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domingo, 26 de abril de 2020

ÚLTIMA FUNCIÓN Y CIERRE

CERRADO POR CESE DE ACTIVIDAD


NOTA INFORMATIVA
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A los abonados, seguidores, amigos y visitantes del blog:

Comoquiera que este blog ha dejado de estar activo desde hace más de un año, sin nuevas entradas, revisiones ni mantenimiento, se comunica que en breve plazo dejará de estar operativo, quedando, a efectos prácticos, cerrado al público.

El cierre afecta, exclusivamente, al blog, porque Cinema Genovés sigue cabalgando en formato eBook, a disposición de los interesados. Han sido publicados, hasta la fecha, cuatro volúmenes del libro, estando prevista la edición del quinto y último de la serie antes de fin de año. Al tratarse de libros autoeditados en formato digital, son actualizados periódicamente en las respectivas secciones con nuevos capítulos, que el lector verá incorporados en su archivo sin necesidad de adquirir la "nueva edición". En realidad, las inmensas posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías han cambiado la forma de entender y leer los libros; en este caso, las actualizaciones sustituyen ya a las "nuevas ediciones" y a las ediciones "corregidas y aumentadas" del libro en papel.





CINEMA GENOVÉS en AMAZON

VOLUMEN I - El cine que ves. Tomo 1
VOLUMEN II - El cine que ves. Tomo 2
VOLUMEN III - El cine que ves. Tomo 3
VOLUMEN IV - El camerino
VOLUMEN V - Series de tv, en serio (próximamente)

Asimismo, pueden seguir las novedades de próximas publicaciones en mi página web personal, en la Página de Autor en Amazon y en Twitter.


Es el final de un largometraje, iniciado el mes de marzo de 2010. Pero es hora del The End. Cinema Genovés les agradece sus visitas y la atención prestada durante todos estos años compartiendo el amor al cine.





viernes, 29 de noviembre de 2019

CINEMA GENOVÉS VOL. IV




Disponible a la venta el volumen IV de CINEMA GENOVÉS Libro (2019), obra que recopila en formato e-book las entradas publicadas en este blog. Lleva por título El camerino y contiene semblanzas de artistas (directores, actores, músicos, etcétera), así como ensayos relacionados con el mundo del cine. Los capítulos han sido ordenados según secciones temáticas y la fecha de publicación original.

La presente edición incorpora textos inéditos en el blog, sea por haber sido publicados previamente en otros sitios, sea por ser inéditos en la plena significación del término. Todos ellos han sido revisados, a fin de realizar correcciones tanto de orden gramatical como de estilo y, en bastantes casos, ampliados y/o actualizados.

Próximamente en sus pantallas, el quinto y último volumen (Vol. V. Series de tv, en serio), dedicado a analizar la relación entre cine y televisión, así como un buen número de series de televisión.

Amigos y seguidores de Cinema Genovés, acceded por entrada de artistas.

Descarga directa en Amazon








lunes, 15 de julio de 2019

CHERNOBYL (2019): una tragedia a medio contar



Sospecho, por principio (no digo “por principios”), de las producciones cinematográficas, sean películas o series de televisión, que se publicitan bajo el rótulo “historia basada en hechos reales”. Crea confusión y esconde, por lo común, una verdad a medias: presentar el producto como fiel a la realidad. Un film (el cine) o una serie (la televisión) son, necesariamente, ficción. Así pues, o lo uno o lo otro: o real o no real. No pueden ser A y no A a la vez.
Un documento cinematográfico no es un documental: son productos distintos. Al primero, no cabe exigirle correspondencia con los hechos; al segundo, sí. Empero, no decir la verdad, no significa mentir. Tampoco que las inexactitudes coincidan en la realidad y en la ficción. Entiendo que algo de este tipo ocurre en la miniserie Chernobyl (2019. HBO).
Me pongo, asimismo, en estado de prevención (no digo “de alarma”) ante acciones y productos generadores de unanimidad, o consensos a la búlgara. Pues bien, a poco de emitirse la serie de televisión, la opinión —generalmente, pública— la ha elevado a categoría suprema: “la mejor serie de la Historia”. Si tal coincidencia apunta a temas sensibles, protegidos o blindados a la crítica, como puedan ser la energía atómica (centrales nucleares) y el comunismo (la URSS), entonces la prevención se torna precaución. Una sombra de duda aparece en el horizonte cuando crítica y público, en opuestas orillas ideológicas, alaban al unísono algo o a alguien. Y mucho más, en estos tiempos tan “polarizados”: Polo Norte y Polo Sur.
¿Cómo puede aceptar persona de sensibilidad ecologista una serie sobre Chernóbil que no critique abiertamente la energía nuclear o de inclinación progresista, una serie sobre la URSS en la que, supuestamente, quede mal parada (tanto como la propia instalación nuclear).

