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lunes, 23 de abril de 2012

CINE Y LIBROS


En Cinema Genovés dedicamos nuestro espacio al cine y al libro. Nos sumamos de esta manera a las conmemoraciones relacionadas con la gran fiesta de los libros que tiene lugar en estas fechas.

Hemos seleccionado para la ocasión algunos fotogramas de películas en las que el libro, si no es exactamente el protagonista, sí al menos salta a la vista. Sea porque sirve de escenario, ambiente, motivo o simple pretexto. Sea a propósito de librerías, bibliotecas públicas y privadas, y escenas de lectura. 

Hemos reservado para la apertura una imagen especialmente entrañable en esta casa: es la biblioteca del profesor Higgins que uno siempre ha deseado tener en su propio hogar. Si hay libros de cabecera, no pueden faltar las imágenes de cabecera. La nuestra, como todo el mundo sabe, pertenece a la película My Fair Lady (1964).

Pasen, pues. Vean y lean.

El moderno Sherlock Holmes (Holmes, Jr, 1924)

Blackmail (1929)

El cantar de los cantares (The Song of Songs,1933)



Bluebeard's Eighth Wife (La octava mujer de Barba Azul, 1938)


A Chump at Oxford (1940)

La sombra de una duda (Shadow of a Doubt, 1943)

 El sueño eterno (The Big Sleep,1946)


Farenheit 451 (1953)


Una cara con ángel (Funny Face, 1957)


Hannah y sus hermanas (Hannah and her Sisters, 1986)

El nombre de la rosa (Der Name der Rose/Le nom de la ros, 1986) 


 84, Charing Cross Road (1987)


 Cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin, 1987)

 The Pillow Book (1996)

Notting Hill (1999)

Salucines, buenos libros y mejor compañía.



lunes, 16 de abril de 2012

THE COCOANUTS (1929)



Título en español: Los cuatro cocos
Año: 1929
Duración: 96 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Dirección: Joseph Santley, Robert Florey
Guión: Morrie Ryskind (basado en la obra de Edward S. Kaufman)
Música: canciones de Irving Berlin
Fotografía: George Folsey
Reparto: Groucho Marx, Harpo Marx, Chico Marx, Zeppo Marx, Margaret Dumont, Kay Francis, Oscar Shaw, Mary Eaton, Basil Ruysdael, Cyril Ring
Producción: Paramount Pictures


Quien pretenda contar, resumir o reseñar una película de los Hermanos Marx está para que le encierren… en un camarote con cuatro cocos de remate. Un film de los Marx Brothers es para visionarlo una y otra vez, para verlo y no creerlo, para tomárselo a broma, para pasárselo en grande.Y déjense de cuentos...

Las películas de los Marx Brothers, con Groucho a la cabeza, aunque no sea el hermano mayor, son para ser escuchadas, para seguir los diálogos que contienen línea a línea, aunque no al pie de la letra; por lo general, son diálogos con segundas… Las películas de los Hermanos Marx son vistas para, luego, leerlas.

Transcribo a continuación algunos momentos especialmente hilarantes de una de las películasde los Hermanos Marx con mejores diálogos, The Cocoanuts (Los cuatro cocos, 1929). Todavía trabajaban para la Paramount Pictures, antes de pasar a la Metro-Goldwyn–Mayer. Por entonces protagonizan una comicidad salvaje y desatada; el principio de la entropía llevado al humor. Salve y ustedes lo pasen bien…




The Cocoanuts, 1928 [Broadway]: Harpo (como Sam) y Chico (como Willie the Wop) en el escenario junto a Basil Ruysdael (como detective Hennessey)





El director del hotel/Sr. Hammer (Groucho) es abordado por sus empleados:

