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lunes, 19 de noviembre de 2012

MICHAEL MANN


Los amigos y amables seguidores de Cinema Genovés ya conocen el escaso interés que presto al cine que se produce en estos últimos tiempos; digamos, para concretar un poco, en las últimas décadas… No es nada personal con respecto a los cineastas que intentan hoy vivir del oficio cinematográfico, aunque sí sostengo que éste poco tiene que ver con el cine que yo amo: el cine silente y el cine clásico. Como puede deducirse de lo que acabo de afirmar —y por lo ya sabido de antes— tampoco se trata de una cuestión de manía, afán de singularidad o simple antojo. 

Pocos estrenos llaman mi atención, de los festivales del ramo ni me entero, y por no seguir, ni sigo ya la ceremonia de la entrega anual de los Oscar de Hollywood. Aun así, fíjense, he tenido la osadía de aceptar colaborar en el volumen colectivo, coordinado por Carlos Tejeda e Hilario J. Rodríguez, Cine XXI. Directores y direcciones (Cátedra), actualmente en fase de edición y cuya publicación por la editorial Cátedra está prevista para la próxima primavera. Ya me dirán ustedes…

Puesto que uno es de natural curioso y, después de todo, tiene interés por saber algo del cine (o sucedáneo) que se hace en nuestros días, de vez en cuando dedico alguna sesión cinematográfica a visionar películas del presente —digámoslo así— en lugar de explorar y repasar las que habitualmente tengo presentes.... Para asegurarme este propósito de puesta al día visito algunos blogs amigos, más pendientes (y acaso también más pacientes) que yo de la cartelera semanal, donde suelo encontrar información valiosa y crítica cinematográfica de las últimas producciones. En ocasiones, también ojeo (más que hojeo) alguna revista del ramo, pero ya no quedan muchas y las que hay no llaman mucho mi atención ni mi curiosidad.

Si hay un director en activo que me interese seguir su trabajo (aparte de David Mamet, Peter Weir o Sam Mendes, por citar sólo tres nombres que me vienen ahora a la mente), es Michael Mann (Chicago, EE UU, 1943). Uno de los films que ha dirigido, Heat (1995), lo considero de lo mejor que he visionado del «cine actual», un título que no dudaría en incluir en el Top de mis películas favoritas y que más veces que revisitado; siempre con sumo gusto. Encuentro ahí no sólo un cine de acción de primera categoría, que incluye algunas escenas (como el robo del banco) que cabría situar entre los momentos estelares de la cinematografía de todos los tiempos, sino también gran inteligencia narrativa, mucho talento para crear imágenes y ambientes, así como una dirección de actores verdaderamente de quitarse el sombrero; y ya saben ustedes que yo uso esa prenda de vestir.







Procedente de la televisión (sino y destino del «cine actual», al menos el norteamericano realizado desde los años sesenta), Mann dirigió durante los años ochenta la célebre serie Miami Vice, la cual, por cierto, no he tenido el gusto de seguir, y que ahora, con afán retrospectivo o reivindicativo, no me apetece, francamente, ponerme a la labor. 

Su primer largometraje es de 1981: Ladrón (Thief), que cuenta al frente del reparto con ese grandísimo actor que es James Caan, el de las anchas espaldas. Mucho de Heat ya se vislumbra en esta interesante cinta, la cual, vista hoy, podría interpretarse casi como un apunte de aquélla. 



Posteriormente, realizó un bodrio sin paliativos, El torreón (The Keep, 1983), una producción que bascula —penosamente— entre lo fantástico y el terror, pero que a mí me aburrió soberanamente. Manhunter (1986) y Ali (2001) no las considero relevantes. Aparte de esto, y de lo que he podido llevarme a los ojos y oídos del resto de su producción, me han atraído bastante El último mohicano (The Last of Mohicans, 1992); aunque prefiero, claro, la versión muda que hizo Clarence Brown —en colaboración con Maurice Tourneur— de este clásico de la literatura en 1920), El dilema (The Insider, 1999), Collateral (2004) y Enemigos públicos (Public Enemies, 2009), además de la ya mencionada, Heat, mi trabajo preferido del director americano.

