Título
original: He Who Gets Slapped
Duración: 83 minutos
Nacionalidad: EE UU
Director: Victor Sjöström
Guión: Victor Sjöström y Carey Wilson, a
partir de la obra teatral de Leonid Andreyev.
Fotografía: Milton Moore
Música: William Axt (versión restaurada)
Reparto:
Lon Chaney, Norma Shearer, John Gilbert, Tully Marshall, Marc McDermott, Ford
Sterling, Bela Lugosi.
Producción: Metro-Goldwyn-Mayer
Ya
hemos tenido oportunidad en Cinema
Genovés de hacernos eco del cine realizado por Victor Sjöström, en concreto examinando uno de sus mejores trabajos
y, al mismo tiempo, uno de los títulos señeros de la historia del cine: El viento (The Wind, 1928). Y es que sin exageración alguna, sépase que
estamos hablando de un personaje number
one de la cinematografía mundial. El director sueco de nacimiento, criado y
crecido en Nueva York, nos ha legado una producción notabilísima, tanto en su
etapa en América como en Europa. Un cineasta total, cuya obra,
desgraciadamente, es todavía conocida y valorada por pocos.
Victor Sjöström fue Victor Seastrom en
Hollywood. Con este nombre firmó los primeros títulos realizados en
los estudios norteamericanos. Y no pudo comenzar con mejor pie. En 1924 rueda Name the Man para la
productora de Louis B. Mayer. El mismo año, un nuevo estudio cinematográfico ve
la luz: Metro-Goldwyn-Mayer.
El
título elegido para inaugurar la singladura de la nueva corporación es He
Who Gets Slapped. Gran estreno mundial, de estudio y de película. La
compañía recupera para la ocasión un antiguo logo dormido, Leo el León. Ahora, se despierta y ruge. No para asustar a nadie
sino para dar la bienvenida al público espectador, para que pasen y vean el gran
espectáculo cinematográfico.
En el
reparto del film brillan las crecientes luminarias del nuevo estudio: Lon Chaney, Norma Shearer y John Gilbert. Artistas ya célebres
aunque todavía en los comienzos de su carrera. Tras la cámara, un director
sensible y riguroso: Victor Sjöström. Basado el guión en la obra teatral del
escritor ruso Leonid Andreyev, la
historia no puede ser más emotiva y conmovedora, dura y cruda, como la vida
misma.
El
investigador Paul Beaumont (Lon Chaney) anuncia a su (presumible)
protector el Barón Regnard (Marc McDermott) y a su (presuntamente
fiel) esposa (Ruth King), que, tras
años de estudio y experimentación, acaba de llegar al gran descubrimiento
científico labrado durante años de trabajo. El valedor del científico, más que
bienhechor o filántropo es, en realidad, un
padrino, modelo Corleone. No contento con robarle la esposa, el
muy Barón perpetra un plan para hacerse también con la fórmula mágica recién hallada,
o sea, la baronía colindante de aquel buen hombre.
El
amigo truhán guarda el secreto del incauto sabio (valga la paradoja) hasta el
día de ser anunciado formalmente ante la Academia y los colegas, donde
oficiará de presentador. Mas, oh, sorpresa, el Barón se presenta ante los asistentes como el único artífice del hallazgo. En reconocimiento, recibe los aplausos del público. El verdadero profesor, chiflado, enloquecido por efecto
de la trampa, protesta, y tras encararse con el usurpador, recibe, plash, una bofetada en presencia del respetable, el cual
celebra el hecho con jolgorio general, aunque muy poco respetuoso.
A partir de ese instante, el bueno de
Beaumont comprende su fatal destino: vestirse de payaso, enrolarse en la troupe circense y erigirse en el
personaje que hace las delicias del gentío espectador, el que recibe las
bofetadas de todos sus colegas de profesión. Otra vez. Para siempre.
En la
compañía hacen sus pinitos (no Pinito del Oro, aun falta tiempo para eso) dos
jóvenes jinetes Consuelo (Norma Shearer) y Bezano (John Gilbert),
quienes cabalgan juntos, uno más convencido de la cabalgada que la otra. HE, como es conocido el descubridor, oculto ahora en el disfraz de
clown, ama secretamente a Consuelo, cuyo nombre contiene también el significado
de un amor transferido. Pero, puestas así las cosas, no pueden acabar bien. Para conocer el final, pasen y vean el
mayor espectáculo del mundo. Aplausos, plash, plash.
Victor Sjöström
lleva a cabo un extraordinario trabajo, pleno de imaginación y de sugerencias, en
el que la narración es marcada (no enfatizada) con insertos de gran fuerza
dramática y muy significativos. La
importancia del montaje en la producción de un film ya había sido vista e inaugurada
por D. W. Griffith. También por la cinematografía rusa de comienzos del siglo XX.
El
espectador atento advertirá las importantes influencias que tendrá este film en
la obra de directores insignes, por ejemplo, Tod Browning, quien en The
Unkown (1927) y Freaks (1932) recreará, con su
particular estilo, el universo de Sjöström, los fantasmas y las pesadillas, las
glorias y las miserias del planeta humano, que gira y gira siempre hacia un mismo sentido. Con sentido y sin él.


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