Portavoz de los empleados del hotel.- Queremos verle, Sr. Hammer.
Hammer (Groucho). ¿Cuál es el problema? ¿Pagó alguien la cuenta?
Portavoz.- Queremos nuestro dinero.
Hammer.- Sí… Dinero… ¿Queréis vuestro dinero?
Portavoz.- Queremos la paga.
Hammer.- Ah, conque queréis mi dinero… ¿Os parece bonito? ¿Acaso quiero yo vuestro dinero? Suponed que los soldados de George Washington hubieran pedido dinero. ¿Qué sería hoy de este país?
Portavoz.- Pues lo pidieron.
Hammer.- ¿Y dónde está Washington ahora? No, muchachos, no. El dinero nunca os dará la felicidad y la felicidad nunca os dará dinero. Esto debe ser sarcasmo, pero lo dudo.
Portavoz.- ¡Queremos nuestro dinero!
Hammer.- Os prometo otra cosa. Uníos conmigo, trabajad duro y olvidad el dinero. ¡Hagamos juntos de este lugar un hotel decente! Voy a comprar papel de escribir para el hotel y el próximo año, si os portáis bien, podremos comprar sobres. Pondré sábanas en todas las habitaciones, sin cargo extra. Pensad… Pensad en las oportunidades que hay aquí en Florida. Hace tres años llegué a Florida sin un centavo en el bolsillo. Y ahora tengo un centavo en el bolsillo.
Portavoz.- Eso está muy bien, Sr. Hammer, pero llevamos dos semanas sin cobrar y queremos nuestro salario.
Hammer .- ¿Salario? ¿Quieren ser esclavos del salario? ¡Respondedme a eso!
Portavoz.- ¡No! 
Hammer.- Claro que no. Bien, ¿qué consiguen los esclavos del salario? Salario. Yo, en cambio, quiero que seáis libres. ♫ Recuerden que no hay nada como la libertad, excepto Collier y el Saturday Evening Post ♫. Sed libres, amigos míos. Uno para todos y todos para mí. Yo para ti, tres por cinco y seis por un cuarto…




Encuentro entre la señora Potter (Margaret Dumont) y Hammer:


Sra. Potter: ¿Cómo está usted, señor?
Hammer: ¿Por qué no silba en el cruce? Es usted precisamente la mujer que andaba buscando. Y ahora, le guste o no, voy a hablarle de los bienes raíces en Florida. Es usted la primera persona a quien hablo de esto… hoy.
Sra. Potter: Lo siento, Sr. Hammer, pero tengo prisa…
Hammer: ¿Sabe que el valor de la propiedad ha aumentado un mil por ciento desde 1929? ¿Sabe que es el incremento más exuberante desde Sophie Tucker? ¿Sabe que Florida es el lugar más espléndido de América y Cocoanut Manor el lugar más sórdido de Florida?
Sra. Potter: Me habló de ello ayer…
Hammer: Lo sé, pero olvidé una coma. Mire, casualmente tengo aquí la exclusiva de una subasta en Florida. Debe ir. Allí encontrará diversión, sándwiches y subastas. Si no le gustan las subastas podemos hacer un contrato ahora mismo. Aquí está… Cocoanut Manor… Cuarenta y dos horas ho­ras desde Times Square en tren. Mil seiscientas millas a vuelo de cuervo y mil ochocientas a vuelo de moscardón. Ahí estás… Cocoonut Minor, gloria del desagüe de América y cloaca de Florida. Es el distrito resi­dencial más exclusivo de Florida. Nadie vive en él. Y el clima... Pregúnteme por el clima, ande.
Sra. Potter: Muy bien… ¿Cómo es el…?
Hammer: Me alegra que me haga esa pregunta. Nuestro lema es: «Cocoanut Beach, ni nieve, ni hielo, ni preocupaciones». ¿Sabe que Florida es el mayor Estado de la Unión?
Sra. Potter: ¿Lo es?
Hammer: Le ofrezco su clima… No, el clima ya está ofrecido… Le ofrezco sus frutos… Le ofrezco sus peras limoneras… Tome todas sus peras limoneras y quédeselas, mire si la aprecio. ¿Sabe cómo se hacen las peras limoneras?
Sra. Potter: No tengo la más ligera idea…
Hammer: ¿Sabe que a veces requiere años juntar la pera y el limón? No se gustan el uno al otro.
Sra. Potter: ¿No?
Hammer: No. ¿Sabe que muchas peras limoneras son enviadas fuera del Estado cada año y que no vuelven?
Sra. Potter: Creo que no.
Hammer: Todo el mundo puede echarles el guante. Florida alimenta a la nación entera, pero nadie me alimenta a mí, y de esto es de lo que quiero hablarle.
Sra. Potter: Sr. Hammer…
Hammer: Otra cosa. Le ofrezco nuestra producción ganadera. Oh, no es nada personal, pero aquí tenemos la producción ganadera ideal. Tene­mos cuernilargos, cuernicortos y calzadores de cuerno.
Sra. Potter: Sr. Hammer, ¿querrá dejarme decir algo, por favor?
Hammer: A mí me parece un buen negocio, y aquí hay algo más que quie­ro someter a su consideración. ¿Dónde le gustaría estar cuando cumpla los sesenta y cinco? O sea, dentro de unos tres meses…
Sra. Potter: Si fuera comprar, preferiría algún lugar como Palm Beach.
Hammer: ¿Palm Beach?!La Atlantic City de ayer y la ruina de mañana! ¿Sabe que la población de Cocoanut Beach ha doblado la semana pasada?
Sra. Potter: ¿Ah, sí?
Hammer: Han nacido tres bulldogs y estamos esperando una cabrita para mañana.
Sra. Potter: Lo lamento, pero tengo prisa; debo irme.



