Título versión española: Deuda de honor
Año: 2014
Duración: 122 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Tommy Lee Jones
Guión: Tommy Lee Jones, Kieran
Fitzgerald, Wesley Oliver
Música: Marco Beltrami
Fotografía: Rodrigo Prieto
Reparto:
Tommy Lee Jones, Hilary Swank, Grace Gummer, Miranda Otto, Sonja Richter, Tim
Blake Nelson, David Dencik, John Lithgow, James Spader, Meryl Streep
Producción:
Roadside Attractions / Sabian Films / The Javelina Film Company / Ithaca
Los seguidores de Cinema Genovés recordarán que en este espacio hemos ponderado la
buena salud cinematográfica que, en estos últimos tiempos, sigue exhibiendo el western, uno de los géneros principales
del cine, demostrando así, con su longevidad
y vitalidad, la profunda fuerza que lo anima. La razón última de este fenómeno,
del que hay que felicitarse, no habría que buscarla en su supuesta “innovación” (“renovación”, “regeneración”, etcétera),
recurso explicativo que suele emplearse en estos y parejos casos para acabar diciendo una nada novedosa...

Ocurre, además, justamente lo contrario: es el respeto y el tributo al western, la fiel observancia de sus
constantes y su esencia, lo que obra la maravilla. No sólo Clint Eastwood ha entendido esta
circunstancia, pues no mencionamos un caso particular, sino una tendencia
generalizada, en la que están interviniendo muchos nombres. Entre los más
destacables está, ciertamente, Eastwood, pero también, por poner un segundo
ejemplo, Tommy Lee Jones, quien ya
sorprendió agradablemente al buen aficionado al género del Oeste con un anterior título,
Los tres entierros de Melquíades Estrada (The Three
Burials of Melquíades Estrada, 2005). Nueve años después, vuelve a admirarnos
dirigiendo y protagonizando The Homesman (Deuda de honor, 2014), una película que merece visionado y
atención.
Pretender
ser original y novedoso, “reinventar”, en las artes (incluido el cine) no sólo
resulta, por lo general, pretencioso sino que además fútil. ¡Y qué decir si el material de base es nada menos
que el western! Otra cosa es la singularidad y el espíritu de aventura
que emprenda el cineasta atraído por la llamada del Oeste (Go West!), no siguiendo, necesariamente, el camino ya trillado,
sino abriendo surcos y sendas personales, vías todavía por explorar. ¡Sobre
todo, en el western! Y he aquí el
viaje fílmico que emprende Lee Jones en The
Homesman, una road movie ambientada en los primeros pasos de la conquista del Oeste,
el Oeste más primitivo y salvaje, inhóspito y yermo, árido y solitario.
Nebraska, 1855, cuando Nebraska no es
aún Estado sino “territorio”, un páramo donde los pioneros lo son de pleno y plano,
precursores y exploradores de un espacio agreste y sin civilizar, un lugar por
descubrir y donde poder sobrevivir. Esta hazaña no basta con proclamarla, sino
que hay que mostrarla en imágenes, con el tempo
preciso, a fuego lento, como exige la
ocasión. Sea de manera colectiva y épica, sea de modo individual y ética, en pareja
(dos cabalgan juntos) o en reducida avanzada, no por ello pierde la empresa energía y valor.
The Homesman recrea una travesía en el desierto de Nebraska llevada
a cabo por dos personajes solitarios y quebradizos (a pesar de su ruda y
callosa apariencia), cuya vida pende de un hilo. Cruzados por el azar y la
necesidad, se juegan la vida en un entorno desértico (diestramente encuadrado y
fotografiado), unos confines desangelados, aunque no dejados de la mano de
Dios. Porque tienen una misión que cumplir.
Mary Bee Cuddy (Hilary Swank) vive sola en una cabaña en el medio Oeste, en medio
de la nada. Ha llegado del Este buscando
una nueva vida, otra oportunidad, y, tal vez, un marido. Pero, es muchacha
dura y terca. Y “mandona”, como la definen sus vecinos: motivo principal por el que
no encuentre marido, y no será porque no lo busque, pidiendo incluso
abiertamente (si bien, decentemente) a quien pase por allí que se case con
ella. Ironía del destino: uno de sus pretendidos responde a su ofrecimiento de matrimonio informándole de que
es su propósito ir al Este para buscar una mujer como es menester... Muchacha severa e independiente, sabe, le guste o no, que necesita a un hombre,
como el hombre necesita de una mujer. Es por ello significativo que cuando la
comunidad, reunida en la iglesia, tenga que elegir a una persona fiable y
firme, sólida y fuerte, para realizar la tarea pendiente recurra a Mary Bee.
Nadie, ningún varón, podría cumplir con la misión en marcha mejor que ella.
No se trata en esta ocasión de una
misión de audaces habitual y acostumbrada: operación de castigo al indio,
rescate de niños raptados, encontrar una ruta prometedora, vengar una muerte o afrenta. The
Homesman conduce al espectador a un episodio poco transitado, pero no temerario,
incluso desquiciado: trasladar a tres mujeres, madres y esposas, que han
enloquecido, cuyas mentes no han podido soportar la dura experiencia de vivir
en la frontera, allí donde puedan ser tratadas y atendidas convenientemente. El pastor de almas del lugar (no puede hablarse aún de pueblo,
aunque sí de comunidad, dispersada pero no aislada como coyotes) ha dispuesto
que los tres ángeles caídos en el abismo de la demencia sean llevados a la
población más próxima, a varias semanas de trayecto en carreta, donde una congregación
religiosa se hará cargo de ellas, pues ahora son una carga —y hasta un peligro—
para sus familias. Aun en el salvaje Oeste, los seres humanos lo son porque no
olvidan las reglas de humanidad.
En el camino, Mary Bee y las tres
desgracias deshumanizadas por la locura, con las cabelleras al viento y sus
gritos desgarrados, que diríanse un coro trágico de bacantes, se topan con un
sujeto singular, que no es Dionisos aunque bebe y danza como él: Briggs (Tommy Lee Jones). En este caso, bailando
en la cuerda tensa, se encuentra en una situación apurada. Mary Bee le libra de la
soga y le ofrece una gratificación, a cambio de que la acompañe en su misión. ¡Qué
remedio, Briggs! ¡A la fuerza ahorcan!
Briggs es un loco estepario, un viejo solitario
que ya ha pasado por (casi) todo en la vida. Bronco y rugoso, es todo un hombre,
después de todo, un pobre hombre, pero con moral, morral y cantimplora, que
cumple sus promesas y no desatiende las deudas de honor. Un hombre es lo que
necesita Mary Bee, para sentirse mujer. Con ese fin principal ha ido al Oeste, allí, en
el confín del mundo, que no es la Tierra Prometida. Tampoco ella es una princesa
ni él, el prometido, aunque cumple con su misión. Después de todo.
Película dura y descarnada, western en espacios abiertos pero sin contemplaciones,
con tintes de tragedia, que muestra a unos personajes en carne viva, es un
trabajo muy meritorio de Tommy Lee Jones, delante y detrás de la cámara. Justo y obligado es mencionar la no menos admirable interpretación de Hilary
Swank, junto a un excelente reparto y un equipo técnico de primera categoría.