La serie de televisión Chernobyl es un producto de ficción. En consecuencia, no cabe exigirle veracidad ni férrea fidelidad a los hechos. La televisión, como el cine, es reflejo, recreación (espectáculo recreativo), de las cosas, y, por tanto, conforma un “espacio de no-verdad”. Ahora bien, llama poderosamente la atención que en la serie Chernobyl las mentiras en la pantalla coincidan, casi al completo y con similar perspectiva, con las de la "versión oficial". Por ejemplo, estas dos: 1) exponer la tragedia de la explosión en la planta nuclear próxima a la ciudad de Kiev como una historia de buenos y malos, de inocentes y culpables; 2) transformar a víctimas en valientes y aun en héroes.
Los protagonistas principales, los héroes narrativos de la serie, son Valeri Legásov (Jared Harris), Ulana Khomyuk (Emily Watson) y Borís Shcherbina (Stellan Skarsgård). Este último, vicepresidente del Gobierno soviético, supervisor general de la crisis, y los dos primeros, científicos con amplios conocimientos en física nuclear. 

El personaje de Khomyuk es ficticio, lo que resulta muy significativo y revelador. En el epílogo final de la serie, donde el espectador tiene noticia del devenir de los verdaderos protagonistas de la terrible peripecia (con las respectivas fotos documentales), no se hace referencia explícita a la experta en física interpretada por Emily Watson, sino de modo indirecto, al afirmarse que "representa a los muchos científicos que trabajaron sin miedo y se pusieron en gran peligro para ayudar a resolver la situación".
Deduzco, asimismo, que en la elección de una actriz (y no un actor) para un personaje de estas características habrá intervenido no poco la corrección política vigente, así como la cuota de género. Decisión que cada cual valorará según su particular criterio. En cualquier caso, tal protagonismo no favorece el desarrollo ni la credibilidad de los hechos referidos. Personaje inverosímil, su entrada en la trama es asombrosa: enterada de la noticia, parte de Minsk, donde no parece ocupar un puesto relevante, hacia Moscú, para incorporarse de inmediato al grupo directivo que gestiona la crisis, algo difícilmente comprensible en un sistema cerrado, férreo,  burocratizado al máximo y con rígidos controles, como el régimen soviético.

Los otros héroes serían los biorobots: trabajadores voluntarios enviados al corazón de las tinieblas con la patriótica tarea de “cerrar la llave de paso”; hundidos en el pantano nuclear, para tirar de la cadena y vaciar las cisternas pútridas; mandados al infierno; “animales políticos” (Aristóteles) sacrificándose por la causa.
El reduccionismo maniqueo, la simplificación dicotómica, corre el riesgo de tornar una tragedia sin paliativos ni justificaciones ni salvedades en una acción heroica, una gesta popular, un ejemplar sacrificio colectivo, con el consolador castigo a los malvados, lo cual hace la tribulación todavía más penosa.
En un espacio y un tiempo en que la inocencia había dejado de existir desde hacía décadas, la serie articula la acción según una tosca división entre “buenos” y “malos”, culpables con excusa y sin ella, individuos con buena o mala voluntad. Repárese, con todo, en que el único personaje “bueno”, “inocente”, “salvable”, de la serie es Ulana Khomyuk (Emily Watson), en un papel que, en realidad, nace de la imaginación de los guionistas. La heroína de la miniserie nunca existió.


Chernobyl no es una producción a desatender ni mucho menos a menospreciar. Percibo en ella, más que fallida, una serie desenfocada; más que bienintencionada, ingenua.
La producción es meritoria. El reparto, correcto sin más. Bastante lograda la localización de exteriores en Lituania y Ucrania para recrear el escenario de los hechos, muy eficiente, mostrando esa realidad gris y cetrina de la supervivencia en la URSS (labor, todo sea dicho, facilitada por la uniformidad arquitectónica y la parquedad del modo de la cotidianidad soviética). Algunas secuencias son verdaderamente brillantes (en especial, los epílogos de los episodios 1 y 2).
La serie, en suma, se queda mini, en una verdad a medias: ni verdad ni mentira, sino todo lo contrario.