Hammer recibe la llamada telefónica de uno de los huéspedes del hotel:



Hammer: ¿Diga? Sí. ¿Agua helada en la 318? ¿Cómo es eso? ¿De dónde la ha sacado? Ah, ¿que quiere un poco? Oh, eso es diferente. ¿Tiene algo de hielo? No, yo no tengo. Esto es Cocoanut Beach. Ni nieve, ni hielo. Consiga algunas cebollas y obtendrá agua de sus ojos. ¿Qué? Lo mismo le digo…


Hammer recibe dos nuevos clientes, Chico y Harpo:


Hammer: Caballeros, ¿cómo están ustedes? Vengan, vengan. ¿Qué desean?
Chico: Le enviamos un telegrama.
Hammer: Oh, ¿son ustedes los que enviaron ese telegrama?
Chico: ¿Cómo está usted?
Hammer: Vaya, qué coincidencia. Yo también suelo enviarme telegramas. Y ahora, ¿en qué puedo servirles?
Chico: Queremos hacer una reserva.
Hammer: ¿Una reserva?
Chico: Sí. Queremos una habitación, pero sin baño.
Hammer: Oh, comprendo. Vienen a pasar el invierno. Bueno, pasen por aquí y veré lo que se puede hacer.
Chico: Muy bien. Nos quedaremos para el verano también.
Hammer: Lo siento, muchachos, pero no tenemos habitaciones vacías.
Chico: ¿No?
Hammer: Todo lleno.
Chico: De acuerdo, entonces tomaremos una habitación.
Hammer: ¿Quieren una habitación?
Chico: Pues claro. Tomaremos una ocupada.
Hammer: Botones, lleva el equipaje de los caballeros. Eh, eh, ¿sabe que esa maleta está vacía?
Chico: No importa. La llenaremos antes de irnos.
Hammer: Lo harán, ¿eh? Bien, la vaciarán antes de que yo me vaya. Bueno, ¿les gustaría una suite en el tercer piso?
Chico: No. Prefiero algo más bajo. La altura me produce vértigo.
Hammer: Pues tendrá que contentarse con el sótano. Si llega a un acuerdo con las ratas.


Escena de amor grouchiana entre el Hammer y la señora Potter:


Hammer: ¿Le han dicho alguna vez que se parece al Príncipe de Gales? No me refiero al actual Príncipe de Gales, sino a uno de los viejos. Y créame que cuando digo Gales quiero decir Gales [Wales]. Reconozco a una ballena [whale] cuando la veo. ¿Dice que su habitación es la 380? ¿Sabe? Soy el propietario de este hotel y tengo una llave maestra de cada habitación.
Sra. Potter: ¿Una llave maestra?
Hammer: Bueno, las llaves también tienen derecho a un poco de instrucción, ¿no cree? ¿Y si encontrásemos una pequeña casita? Sé dónde podemos encontrar una, pero a lo mejor los que viven en ella no quieren irse. Pero si pudiésemos encontrar una linda casita desocupada, sólo para usted y yo, donde pudiéramos arrullarnos y pelearnos [bill and cow]… No… Quiero decir, donde fuésemos el toro y la vaca [bull and cow].
Sra. Potter: ¿Sabe lo que está diciendo?
Hammer: Le aseguro que no es lo que estoy pensando. Lo que quiero decir es…. Si tuviésemos una linda y pequeña casita, y usted estuviera dentro y yo fuera, intentando entrar, o dentro intentando salir, o usted dentro intentando salir y yo arriba… La veo delante de la cocina. Pero entonces lo que no veo es la cocina… Si no tiene noticias mías antes del viernes puede olvidar todo esto.
Sra. Potter: Me parece que no entiendo…
Hammer: Quiero decir... Sus ojos… Sus ojos brillan como unos pantalones de tela azul.
Sra. Potter: ¿Qué? ¿Cómo se atreve…?
Hammer: No es un juicio sobre usted, sino sobre los pantalones. Quiero decir que si tuviésemos una bonita casita… Ya lo veo yo regresando del trabajo y usted esperándome en el umbral…  No.  Mejor usted volviendo del trabajo y yo esperándola en el umbral… Remontamos juntos el sendero y entramos en casa. Las cortinas están echadas, las luces bajas, y entonces… ¿Está segura de que su marido murió?
Sra. Potter: Claro que sí.
Hammer: Advierto un deje de incertidumbre en ese «sí». ¿Sabe?, cierta vez, un «sí» como ése fue la causa de que tuviera que saltar por una ventana, y yo no suelo saltar por las ventanas. ¿Qué le parece si nos vemos esta noche, a la luz de la luna? Oh, ya las veo. Usted y la luna. Lleve corbata para que pueda reconocerla.





