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lunes, 25 de junio de 2012

LA DAMA MISTERIOSA (1928)




Título original: The Mysterious Lady
Año: 1928
Duración: 89 minutos
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Fred Niblo
Guión: Bess Meredyth, basado en la novela de Ludwig Wolff
Música: William Axt; versión de Vivek Maddala (2002)
Fotografía: William H. Daniels
Reparto: Greta Garbo, Conrad Nagel, Gustav von Seyffertitz, Albert Pollet, Edward Connelly, Richard Alexander, Symona Boniface, Nicholai Konovaloff, William H. O'Brien, Russ Powell
Producción: MGM

A ver, a ver, mucho hablar de mujeres de armas tomar, de los hermanos Marx y de ojos negros italo-rusos, que si patatín y que si patatán, pero en Cinema Genovés, que es un sitio muy serio, nos hemos olvidado demasiado tiempo del cine silente. Y a esto hay que ponerle remedio de inmediato. Ahora mismo, sin ir más lejos, sin más demoras. Y ni una palabra más…

Les traigo hoy una película emblemática del llamado «cine mudo», La dama misteriosa (The Mysterious Lady, 1928), dirigida por Fred Niblo e interpretada, al frente del reparto, por Greta Garbo y Conrad Nagel. Tres nombres directamente vinculados con el arte de hacer cine sin palabras habladas, sólo con la fuerza de la imagen y la interpretación, con una buena partitura musical y, si alguno pierde el desarrollo la trama, con unos sucintos intertítulos, para mi gusto, no pocas veces prescindibles.


Fred Niblo (cuyo auténtico nombre es Frederick Liedtke) fue productor y director, conocido principalmente por sus producciones en el periodo silente y en el género de aventuras. Con Douglas Fairbanks rueda dos auténticos clásicos: La marca del Zorro (The Mark of Zorro, 1920) y Los tres mosqueteros (The Three Musketeers, 1921). Filma, asimismo, dos films basados en sendas novelas del novelista español Vicente Blasco Ibáñez: Sangre y arena (Blood and Sand, 1922), con Rodolfo Valentino y La tierra de todos (The Temptress, 1926), con Greta Garbo. Aunque, tal vez, su título más célebre sea Ben-Hur (1925), primera versión de la novela homónima de Lewis Wallace y protagonizada por Ramón Novarro.


Junto con el maestro Clarence Brown, Niblo fue el cineasta que mejor supo dirigir a Greta Garbo. Además del film ya citado — La tierra de todos (The Temptress, 1926)—, la Divina interviene en otro importante título del realizador nacido en Nebraska, La dama misteriosa (The Mysterious Lady, 1928), que en buena medida puede considerarse precursor de Mata Hari, film sonoro dirigido por George Fitzmaurice en 1931, al estar relacionadas ambas cintas por un común denominador argumental de base: el espionaje. La Garbo jamás ha estado, a mi juicio, tan convincente, tan sensual, tan arrebatadora, como en esta película. Fotografiada con primor por William H. Daniels y vestida con unas sedas de fantasía por Gilbert Clark, Greta Garbo está, sencillamente, divina…




El arranque del film es prodigioso. Estamos en la Viena de principios del siglo XX, a las puertas del gran teatro de la ópera. El capitán del Ejército, Karl von Raden (Conrad Nagel) se presenta con un amigo en la taquilla poco antes de comenzar la función, con tan mala suerte de que no encuentran entradas libres. En cartel, Tosca de Puccini. Mientras ambos oficiales deliberan acerca de cómo pasar la velada, sorpresivamente (aunque, como luego averiguaremos, no casualmente), un oscuro personaje devuelve un ticket, lo cual le permite ser adquirido por Von Raden. 