El último mohicano (The Last of Mohicans, 1992)

El dilema (The Insider, 1999)
Collateral (2004)
Enemigos públicos (Public Enemies, 2009)

Seguiré, pues, la pista a la sugestiva trayectoria cinematográfica de este cineasta, poseedor de una extraordinaria capacidad visual y un notable vigor narrativo, amén de completar el visionado de los títulos que todavía me falta conocer de su obra. Especialmente, tendré en cuenta aquellos que ustedes tengan a bien recomendarme.




lunes, 12 de noviembre de 2012

UNDERWORLD (1927)




Título versión española: La ley del hampa
Duración: 80 minutos
Nacionalidad: EE UU
Director: Josef von Sternberg
Guión: Charles Furthman, Ben Hecht
Música: Robert Israel (añadida a la versión restaurada 2010)
Fotografía: Bert Glennon
Reparto: George Bancroft, Evelyn Brent, Clive Brook, Fred Kohler, Helen Lynch, Larry Semon, Jerry Mandy
Producción: Paramount Pictures
Premio: Oscar 1927 al Mejor Guión Original


Seguimos en el año 1927…


Cuando sale a colación el tema de las mejores películas de gángsters, o bien el de los títulos fundacionales de este género fundamental en la historia del cine, pocas veces se cita Underworld, producción de Paramount Pictures, dirigida por Josef Von Stenberg. Tampoco suele recordarse como se merece a este gran cineasta de origen vienés. Y si tal cosa ocurre, es para emparejarlo irremediablemente al icono de Marlene Dietrich, con quien, bien es verdad, hizo algunas de sus mejores trabajos. Pero no todos, ni en exclusiva.

En Underworld no sale Marlene. Todavía faltarán tres años para que la Dietrich quede revelada al mundo del celuloide con El ángel azul (Der Blaue Engel, 1930), sobrevolando e iluminando el cielo sobre Hollywood. Por entonces, Stenberg todavía no ha visto pasar un ángel, mas esa no es razón para quedarse inmóvil ni en silencio. De hecho, trabaja mu provechosamente en la etapa del cine mudo. Algunos títulos de este periodo pre-Marlene, son imprescindibles: La última orden (The Last Command) y Los muelles de Nueva York (The Docks of New York), rodadas ambas (junto a otras dos cintas más) en 1928, un año después de realizar Underworld. En esos años, Stenberg está cimentando su carrera cinematográfica a pleno rendimiento y a pasos agigantados.


Marlene todavía no ha levantado el vuelo, ya digo, pero Stenberg ya tiene actores de cabecera, como son Emil Jannings y George Bancroft. Antes de conducir la diligencia por excelencia (la dirigida por John Ford en 1939), el fornido y notable actor George Bancroft arrastra tras de sí una sólida trayectoria, la cual se ve afianzada con Underworld, donde interpreta con gran soltura y convicción a un gángster tan rudo como bonachón, tan bruto como sacrificado.

George Bancroft hace en la película de «Bull» Weed, un atracador de poca monta, asaltante de bancos y joyerías, gracias más que nada a su arrojo y sus arrestos (toca madera ratero, que viene el madero…). Pero de ninguna manera es un bandido o un villano. Tiene una chica a su lado, «Plumas» (Evelyn Brent), quien también le hace cosquillas a «Buck» Mulligan (Fred Kohler), éste sí es un matón y un animal, amigo de lo ajeno (sean dólares o mujeres), aunque en el fondo no tenga amigos, sólo acólitos y compinches; con ese carácter…



«Bull» Weed sí tiene amigos, porque en el fondo, aunque delincuente, posee un buen corazón. Tras robar un banco, se topa en la acera con un mendigo que va haciendo eses, borracho como una cuba. Lo lleva a casa por si un casual tuviese la tentación de hablar más de la cuenta. Pero, «Bull» enseguida descubre que es un tipo de fiar. El vagabundo afirma ser tan silencioso como un «Rolls Royce». Dicho esto «Bull» lo adopta: te llamaré «Rolls Royce» Wensel (Clive Brook). He aquí el comienzo de una gran amistad. Aunque las cosas se complican.



No contaré más del argumento, firmado por el destacado escritor Ben Hecht. Conózcanlo (o recuérdenlo) por ustedes mismos. Estamos, que conste en acta, ante uno de los títulos que inauguran el género gángster por todo lo alto. Con una historia bien trabada, Stenberg se emplea a fondo en la dirección: vibrante y brillante, imaginativa e inteligente, penetrante y sutil. Y es que Stenberg es, por encima de todo, un poeta de la imagen.


¿Y Underworld? Pues nada más y nada menos que una obra maestra del cine.


lunes, 5 de noviembre de 2012

1927



Sigo meditando sobre los años. No, no, tranquilos, no me refiero a los míos, a mi edad, quiero decir. ¡Vaya tema tan antiguo! ¿Será la edad de oro, de plata o de bronce? ¿Años de hierro y plomo? Cómo me pesan las piernas… Antes sí que...

¡Corten! Para nostalgia, ya está el cine. Tras haber puesto hace semanas el foco de atención en el año de gloria cinematográfica 1939, añada maravillosa, deslumbrante e irrepetible —según mi opinión—, indago ahora en busca de nuevas cosechas de primera. En dicha labor, no me basta con encontrar una obra maestra del cine ni fijarme en la fecha del estreno (éste suele ser el criterio habitual en las dataciones y no tanto el año de rodaje) y, hala, a positivar. Reparo, sobre todo, en qué otros títulos  acompañan al masterpiece en la travesía durante ese periodo. Tampoco es suficiente haber hallado dos, tres o aun cinco títulos importantes. Sigo rastreando y anhelo todavía más. Hasta que lo encuentre. Y ahí me planto. Póquer de ases. Lo encontré. ¡Eureka!