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En el número 188 de la revista El Catoblepas puede leerse una crítica más amplia, detallada y razonada de la miniserie: Chernobyl (2019). Más nubes que claros.

domingo, 9 de junio de 2019

BETTER CALL SAUL (Temporadas 1-4): 'Better than bad'


Better Call Saul, serie de televisión, producida y distribuida por Sony Pictures, emitió sus cuatro primeras temporadas en la cadena de televisión AMC (8 de febrero de 2015 - 8 de octubre de 2018), la cual también participó en la producción. Los responsables de la serie han previsto dos temporadas más. La quinta no estará disponible hasta el año 2020. Anticipo mi criterio al respecto antes de entrar en la reseña, propiamente dicha: la serie la juzgo excelente, de modo que tal y como ha finalizado la cuarta temporada, un servidor la daría por terminada. Más vale bueno conocido… No la toques más, que así es la rosa (Juan Ramón Jiménez). Ya saben… Me apoyo en el refranero y el poemario, pero también en la experiencia para sostener mi parecer: bastantes series de televisión (y no pocas películas) se han malogrado por estirarse demasiado, por abandonarse a la incontinencia.

El valor de la comedia reside en el comedimiento. Ya lo enunció con agudeza Woody Allen en una secuencia de la película Crimes and Misdemeanors (Delitos y faltas, 1989): 


«si se curva tiene gracia; si se rompe, no tiene gracia. [...] Comedia es tragedia más tiempo.»


Better Call Saul es, en sentido técnico y en cuanto a temática, un spin-off de Breaking Bad, la precuela de esta famosa serie de televisión, cuyo último episodio se emitió el día 29 de septiembre de 2013. Pero, a mi juicio, es mucho más que eso. Y añado: es incluso mejor que la previa: better than bad… Combinando con suma habilidad comedia y tragedia, la primera, es la primera de verdad.

Lo señalé en su momento y sitio. Primer déficit: Breaking Bad se curvó en demasía, es decir, se pasó de largo. La particular travesía en el desierto de Walter White (Bryan Cranston), que empezó de manera muy prometedora, dejó de interesarme a partir de la 3ª temporada. Segundo déficit: mientras centra la acción en un pequeño número de personajes (lo que conduce a la repetición y al cansancio del espectador; al menos, del espectador que esto escribe), se desaprovechaban la inmensa potencialidad del resto del reparto, los denominados “secundarios”, que quedaban en la penumbra. 

Es, justamente, esta omisión la que cubre con pleno éxito la precuela de Breaking Bad. Entre muchas otras virtudes, que comentaré a continuación, Better Call Saul corrige la negligencia señalada, llena el vacío y esclarece la nebulosa en que quedaron no sólo el abogado marrullero sino bastantes más personajes con mucho que contar; varias docenas, de entre los que destacan, Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks) y Gustavo “Gus” Fring (Giancarlo Esposito).






Better Call Saul: o cómo Jimmy McGill se convirtió en Saul Goodman

Ambas facetas del protagonista son interpretadas con mucha convicción por Bob Odenkirk, actor, no por casualidad, fogueado en papeles de comedia. O cómo un timador de pacotilla, un tipo simple pero simpático, un charlatán con vocación de pleiteador, un buscavidas, se hace con el título de abogado (por la puerta pequeña: diplomatura en una Universidad a Distancia; graduado por correspondencia) y así sobrevivir, lo que para el personaje no significa subsistir ni pasar con lo justo. Porque este picapleitos no actúa, en rigor, como un jurista. Más que letrado, es palabrero. Más dotado para el alegato y la alocución pública que para los códigos éticos y los de justicia, no es que no respete la ley, es que, sencillamente, la soslaya.




Saul Goodman es un buen hombre, después de todo. Cree en la justicia, sí, bastante más que en las legislaciones y los tribunales, áreas reservadas, según su perspectiva, para los atildados y presuntuosos abogados, la mayoría de los cuales le desprecian; muy en concreto, su hermano Charles "Chuck" McGill (Michael McKean) y el exjefe de Saul, Howard Hamlin (Patrick Fabian), uno de los principales socios y directivos del bufete Hamlin, Hamlin & McGill. Transita por el filo de la ley. Ayuda a familiares, amigos y clientes, aunque, tipo emocional antes que racional, a menudo les ocasione serios problemas y quebrantos, no intencionados pero no por ello menos molestos. Goodman no ha pasado por Harvard, sino por la universidad de la vida. La lección de la calle y la lucha por la existencia son sus manuales. 

El lema publicitario que elige Saul Goodman habla por sí solo: «¿Problemas legales? Mejor llama a Saul». Otro camino, el mejor, para resolver conflictos de naturaleza jurídica... Todo ello desde la condición de abogado, que tanto le ha costado conseguir y mantener. 