En el asiento del palco encuentra a una misteriosa dama que le fascina. Nos es presentada de espaldas, con el brazo extendido sobre el pretil. Sentándose sigilosamente detrás de ella, ahora vemos cómo el joven oficial va descubriendo poco a poco, ora el perfil, ora el esplendor, de un rostro glorioso. Es Tania Fedorova (Greta Garbo).



Tanto en la entrada como en la salida del espectáculo, en el interior o en el exterior del teatro, Niblo mueve a los figurantes de tal manera que siempre hay algún personaje estático, lo que otorga a las imágenes un dinamismo y una tensión dramática de gran efectividad. Tania Fedorova, sola y desconcertada, espera un taxi mientras la ciudad gira a su alrededor. Von Raden vuelve a encontrarla. Galante y hechizado se ofrece a llevarla a su casa. El personaje del capitán, tímido y apocado, encuentra en Conrad Nagel al actor idóneo. No es un conquistador, como John Gilbert o Fredric March. De manera que es conquistado.







Viven felices horas de amor, en la alcoba y en el campo; escenas todas ellas rodadas con exquisito gusto por Niblo. Mas, deben separarse, deshacer el abrazo de Eros. Tania dice marchar a Rusia. Von Raden sale para Berlín en una misión secreta (desgraciadamente para él, quizás no demasiado secreta). Antes de partir, en el andén de la estación, el tío del capitán —y miembro del Gobierno— le informa que han descubierto la verdadera personalidad de la misteriosa dama. En el tren que lo conduce a la capital de Alemania, la espía (menos misteriosa, pero igualmente hechicera) engaña de nuevo al consternado joven, robándole la cartera que contiene la documentación reservada, la cual entrega a sus jefes en Moscú.







A la vista de la falta cometida, el capitán es degradado públicamente. He aquí otro de los momentos más logrados del film. A continuación, se inicia una etapa de expiación del joven ex oficial. Se emplea como pianista en lugares públicos y fiestas privadas. En una de estas últimas, el eterno retorno en forma de la diosa Tania Fedorova se manifiesta. Reconciliación.


El amor vence a la política y al espionaje. Como debe ser. En una trepidante fuga, logran recuperar los documentos que sirvan para limpiar el honor (y recuperar el empleo en la oficialidad) de Von Raden, y escapar de Rusia. De vuelta a Austria, bajo una fuerte nevada, ahora ya no visten para ir a la ópera. Tania/Greta se nos antoja una campesina. 


 Aunque, sigue estando divina...






lunes, 18 de junio de 2012

OJOS NEGROS (1987)


Título: Oci ciornie
Año: 1987
Duración: 118 minutos
Nacionalidad: Italia
Director: Nikita Mikhalkov
Guión: Alexander Adabachian, Suso Cecchi d'Amico, Nikita Mikhalkov (basado en cuentos de Anton Chejov)
Música: Francis Lai
Fotografía: Franco di Giacomo
Reparto: Marcello Mastroianni, Silvana Mangano, Marthe Keller, Yelena Safonova, Pina Cei, Vsevolod Larionov
Productora: Excelsior Film TV / RAI Uno


¿Qué tienen esencialmente en común el cine italiano y el ruso? Pues, uno diría —así, a bote pronto— que las inherentes a la industria y al oficio cinematográfico, y poco más. A menos que algún sesudo crítico me descubra el mediterráneo que baña y aclara tamaño asunto teórico-práctico. ¿Y qué decir de las diferencias existentes entre la cultura, la sensibilidad y la concepción del mundo en el país mediterráneo y en el inmenso territorio euroasiático? Pues eso, que son inmensas. Entre un latino y un eslavo, se mire como se mire, hay bastantes kilómetros de distancia.

Es por esto que concebir un proyecto cinematográfico, como Ojos negros, basado en cuentos del escritor ruso Anton Chejov, un film ambientado buena parte del mismo en territorio ruso (escenarios reales), bajo una producción italiana, puede generar cierto escepticismo en cuanto a los resultados. Pues bien, digámoslo ya: disipen ustedes cualquier duda o prevención, porque Oci ciornie es que una obra excepcional, un hermosísimo film que a mí, personalmente, me encanta.