lunes, 9 de abril de 2012

EL ÚLTIMO HURRA (1958)



Título original: The Last Hurrah
Duración: 121 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: John Ford
Guión:Frank S. Nugent
Música: Miklós Rozsa
Fotografía: Charles Lawton Jr.
Reparto: Spencer Tracy, Jeffrey Hunter, Dianne Foster, Basil Rathbone, Pat O'Brien, Donald Crisp, James Gleason, John Carradine, Edward Brophy, Ricardo Cortez, Jane Darwell
Producción: Columbia Pictures


¿Quién ha dicho que John Ford es ante todo un director de películas del Oeste? Pues el mismo Ford lo dijo en público. Vale, pero es no tan sólo un director de películas del Oeste. Quienes estén familiarizados con la persona y el personaje, sabrán que las declaraciones del más grande cineasta de la historia hay que tomarlas con suma reserva; con reserva comanche, estaría tentado a decir, y de hecho, he dicho. Cuando habla Ford retumba la voz de la leyenda, la que se publica y pregona. La verdad, y nada más que la verdad, está inserta en los films dirigidos por John Ford, los westerns y los de cualquier otro género. Dejémonos, pues, de explicaciones y cuentos, y vayamos a los hechos.


Esta semana deseo dedicar el espacio en Cinema Genovés a El último hurra (The Last Hurrah, 1958), un título por el que tengo especial predilección. ¿Dónde ubicarlo en el conjunto de la obra de Ford? Suele encuadrarse en el género del drama político. Pero semejantes clasificaciones resultan fútiles referidas a este genio fuera de lo común. En primer lugar, porque el cine de Ford constituye la síntesis perfecta del drama y la comedia materializada en un mismo film, gesta realizada sin solapamientos, sin brusquedades, de la manera más natural jamás vista. En segundo lugar, porque Ford nada detestaba tanto como el mundo de la política. Entonces, ¿qué?  


El último hurra representa la despedida de la política que hace el director para no entrar en política… Algunos motivos por los que este título suele dejarse en el rincón del salón de proyecciones, por los cinéfilos tal vez olvidado, tienen que ver con el idealismo que contiene y el pobre conocimiento que demuestra el realizador del mundo de los políticos y las campañas electorales. Que los hechos, en fin, van por un lado, y Ford por la otra dirección.


Con semejante crítica no podría hacerse mayor halago al trabajo de Ford. Por lo demás, siempre que nos acercamos a los films del cineasta nacido en Maine queda patente una neta evidencia: en ellos nada es lo que parece. Lo que cabría interpretar como falta de rigor o superficialidad, en Ford significa calculada indeterminación, intencionada imprecisión. Dicho esto, pequeña enmienda a lo afirmado anteriormente. Sí hay algo que Ford detestase más que la política: ser tomado por un intelectual.

Ford sabe de lo que habla, rueda y filma, porque la mirada que proyecta en la pantalla apunta a lo sustancial del género humano, la parte inmortal del hombre, los valores que nunca cambian, la realidad permanente, los sentimientos que con el paso de los siglos cambian de indumentaria y atavío, mas no de naturaleza.


Destacados en un fuerte del Séptimo de Caballería, yendo a la busca del paraíso perdido en la vieja Irlanda, situados en una misión en China o en plena contienda electoral en Nueva Inglaterra, los personajes fordianos poseen una dimensión universal. Las historias en que intervienen afectan a los grandes temas de la humanidad: la familia y la cohesión social, el amor y la amistad, la lealtad y la traición, la vida y la muerte. Y sobre la muerte, más que sobre la política o cualquier otro asunto particular, trata El último hurra, la última campaña, la última misión, el último suspiro del hombre.
 