1927. En España se estrena la versión muda de La Hermana San Sulpicio, dirigida por Florián Rey e interpretada por Imperio Argentina. En 1952, Luis Lucia realizará un remake con Carmen Sevilla al frente del reparto. En Alemania, con Metrópolis, Fritz Lang conmueve el mundo del cine, mientras, por su parte, Walter Ruttmann filma Berlín: Sinfonía de una gran ciudad (Berlin: Die Sinfonie der Großstadt). Sergei M. Eisenstein en Rusia (por entonces, ya, ay, la URSS) firma Octubre. En Francia, Abel Gance dirige Napoleón. The Lodger: A Story of the London Fog, es una extraordinaria versión libre de la historia de Jack el Destripador, rodada en Inglaterra y dirigida por Alfred Hitchcock; en España, el film fue estrenado con el imaginativo título de El enemigo de las rubias...

Va la cosa bien, ¿verdad? Pues, vayamos ahora a Hollywood.



Es el año del estreno de la primera película sonora, además de hablada y cantada: El cantor de Jazz. Primer hito.


Segundo. Las primeras películas estrenadas en Estados Unidos a lo largo de 1927 (en este caso, también en 1928) sirvieron de base para la primera edición de los Oscar de Hollywood, es decir, los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood. Y el Oscar fue para…

Douglas Fairbanks entrega el Oscar a Janet Gaynor

Alas  (Wings), a la Mejor Película, dirigida por William Wellman para Paramount Pictures; El séptimo cielo (Seventh Heaven), al Mejor Director de Drama (Frank Borzage); Hermanos de armas (Two Arabian Knights), realizado por Lewis Milestone se lleva el premio al Mejor Director, categoría Mejor Comedia. Tal distinción drama-comedia desaparece en la siguiente edición.

Es justo hacer constar que el Oscar Honorífico lo recibió la Warner Bros por haber producido El cantante de jazz, oficialmente considerado el primer film sonoro de la historia del cine y Charles Chaplin, por interpretar, escribir el guión, producir y dirigir El circo (este trabajo ya es de 1928, año de la entrega de estatuillas).

En aquel tiempo, daba gusto seguir la ceremonia de entrega de los Oscar, ¿verdad?

Como no sólo de Oscar vive el cinéfilo, repasemos algunas de estas películas junto a otras de no menor categoría. Cosecha 1927, recuerden. Estamos en los últimos momentos del cine mudo. ¿Hay en la etapa silente del cine otro año que pueda igualar o incluso superar a éste? Tómenselo con calma y paladeen cada trago.


Alas (Wings), producida por Paramount Pictures, dirigida por William A. Wellman e interpretada por Clara Bow, Richard Arlen y Charles «Buddy» Rogers.


Amanecer (Sunrise), producida por la Fox, dirigida por F.W. Murnau e interpretada por Janet Gaynor y George O’Brien.


El cantor de jazz (The Jazz Singer), producida por la Warner Bros., dirigida por Alan Crosland e interpretada por Al Jonson y May McAvoy.


Love, producida por la MGM, dirigida por Edmund Goulding e interpretada por Greta Garbo y John Gilbert.


El séptimo cielo (Seventh Heaven), producida por la Fox, dirigida por Fran Borzage e interpretada por Janet Gaynor y Charles Farrell.


King of The Kings, producida y dirigida por Cecil B. DeMille e interpretada por H. B. Warner y Dorothy Cumming.



Hotel Imperial, producida por Famous Players-Lasky, dirigida por Mauritz Stiller e interpretada por Pola Negri y James Hall.



Eso (It), producida por Paramount Pictures, dirigida por Clarence G. Badger e interpretada por Clara Bow y Antonio Moreno.



The Cat and the Canary, producida por la Universal Pictures, dirigida por Paul Leni e interpretada por Laure La Plante y Forrest Stanley.



Garras humanas (The Unknown), producida por la MGM, dirigida por Tod Browning e interpretada por Lon Chaney y Joan Crawford.


Confío en que sean todas las que están. Lo seguro es que dejo fuera de la lista algún título memorable. Pero, es que si añado algún otro más, hay riesgo que embriagarse…

No, no me he olvidado del film Underworld (La ley del hampa), dirigido por Joseph von Stenberg. De este título nos ocuparemos, justamente, la semana próxima aquí, en Cinema Genovés.


lunes, 29 de octubre de 2012

HELLO, HALLOWEEN…




Semana de Todos los Santos. Vísperas de la noche de difuntos. Por cierto, otro «puente» festivo a la vista. Otro más. Y este año van ya… No es que la perspectiva dé miedo. Para muchos, significa más tiempo «libre» para pensar cómo pasa el tiempo o cómo pasar el tiempo. 