Casi todo lo útil para existir ya lo aprendió cuando era Jimmy McGill: antes ser timador que timado; antes, lobo que cordero. De este modo crudo, ha llegado a comprender que, en el aspecto profesional, no está hecho para despachos ni protocolos ni reglamentaciones ni juzgados. Su vida privada, evidencia similar temperamento y condición. En el plano personal, tampoco entiende de etiquetas ni buenos modales, de exquisiteces ni delicadezas. No sabe cómo comportarse en una reunión social, de cierta etiqueta, sin ponerse en evidencia. 


Para ejercer de asesor legal (o lo que sea) prefiere mil veces un pequeño despacho, en la trastienda de un salón de belleza “de barrio” para clientes orientales, que una suite con sillones de cuero en el edificio central (downtown) de un bufete exclusivo. Se siente más a gusto dentro de trajes a cuadros o de colores chillones, con sus llamativas camisas y corbatas a juego, que embutido en los de raya diplomática o tela Príncipe de Gales. Conduciendo un cochambroso Suzuki Esteem del año 1998 se percibe más él mismo que al volante de un Mercedes último modelo. Es ambicioso e impaciente, tiene prisa por llegar a donde se ha propuesto llegar: ser alguien sin dejar de ser quien es, hacerse rico, progresar y tener influencia. Y todo ello lo más pronto posible.

Jimmy McGill está, en consecuencia, a un paso de cruzar al lado salvaje de la vida, al mundo de la delincuencia, lo que en su ciudad, Alburquerque (New Mexico), significa, casi sin excepción, relacionarse con mafia mejicana y cártel de narcotráfico. Y de abrir el establecimiento donde tenga su sede, un hombre nuevo, Saul Goodman.





Saul Goodman es un pícaro, un truhán, a menudo también un bufón. Un sin-vergüenza. Tipo con encanto, mantiene una relación sentimental con su colega Kimberly "Kim" Wexler (Rhea Seehorn), una working-girl ya madura, con quien trabajó en labores subalternas y cuya carrera de Derecho financió el propio despacho que había contratado. Emprendedora y con sentido de la responsabilidad, en estos puntos difiere del heterodoxo Jimmy, tramposo compulsivo, un bribón de mucho cuidado, cuyas diabluras afectan a Kim con un valor dual: por un lado, le aturde y aun irrita el aventurerismo riesgoso de Jimmy; por otro, le fascina, conmueve y hasta le excita. Muy interesante la ambigüedad de esta relación que se mueve sin remedio entre la compartida fidelidad y la plena independencia personal (y profesional).

Muchas son las cualidades propias de Better Call Saul, además de las que sirven para rellenar los huecos dejados por Breaking Bad. Ni es odioso ni posible evitar aquí las comparaciones entre la serie objeto de esta reseña y su nave nodriza. Better Call Saul es una serie escrita y construida con mucha inteligencia y gran audacia. Aunque en la ficha oficial constan Vince Gilligan y Peter Gould en calidad de “creadores” y guionistas, tengo la impresión (sin pruebas que aportar, señoría) de que el primero aparece, más que nada, por ser el máximo responsable artístico de Breaking Bad, de cuyo nido ha salido del huevo Saul, no por estar detrás del espíritu y letra de la precuela, tan distintas una serie de la otra. De seguro que Gilligan no habrá desatendido la labor de seguimiento y supervisión de su criatura (ejerce, asimismo, de productor ejecutivo), pero apostaría que es Peter Gould quien escribe y controla el nuevo producto.

Peter Gould y Vince Gilligan

Ambas series comparten base argumental, algunos personajes y el escenario de los acontecimientos (Alburquerque, ciudad y alrededores). Pero, poco más. Narrativa y visualmente, ofrecen un resultado distintivo que de ningún modo pueden confundirse ni solaparse. Los arriesgados saltos en el tiempo; los preámbulos de los episodios (tan escuetos como reveladores), la manera de dosificar y medir la información, la gran belleza de la puesta en escena (con algunos alardes y efectivos planos de ningún modo gratuitos), el cuidado en los detalles aparentemente nimios y el magnífico trabajo coordinado de dirección, son marca de serie, de esta serie. Resultado: Better Call Saul transita por una vía de primera calidad, en más de una ocasión permitiéndose exquisiteces y lindezas cinematográficas que el buen entendedor apreciará y valorará, sin duda.

Lástima que, acaso eclipsada por el tremendo clamor entusiasta alrededor de Breaking Bad (para mi gusto, exagerado), si bien ha sido bien recibida por crítica y público, creo que no lo suficientemente (ni justamente) seguida y ponderada. Por lo que a mí respecta, no dudo en situar Better Call Saul entre las mejores series que he tenido la oportunidad de ver. Siempre y cuando, claro está, las temporadas pendientes de emisión no decaigan y mantengan la fuerza y calidad de esta muy recomendable producción.