Título original: Tucker:
the Man and His Dream
Año: 1988
Duración: 130 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Francis Ford Coppola
Guión: Arnold
Schulman, David Seidler
Música: Joe Jackson
Fotografía: Vittorio
Storaro
Reparto: Jeff Bridges,
Joan Allen, Christian Slater, Martin Landau, Frederic Forrest, Lloyd Bridges, Dean
Stockwell, Sophia Coppola
Producción: Paramount Pictures / Lucas Films
Formulo a los amigos y visitantes de Cinema Genovés una cuestión muy
concisa. Algo así como un juego. Si fácil o difícil de responder, se verá. Yo
digo un nombre y ustedes, a continuación, los restantes: diez títulos en los que la imagen del empresario o emprendedor quede
bien parada, en los que sea el héroe de la película. Es decir, que no
aparezca, como es habitual, haciendo de explotador y sanguijuela, de egoísta y
marrullero, de brutal e insensible, de una mala persona, en fin, que no piensa
en otra cosa que no sea ganar dinero, y nada más. Atributos notorios que los
diferencia del resto del mundo…
¡Venga, a jugar…! Yo digo, Tucker, el hombre y su sueño.
Diez, diez, diez, respondan de una vez. [Silencio]. Ánimo, diez… [Silencio]. Bueno, dejémoslo en cinco. [Silencio] ¿He dicho «cinco»? Vale, me basta con uno. Ya está… ¿Por
qué sucederá tal cosa?
Esta juguetona presentación hace ocioso inquirir a
continuación por qué esta cinta de
Francis Ford Coppola suele citarse tan poco, una cinta en la que, vale
decir, el añadido de «Ford» remite en esta ocasión tanto al más grande director
de cine de todos los tiempos (John) cuanto al célebre fabricante norteamericano de
automóviles (Henry).
[Voz
en off]
«TUCKER,
EL HOMBRE Y SU SUEÑO. Es posible que nunca haya oído hablar de Preston Thomas
Tucker... Soñador. Inventor. Visionario. Un hombre adelantado a su tiempo. Bonito,
¿verdad? El coche del Sr. Tucker lo tiene todo...Ventanas de seguridad, Motor
trasero. Oh, pero me estoy adelantando a mi historia…»
Recién acabada la Segunda Guerra
Mundial, Preston Tucker, ingeniero, empresario, emprendedor, tiene un sueño. Tras la estela de Benjamin Franklin, Alba
Edison y Howard Hughes, entre otros, Tucker anhela fabricar un coche como no se
haya hecho jamás antes. Un automóvil de diseño revolucionario, seguro para
los ocupantes y barato. He aquí el sueño. He aquí el delito. Ecce homo.
No al final del proyecto, mas sí al
inicio, hay un verdadero tesoro: ideas, voluntad y esfuerzo; espíritu de trabajo
en equipo; la familia y todos aquellos locos idealistas que estén dispuestos a
producir estos locos cacharros. Unos valores tradicionales alentados por el
sentido de la independencia y el individualismo. ¿Me siguen...?
Como no podía esperarse lo
contrario, este sueño se enfrenta a unos
poderes muy factuales y efectivos: las grandes marcas de Detroit, beneficiadas
por el poder político en Washington. Si quieres patentes, materias primas para
producir, financiación, debes pagar la cuota correspondiente a la clase
política que vigila por el bien público y tal.
Toda la fuerza y la coacción del Estado caerán sobre ti, si pretendes ir por
libre… Esto ocurría ayer y esto ocurre hoy en el viejo mundo y también en
el nuevo mundo. Aunque, por lo menos, en América surgen, de vez en cuando, hombres como Tucker, dispuestos a
defender sus derechos, no simplemente a exigirlos. Hombres también como Francis Ford Coppola.
A ningún buen observador se le escapa el
dato de que Coppola está llevando aquí a la pantalla su propia vida, su propio
sueño. Igualmente, como los grandes creadores, es megalómano, ambicioso,
innovador, temerario, decidido. Juega al cine y arriesga. No con el dinero de
los demás, del contribuyente, sino con el suyo propio. Ganas o pierdes. He aquí
la apuesta. Coppola se juega la propia productora —Zoetrope —, quebrada tras el
fracaso estrepitoso de Corazonada (One from the Heart,
1982).
En Tucker,
está Francis, soñador y quijote. En Tucker, está Ford, rodeado de la familia, la pequeña comunidad, el equipo fiel,
resistiendo los ataques de los «salvajes», los arribistas, los pendencieros, la
gente sin escrúpulos; y aquí tienen un papel que cumplir (al que homenajear)
miembros de la familia: Sofia, hija del director, y Lloyd Bridges (Senador
Homer Ferguson), padre del actor protagonista, Jeff Bridges (Preston Tucker). Y
en Tucker,
está Coppola, dirigiendo con garra,
imaginación y brillantez la épica y la tragedia del héroe.
No se pierda este film, quien todavía no
lo haya visionado. Una película basada en hechos reales. Y no estoy hablando
ahora de Francis Coppola. Más Ford que
nunca…
DIÁLOGOS Y
TÍTULOS FINALES (NO PERDERSE TAMPOCO LOS DE CRÉDITO, CON FOTOGRAFÍAS
DEL TUCKER REAL)
Abe
(Martin Landau).- La compañía Tucker
Motor está muerta. Nunca serán hechos más coches.
Tucker.- Los hicimos.
Abe.- Cincuenta.
Tucker.- Bien, ¿cuál es la diferencia, cincuenta o cincuenta millones? Es
solamente maquinaria. La idea es lo que cuenta, Abe...Y el
sueño.
Eddie
(Frederick Forrest)- ¿Qué harás
ahora?
Tucker- Si pudiera entender cómo hacer estas
neveras de queroseno lo suficientemente baratas para que la gente pobre pueda
permitírselas. Lo suficientemente grandes para dos botellas de leche. Eso es
todo. Para que sus niños no tengan raquitismo, ¿ves? ¡Sujeta a ese tigre!
Todos.- ¡Sujeta a ese tigre! ¡Sujeta a ese tigre! [Sólo
viendo la película puede entenderse este «grito de guerra»]
[Voz
en off]
«A pesar de que solo se produjeron cincuenta
Tuckers, cuarenta y seis de ellos funcionan. Las innovaciones aerodinámicas de
Tucker, el acolchado, las ventanas de seguridad, los cinturones de seguridad,
la inyección de combustible y los frenos de disco, fueron adoptados por Detroit y se encuentran
en los carros actuales. Preston Tucker murió seis años después del juicio, pero
sus ideas vivirán por siempre.»







































