloroso quebranto emocional en sus propios familiares, así como discordia, división y enfrentamiento entre sus conciudadanos.
Todavía podrían señalarse algunos parentescos más que vinculen The Leftovers con los sucesos del 11-S: la referencia al suceso por medio de la sola mención de la fecha; la descripción del sufrimiento y la desorientación, la sensación de inseguridad permanente (puede volver a ocurrir…) y la ansiedad en la población, tras sufrir una tragedia nacional (en realidad, a escala mundial), una población que siente su vida mutilada y que busca, desesperadamente, volver a encontrar sentido a la existencia (existencia de superviviente); la descripción de un grupo humano que asiste a una brutal conmoción percibida como el fin del mundo.


Es muy probable, por tanto, que en la composición vertebradora de la trama de la serie haya planeado el espectro del 11-S. En cualquier caso, se trataría de una clase de influencia más emocional que intelectual, y que no se hace manifiesta ni clara ni precisa en la narración de los hechos.

Sea como fuere, el desarrollo de la historia en la segunda temporada apunta a un distanciamiento notable respecto al principio o base del asunto, en que, según creo, sí vinculaba ambos episodios: el 1l de septiembre y el 14 de octubre. Y queda en mí la fundada suposición de que las previstas nuevas entregas sentencien tal impresión. Tras la primera entrega, el desarrollo de los hechos narrados (sin relación ninguna con la novela) se desliza hacia los géneros de misterio y aun de terror, de fenómenos paranormales y hasta de vampirismo.



domingo, 18 de septiembre de 2016

GRETA GARBO DIRIGIDA POR CLARENCE BROWN




«Greta Garbo tuvo a Clarence Brown como director de referencia—por no decir de cabecera, para no provocar malentendidos—, participando en siete films dirigidos por el cineasta de los veinticinco en total que protagonizó en Estados Unidos; de The Flesh and the Devil (El demonio y la carne, 1926) a Conquest (Maria Walewska, 1937). No logró Brown que mejorase la actriz sueca la dicción en inglés, ni siquiera que sujetase el áspero acento nativo o dulcificase las erres rompedoras de aquel acento venido del frío. Tampoco que aprendiese a reír en la pantalla, porque las risas de la Greta de aquellos años daban más la sensación de sofocados espasmos o accesos nerviosos que de vivaces muestras de regocijo. Tuvo que ser Ernst Lubitsch quien ofreciese en Ninotchka (1939) la capacidad de la Garbo para desternillarse de verdad y con convicción, para particular contento de todos los fans de la estrella y público en general.

Comoquiera que fuese, Brown hizo de Greta Garbo un mito universal, un icono que alcanzó la gloria y movió a la devoción de millones de personas en todo el mundo. Lo mismo que Marlene Dietrich tuvo su pigmalión —Josef von Stenberg— y Tippi Hedren su demiurgo —Alfred Hitchcock—, Greta Garbo tuvo en Clarence Brown a un pulcro tutor; dicho sea esto sin ánimo de omitir ni quitarle mérito al director sueco Maurice Stiller, descubridor y primer mentor de la actriz, quien le enseñó a dar los primeros pasos en Hollywood.



Brown, director circunspecto y delicado, poco inclinado a la pirotecnia visual y sólo en pocas ocasiones afectado de barroquismo cinematográfico —justamente, lo contrario que su colega alemán—, si bien no pudo enseñar a la bella pupila a hablar correctamente en inglés ni tampoco a reír con ganas, sí supo entregarnos la imagen hechizante de una mujer capaz de pasar de lo humano a lo divino sin apenas sucesión de continuidad. Para alcanzar la gloria a veces basta con atravesar un umbral, cruzar una puerta. Pero es preciso que el intérprete actúe sin amaneramientos y sin afectación.

Detengámonos un instante en Anna Christie (1930), la primera película sonora interpretada por Garbo. Simultáneamente a la versión inglesa, dirigida por Brown, fue rodada una versión en alemán, realizada por Jacques Feyder. No entraremos ahora en consideraciones idiomáticas acerca de este célebre título, sino estrictamente cinematográficas.



Basta con apreciar las dos maneras tan diferentes de vestir, maquillar y de presentarnos a un personaje, a una mujer tan esplendorosa como Greta Garbo, para apreciar la minuciosidad del trabajo de Brown, el carácter y la personalidad de un director. Anna es una prostituta, enferma y alcoholizada, que llega desde el interior de la noche a una taberna portuaria donde espera encontrar a su padre, pobre patrón de barco. La actriz es la misma, incluso la expresión de la joven en el quicio de la puerta del bar nos informa en ambos casos de similar manera de interpretar. Pero, ahí acaban las similitudes.



La Anna del film de Feyder se nos antoja un maniquí, una coquette a medio camino entre un modelo de Coco Chanel y una nueva colona de Pigalle, recién salida de la tienda de confección y antes de iniciarse en la profesión. 