No se trata de una co-producción ítalo-rusa (en 1987, Rusia todavía pertenecía a la Unión Soviética), lo que no hubiese beneficiado, a mi juicio, el resultado. Pudo optarse, sin eslavos inconvenientes, por el género de la comedia para vehicular la historia. Porque en la comedia, los italianos son unos maestros indiscutibles; más convincentes que los rusos, me parece a mí. No obstante, fue un gran acierto haber contratado a un director ruso, de estilo tan minucioso y depurado como Nikita Mikhalkov, para dirigir el proyecto. Un realizador preciso y controlado a la hora de rodar secuencias de interiores, pero no menos inspirado y bien dotado para recoger con su mirada azul el alma de las ciudades y la estepa rusas.


Otro gran acierto del film es el reparto. Y, por encima de todo y de todos (über alles…), brilla con luz propia Marcello Mastroianni, que está —¿cómo decirlo en una sola palabra?— colosal. Perfectamente acompañado por Silvana Mangano y Marthe Keller. Por lo que respecta a Yelena Safonova (Anna, la dama rusa del perrito) cumple bastante bien su papel, sabiendo Mikhalkov qué y cuánto protagonismo concederle en la cinta. Primero, por las propias posibilidades interpretativas de la actriz, y, segundo, porque la fuerza y el atractivo del personaje que interpreta residen más en sus evocaciones que en sus presencias, en sus apariciones que en sus manifestaciones.

La estructura del guión es impecable, asumiendo con valentía y destreza el siempre difícil recurso estructural de un largo flashback como hilo conductor de la narración. El pulso de la dirección es contenido y justo, punteado con insertos y saltos al presente más que correctos, rigurosos.
  

Pavel (Vsevolod Larionov), hombre maduro y apocado, pasajero en un crucero de luna de miel, deja a su mujer descansando en una hamaca de la cubierta del barco, y se introduce en el restaurante para tomar un refrigerio. El camarero le informa que todavía hay que esperar unas dos horas para abrir y servir el almuerzo; el tiempo justo que precisa Mikhalkov para narrar la historia. Un taciturno compañero de viaje, Romano Patroni (Marcello Mastroianni), quien ocupa una de las mesas, invita al sofocado caballero a sentarse a su lado y compartir un refresco. Tras las presentaciones, Romano descubre que Pavel es ruso. De pronto, algo se agita —aviva y despierta— en el corazón del atribulado individuo. Rememora su vida y ello le anima a contársela al recién llegado. La interpretación de Mastroianni es tan perfecta, que la convulsiva y regocijante reacción de Romano al evocar Rusia nos ofrece, en unos segundos, el cariz y el carácter del personaje: inmaduro y bufón, tierno y sentimental, flotante e inconstante; un tarambana, en fin.



Pronto, este Casanova en decadencia, este arquitecto de un solo proyecto, este hombre ingenuo y ocioso, casado con Elisa (Silvana Mangano), elegante dama de la alta sociedad, este seductor de opereta, en fin, se enamora en un balneario de una misteriosa dama acompañada de un perrito; todo lo enamorado que puede estarlo un tipo ligero y caprichoso, simple y juguetón, aunque encantador, como Romano. La dama del perrito ha aprendido el italiano escuchando ópera. Romano aprende lento en las cosas del saber, pero es ágil en las cosas del querer. Consigue recordar en pocos segundos la palabra rusa Sabatchka, como llaman al perrito, talismán y nombre clave para no perder el rastro de la misteriosa mujer rusa. 


Tina (Marthe Keller), amante de Romano, lanza sus redes sobre el maduro galán enamorado. Pero Romano sólo tiene ojos negros para la dama de blanco con perrito. La corteja y contenta de mil maneras, pero ésta, súbitamente, desaparece, dejando una carta de despedida.