La estructura del film descansa sobre dos largas secuencias centrales —el velatorio de Knocko, viejo conocido del alcalde, y la propia muerte (que no agonía ni extinción) del protagonista—, las cuales llenan más de la mitad de la cinta. En ambos casos, escenas tremendamente conmovedoras combinan intachablemente con situaciones cómicas. Marca de la casa. Dirigido por John Ford.



Dos personajes de El último hurra  se me antojan centrales en la trama: «Ditto» Boland (Edward Brophy) y Frank Skeffington Jr. (Arthur Walsh). El primero es el fiel escudero del alcalde, un Sancho sencillo y llano, pero que daría, literalmente hablando, la vida por el jefe. Por su parte, el único hijo del mayor es un irresponsable y un tarambana; pasa por delante del retrato de la madre fallecida sin siquiera dedicarle una mirada, imagen sagrada para el padre, quien renueva a diario la flor del jarrón, como quien reanima permanentemente el recuerdo del amor eterno. 


En la secuencia del último y largo adiós de Skeffinton a quienes les han acompañado en vida, las respectivas despedidas de Ditto y de Junior adquieren un especial relieve. En ambos momentos, el entero y firme alcalde se quiebra y emociona hasta desfallecer... ¿Por qué precisamente ellos dos, individuos inocentes y cándidos, dos tipos infantiles e ilusos, quienes parecen no enterarse de qué pasa en la existencia de Skeffigton? Precisamente por eso. Porque ellos, tipos como ellos, y poco más, aparte de los recuerdos, es lo nos queda en la vida.


The Last Hurrah es un film que me emociona hasta las lágrimas cada vez que le reservo un nuevo pase. En concreto, la secuencia final, el ascenso del cortejo fordiano hacia las alturas, allí donde Frank Skeffington (Spencer Tracy), su excelencia, «your honor», consumida su última oportunidad, se eleva a los cielos.  

El último hurra. John Ford y Spencer Tracy juntos. ¡Qué más se puede pedir! Aunque no sea una película del Oeste.







lunes, 2 de abril de 2012

DE BRUCES, CRUCES Y PIEDADES


La iconografía inspirada en la Pasión de Cristo ha tenido gran reflejo e impacto en las más diversas artes, con unos resultados, por lo general, excelentes. En referencia a la Crucifixión, y por lo que hace a la pintura, los modelos están en la mente y la retina de todos. Entre los clásicos, ocupando un lugar preeminente, las tablas de la ley artística de Giotto.



Sin olvidar el sentido del movimiento y la ligereza de Botticelli.


Ni dejar de lado tampoco la plasticidad de Van Veyden.


Séptimo arte que no descansó tras su establecimiento, ni se cansó de integrar infatigablemente en su seno las finas artes previas, el cine no podía resistirse a plasmar esta página crucial de nuestra cultura.

De entrada, lo hemos visto en la imagen que sirve de cabecera al presente post (o quizá fuese más preciso darle el nombre de «paso»), correspondiente a la promoción del film Gigante (Giant, 1956), dirigido por George Stevens.

A propósito de cruces, jamás ha sido mostrado a Jesucristo de bruces con tanto realismo como en La pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2004), título dirigido por Mel Gibson. Tras la exitosa Braveheart (1995), con esta obra sobre el calvario de Jesús, el director y actor australiano (si bien nacido en Nueva York), dio en el clavo.



Una producción más reciente centrada en este tema es El molino y la cruz (Mlyn I Krzyz-The Mill and the Cross, 2011), extraordinario y bellísimo fresco cinematográfico realizado por el director polaco Lech Majewski.




Si reparamos ahora en las imágenes de la Piedad, el primer mandamiento de la memoria nos lleva a la Pietà de Miguel Ángel. No podía dejar de ser trasladada a las películas tan poderosa estampa.


He aquí unas muestras.

Topaz (1969), película dirigida por Alfred Hitchcock.


Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972), cinta dirigida por Ingmar Bergman.


La última tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ, 1988), film dirigido por Martin Scorsese.


En cuanto al cine español, me viene a la mente una dura imagen incluida en una producción no menos cruda, Mater amatísima, dirigida por José Antonio Salgot, con guión de Bigas Luna e interpretada por una muy joven Victoria Abril.