La Anna de la cinta de Brown trae el pasado a sus espaldas. Más que llegar al bar, diríase descargada a modo de saca en el muelle del puerto. No es necesario disfrazar a Greta Garbo de Monna Lisa ni de reina soberana en todas las apariciones en la pantalla. Incluso cuando toca ser vulgar, actuando como tal, mantiene el aura de diosa.

He aquí la magia y el garbo de Greta. Y lo que el público esperaba por entonces de la mujer moderna. Tras la Gran Guerra, nada ya podía ser pequeño. Nada tenía que ser igual que antes. La vamp y la femme fatale ya estaban muy vistas. La melena corta al viento de una joven podía impresionar más que unas plumas en el sombrero de una dama; o allí donde acaba la espalda, dicho sea con todos los respetos. La frialdad en el gesto seco es capaz de hacer hervir la sangre con mayor presteza que lo pueda conseguir un dry martini.  En aquellos años, la tosquedad y la torpeza en el ademán de una mujer hechizaban a las damas y a los caballeros, más que la afectada elegancia. En particular, cuando tras la compostura no se adivinaba la impostura, sino la naturalidad y la ternura.


La Garbo gesticula y bracea sin contemplaciones ni miramientos, con brusquedad desmañada. Pero, al hacerlo, nadie puede quitarle los ojos de encima. Hace muecas, se sienta y se levanta de sillas o sillones de manera rudimentaria, cruza las piernas y se cruza de brazos, se acoda sobre la mesa del comedor con similar frescura que se apuntala sobre la barra de un bar, pone los brazos en jarra, y, ante semejante exhibición de ordinariez, uno no puede por menos que conmoverse. Cuando pone el semblante serio, electriza al espectador. Cuando otea el horizonte, comienza el amanecer. Cuando mira de frente al partenaire de turno le corta la respiración, hasta el punto de hacer de él su esclavo. 

Sea como fuere, sostienen algunas crónicas que Garbo prefería la versión germana de Anna Christie a la americana. Podría ser. Lo indudable, no obstante, es que en posteriores interpretaciones, volvió una y otra vez —y muy gustosamente por su parte— con Clarence Brown. De hecho, la estrecha relación entre director y actriz se forjó ya desde el mismo instante del primer encuentro en el plató, tras el gran éxito obtenido por ambos en The Flesh and the Devil

He aquí la declaración de Clarence Brown:

«Hice seis películas más con ella. Nadie fue capaz de hacer más de dos. Yo tenía una manera de tratarla que no la hacía sentirse incómoda. La Garbo es una mujer enormemente sensible; y, en aquella época, los directores acostumbraban a gritar como energúmenos desde detrás de la cámara. Yo nunca la di instrucciones delante de ninguna otra persona.»




Fragmento de «Clarence Brown, un filmmaker entre silencios», capítulo III del volumen Hollywood revelado. Diez directores brillando en la penumbra (Ártica, 2012), coordinado por Fernando R. Genovés


sábado, 10 de septiembre de 2016

THE WALK (2015)


The Walk (2015) es un film que, desde mi punto de vista, ya ha hecho historia. Una producción TriStar Pictures, rodada en 3D y dirigida por el especialista en películas de fantasía con efectos especiales, Robert Zemeckis. Y apunto esta descripción sin ánimo de desmerecer la relevancia del cineasta Zemeckis, responsable artístico nada menos que de Forrest Gump (1994), un trabajo sobresaliente, fenomenal, que pasará a la historia —en este caso, a la historia del cine—, pues hago sabe al lector que se trata de una película que tengo situada en mi personal Top Ten cinematográfico. Con todo, sopesando el conjunto de la filmografía compuesta por Zemeckis, sería difícil, además de innecesario y vano, esforzarse por desvincularlo de la categoría «visual storytellers». Una categoría que, por lo demás, no tiene nada de indecorosa.

The Walk, película escrita por Christopher Browne y el propio Zemeckis, recrea de modo espectacular y aun efectista (desde la perspectiva estética) una hazaña (un desafío, según ha sido retitulada en la versión española) basada en hechos reales: el paseo por la nubes llevado a cabo por el funambulista francés Philiphe Petit (Joseph Gordon-Levitt) en el verano de 1974, cuando anduvo sobre un cable de acero que unía las Torres Gemelas en Manhattan, desde una terraza a otra, cuando todavía se encontraban en fase (final) de construcción.


La trama del film se remonta al París de los años 60, momento en que Petit se gana la vida realizando números de pantomimo y animación en las calles de la capital de Francia. Entra en contacto con Papa Rudy (Ben Kingsley), artista del aire a quien admira y toma como mentor. En principio, para ejecutar sus primeras audacias: cruzar un lago sobre un cable atado a sendos árboles y poco después, divisar Notre Dame a vista de pájaro, desfilando sobre la cuerda floja fijada en la parte superior de ambas torres de la catedral. Casualmente, llega por entonces al joven la noticia de la construcción de las Torres Gemelas en la isla de Manhattan, una edificación que supera con mucho la altura de la Torre Eiffel (lástima que sólo haya una y no pueda añadir este capítulo a sus sueños volatineros). Petit hace partícipe a su maestro del sobrevenido gran sueño de su vida —dar un paseo por el techo de Manhattan—, quien acaba aprobando la aventura, hasta el punto (supuestamente) de financiarla.