Es que uno piensa en estas fechas en relación con el cine, y, hala, le sale enseguida la imagen de Halloween. No, tampoco me quejo de esto. No soy de natural quejoso, ni tampoco de esa clase de puristas y aprensivos, recelosos y timoratos, muy mirados de sí mismos (cuando les interesa), políticamente correctos, que retroceden ante la presencia de celebraciones y costumbres venidas de fuera, extranjeras, foráneas, extrañas. En especial, cuando proceden de América. ¡Oiga usted, querrá decir «de Estados Unidos»! Bueno, como quiera, no se ponga así, caramba, que me asusta…

En estos días de máscaras y mascaradas, de truco o trato, de disfraces y caretas, parece oportuno un homenaje cinematográfico al terror. No hemos dedicado muchas entradas en Cinema Genovés a películas de esta clase. Será porque no son de mi predilección. No sé cuántas habrá; entradas, digo. Pero sí una en particular resultó muy celebrada por el público, al que tanto quiero y que tanto me quiere. Me refiero a Terror tras la puerta. En realidad, bastantes de los films que podríamos evocar esta semana en este espacio ya fueron allí seleccionados con la marca de lo siniestro y aterrador.

Cuando yo de niño iba al cine, los films tenían género. Por aquellos años no puede decirse que teníamos de todo. Lo mismo ocurre hoy. Pero de eso sí teníamos. Sólo que a las películas no las llamábamos «films», sino «películas», tal cual. Las distinguíamos por clases o temas con nombres propios, y tal vez más apropiados que ahora. Antaño decíamos que íbamos a ver una película «de risa», o «de indios y vaqueros» (por ese orden, no sé por qué), o «de policías y ladrones» (lo mismo digo), o «de piratas», o «de romanos», o «de espadachines», y cosas así. Películas «de amor» (o «de besos») veíamos pocas. No eran toleradas.

También veíamos películas «de miedo». A ésas sí nos dejaban entrar al cine. Sin embargo, los primeros recuerdos que tengo de historias de miedo provienen de la televisión. Echaban un programa por aquellos días del siglo pasado que me daba pavor: Historias para no dormir, de Narciso Ibáñez Serrador. El título de aquella serie era muy preciso y anticipatorio, tanto que mis padres no solían dejarme ver los episodios que se emitían cada semana. En esos casos, cuando la cosa se ponía fea, yo me iba a la cama, muerto de miedo, pensando en las narraciones escalofriantes que me estaba perdiendo. Hasta que el sueño me vencía. Asimismo, recuerdo muy bien las películas de Drácula y de Frankenstein.


Con el paso del tiempo, de mayor (esto sí que alarma), cuando el cine de miedo ha llegado a llamarse «de terror», no he seguido mucho el género. Con todo, sí referiré en este momento cinco títulos, cinco nada más, para no impresionarme mucho, que siguen poniéndome los pelos de punta. Ya verán que, en realidad, pocos de ellos cabría encuadrarse sensu stricto en el género en cuestión. Tampoco deseo elaborar un Top Five. Y es que el ámbito del horror —lo mismo que el del humor— es tan particular…

Lirios rotos (Broken Blossoms, 1919, dirigida por D. W. Griffith. Melodrama en estado puro, contiene una de las secuencias, a mi juicio, más pavorosas de la historia del cine. Pocos actores —o actrices, como es éste el caso— han mostrado con tanto realismo la auténtica cara del horror como aquí nos lo demuestra Lillian Gish.


Nosferatu (1922), film dirigido por F. W. Murnau. Nunca el condenado Drácula me ha dado tanto miedo como en esta cinta.


Freaks (La parada de los monstruos, 1932), una película dirigida por Tod Browning. Digo «película» cuando debería decir «pesadilla».


El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, 1991), cinta dirigida por Jonathan Demme. Dejando al margen las escenas «de susto», la historia es aterradora como pocas. Y esa mirada de Anthony Hopkins



La lista de Schindler (Schindler's List, 1993), producto tramposo, como todos los que dirige Steven Speilberg, pero que recrea con talento cinematográfico el horror más insoportable: aquel que ha ocurrido realmente y puede volver a ocurrir. Porque el Holocausto es la expresión más patente del Mal Radical.

 


Aunque para pasárselo realmente bien en Halloween ante la pantalla, siempre puede uno recurrir a un clásico moderno: Pesadilla antes de Navidad (The Nightmare Before Christmas, 1993), dirigido por Tim Burton. Después de todo, Halloween viene en el calendario antes de la Navidad…