Romano se escuda en un presunto viaje de negocios para desplazarse a Rusia tras la estela enamorada. A fin de entrar en los círculos de la alta sociedad y así, con suerte, encontrar a la joven, intenta venderles a las autoridades locales un cristal irrompible. Las situaciones creadas alrededor de esta argucia son tan extravagantes como hilarantes. Finalmente, logra su objetivo y topa con la estrella luminosa que le ha hechizado tan profundamente. Anna, mujer casada, sortea la acometida del tenaz pretendiente como mejor puede. También Romano es hombre casado. Pero, no hay problema. Retorna a Italia, consigue el divorcio y volverá a Rusia a los brazos de la amada dama.


La marcha de Rusia por parte de Romano está filmada por Mikhalkov con emotiva pulcritud y una gran belleza. Al alba, montado en un carro que lo traslada a la estación de ferrocarril, Romano se queda dormido. En sueños, vuelve a su mente la nana que le contaba la mamma para dormirse, cuando era sólo un niño… Pero, otra música, las alegres melodías danzantes de los gitanos, solapándose con aquélla, le despierta:

— ¡Gitanos! ¡Soy yo, Romano! ¿Os acordáis? ¡Romano! ¡Gitanos! ¡Me voy, pero volveré pronto! ¡Esperadme!

Vuelta a la realidad. Vuelta a Italia. Vuelta al principio. No desvelaré el final, en consideración a quienes no hayan visionado la película. Sí añadiré tan sólo que, tras el relato de Romano, Pavel se siente incitado a confesarse. Hace siete años encontré, nos dice, a una reservada dama que había sido desgraciada en su matrimonio. Vivía entonces con su tía, dicen que esperando a alguien… Le pedí matrimonio, varias veces. Me rechazó. Lo sé, soy una nulidad, viejo, feo y tímido. Me dijo que no me quería, no dejaba de llorar, aunque, finamente, aceptó. Y yo acepté a mi vez aquella humillación, porque la adoro.

La misteriosa dama de blanco, oteando el horizonte, sigue esperando en la cubierta del barco.



lunes, 11 de junio de 2012

EDWARD HOPPER: CINE, TEATRO Y ESPECTÁCULO



Coincidiendo con la la exposición antológica sobre la obra gráfica del pintor Edward Hopper (Nyack, 22 de julio de 1882 - Nueva York, 15 de Mayo de 1967), que tendrá lugar del 12 de junio al 16 de septiembre de 2012 en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, dedicamos esta semana la entrada de Cinema Genovés a este soberbio artista cuya producción tanta relación tiene con el cine, el teatro y el espectáculo. Para quien pueda interesarle, sépase que nuestro blog hermano, Los viajes de Genovés, propone estos días, por su parte, un recorrido visual por algunos de los trabajos más representativos del Hopper vinculado al tema viajero, en el que encontramos obras no menos célebres y emblemáticas.

No vamos a glosar aquí y ahora la importancia en la historia del arte del gran retratista de soledades y claridades; de miradas y perspectivas; de luces y sombras; de horizontes lejanos y habitaciones angostas; de vidas oscuras y melancolía; de fuertes contrastes, recogidos, eso sí, con colores limpios y puros. Tampoco nos proponemos disertar sobre la viva relación del arte de Hopper y el cine. El lector animado a indagar puedo hallar en variados lugares abundante material que trata sobre ambos asuntos, y con mayor fondo y forma del que pudiéramos ofrecer en este espacio. 

En cualquier caso, por si alguno no sabe exactamente de qué estamos hablando, basten estas tres referencias cruzadas (montaje paralelo) para entrar en situación.