Falta buscar colaboradores con los que hacer realidad el sueño de Nueva York. Los preparativos adquieren la traza conductual de una banda de atracadores de bancos (de hecho la narración se ajusta a dicho patrón narrativo), cuando, en realidad, el anhelo de Petit es subir al cielo... vivito y coleando, que no es tarea pequeña. En el grupo no falta la chica. Y no es éste el único elemento convencional o tópico que da cuerpo a The Walk, un film que, artísticamente hablando, destaca, más que nada, por sus efectos especiales.


¿Por qué afirmo, entonces, que The Walk pasará a la historia? Por su imponente valor simbólico, por la valentía mostrada en asumir semejante desafío, por la inteligencia y la sensibilidad demostradas a la hora de acometer empresa tan arriesgada. Porque percibo, en verdad, que esta imponente producción anuncia la hora de desclasificar unas imágenes reservadas. Porque tengo la convicción de que este film —aparentemente, de puro entretenimiento— supone un gran paso en aras a cicatrizar las profundas heridas abiertas tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Barrunto, en suma, que con The Walk puede darse por terminado el duelo artístico del 11-S, un proceso, un objetivo, ya avanzado en títulos anteriores; por ejemplo: Extremely Loud and Incredibly Close (Tan fuerte, tan cerca, 2011), dirigida por el cineasta británico Stephen Daldry .

Con The Walk ha llegado el momento en que la tragedia pueda convertirse en (digno) espectáculo. Después será el momento de la comedia. Aunque tampoco hay que precipitarse. Bastante ha hecho Zemeckis con realizar su particular proeza, arriesgada y nada sencilla, transitando por la cuerda floja, una hazaña de no inferior osadía que la gesta efectuada por Petit.

Película de superación, en el amplio sentido de la palabra, The Walk encumbra la audacia y la perseverancia del artista del cable, a la vez que rinde un fenomenal tributo a las altas Torres que durante tanto tiempo han supuesto la más elevada imagen de la ciudad de los rascacielos. ¿El premio? Poder rehabilitar, desde este momento, la imagen velada, con respeto y hasta con orgullo, con la cabeza alta. También, poder superar el trauma, la pérdida, la ausencia, ahora restituida con aires de gloria.


Y es que el film dirigido por Zemeckis debe verse desde la perspectiva simbólica con que está concebida y realizada, la cual adquiere incluso un sentido religioso: el protagonista asciende a los cielos como paso previo para la resurrección; los cables cruzados (cavaletti), que favorecen la estabilidad y elasticidad de la base temblorosa sobre la que pasea el acróbata, así como la pértiga que sostiene para equilibrar su cuerpo, semejan una gran cruz coronando las Torres y en la que se tiende Petit con gesto sereno. Hay presentes en la película más señales, signos y símbolos muy reveladores que el lector atento (y avisado) sin duda advertirá.

Dedicada expresamente a las víctimas de los atentados terroristas del 11-S, The Walk  representa, asimismo, un emotivo homenaje a las Twin Towers, un respetuoso tributo y un recuerdo de su belleza y su grandeza, al encomiable esfuerzo artístico de reconstrucción que unas mentes y unas manos vesánicas convirtieron en polvo y ceniza. Porque, qué duda cabe, las Torres Gemelas son las verdaderas protagonistas de The Walk. De principio a fin.



Así pues, atención al principio, a la primera secuencia de la película, un indicio y un firme aval de no caer en el precipicio. El protagonista/presentador/conductor del film proclama solemne desde la antorcha de la Estatua de la Libertad: «estoy enamorado de dos edificios, dos torres. Todo el mundo las llama las Torres Gemelas del World Trade Center.» La localización virtual no es casual. Desde dicha emblemática atalaya, con el bajo Manhattan de fondo, las Torres gemelas presidiendo el lugar, se nos van narrando los hechos.

Repárese, asimismo, en que la película finaliza con la mención de Petit a la autorización escrita y certificada que recibió de manos de Guy F. Tozzoli, presidente de la World Trade Centers Association (WTCA), espacio donde se elevaban las Twin Towers, conmovido y agradecido por la acrobacia de Petit. Merced a dicho pase, podía éste acceder a la azotea del edificio cuando quisiese: 

«Estos pases tienen fecha, la fecha cuando expiran. Pero en mi pase, el Sr. Tozzoli tachó la fecha y escribió: "Para siempre”


PS. Para un más amplio desarrollo de este asunto, véase el libro Cine, espectáculo y 11-S (Amazon-Kindle, 2012).