Nighthawks, 1942

 Forajidos (The Killers, 1946 - Robert Siodmak)

 House by the Railroad, 1925

 Psicosis (Psycho, 1960 - Alfred Hitchcock)

Queensborough Bridge, 1913

 Manhattan (Manhattan, 1979 - Woody Allen)

¿Ya hemos refrescado la memoria a los menos familiarizados con las pinturas hopperianas? ¿O a quienes pueden haber llegado a confundir a Dennis Hopper... con Edward Hopper? Les dejo a continuación, entonces, con varias muestras de gran mérito en la producción artística de Edward Hooper, justamente allí donde los espacios del cine, del teatro y el espectáculo son protagonistas. Disfruténlas. Y recuerden que en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid pueden admirar algunas de estas pinturas en directo.

 Solitary Figure in a Theatre, 1904

Dos en el patio de butacas, 1927

 The Circle Theatre, 1936

 Sheridan Theatre, 1937

 New York Movie, 1939

 Girlie Show, 1941

First Row Orchestra, 1951

Intermission, 1963



lunes, 4 de junio de 2012

MUJERES DE ARMAS TOMAR


Iniciamos hoy la entrada (valga la redundancia) de Cinema Genovés, citando no un diálogo de cine, sino de la zarzuela. Para que no digan que nos repetimos y siempre pensamos en lo mismo… Pertenece a la obra La Verbena de La Paloma, pero por motivos que el lector descubrirá de inmediato, perfectamente podría corresponder a La Revoltosa

He aquí la conversación en cuestión (cántese a viva voz).

Sebastián: Pues el agua de Loeches es un bálsamo eficaz.

Hilarión: Hoy la ciencia lo registra como muy perjudicial.

Sebastián: Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad.

Hilarión: ¡Es una brutalidad!

Sebastián: ¡Es una bestialidad!


Del agua de Loeches no es, sin embargo, de lo que vamos a platicar aquí. Tampoco de las ciencias. En esta ocasión, el protagonismo se lo concedemos a las mujeres de armas tomar. En el cine y fuera del cine.

La era contemporánea es la era de la mujer. O al menos lo era. Según sostiene un sector representativo del movimiento de liberación de la mujer, las féminas tienen derecho a votar, igual que los varones. Y no sólo a votar, sino a todo lo demás. De este modo, casi inevitable, el avance de las iniciativas liberadoras tuvo desde el principio una perspectiva mimética. Para los sectores, dicen, más radicales del movimiento, el plan consistía en ponerse en el lugar del hombre… En ponerse los pantalones. En ser iguales. En no ser menos que ellos. Que nosotros, quiero decir.


Sin embargo, este objetivo condujo a que las damas, a veces, rivalizasen entre sí.



Y, ay, de aquellos que se negasen a aceptar el nuevo rumbo de los tiempos.



Aunque, bien es verdad, el tema parece venir de antiguo…


En fin, los tiempos cambian que es una barbaridad.

Pero, hablemos de cine. O, mejor todavía, vayamos al cine. Desde la perspectiva del séptimo arte —aunque no sólo desde ésta—, la mujer ha visto crecer su influencia frente al hombre, el cual sin remedio se ha rendido a sus pies. A ver, a ver, quién dirige a quién...



Jeanne Eagels en The Letter (1929)

Joan Crawford en Our Blushing Brides (1930)

Bette Davis en la nueva versión de La carta (The Letter, 1940)

 Jane Greer en Out of the Past (1947)

Shelley Winters

Peggy Cummins en Gun Crazy (1950)

Gloria Ghahane en Big Heat (1953)

Monica Vitti en La ragazza con la pistola (1968)

Rachel Welch (hace falta añadir algo más...)

Scarlett Johanson en la segunta parte de Iron Man

Angeline Jolie en... forma

En algunas ocasiones, las armas de mujer no son demasiado peligrosas. Sea como fuere, cuidado, amigos, con las mujeres...


Y esto es todo, amigas. ¿Os ha gustado el reportaje...?


¡Es una brutalidad...! ¡Es una bestialidad!